Zverev rompe su maldición en París y celebra su primer Grand Slam: “Pase lo que pase, ahora siempre seré un campeón”

Imagen gracias a: El País (América)

Zverev rompe su maldición en París y celebra su primer Grand Slam: “Pase lo que pase, ahora siempre seré un campeón”

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Alexander Zverev vivió hace un año una crisis profunda que fue más allá de los resultados. Tras un camino marcado por dudas, episodios polémicos y finales frustradas, el alemán cerró un triunfo exigente ante Flavio Cobolli en París y borró el estigma que lo acompañaba.

Hace poco más de un año, Alexander Zverev atravesó uno de los momentos más críticos de su carrera. Tras caer en la primera ronda de Wimbledon, el alemán hizo una confesión pública sobre una crisis que no se limitaba al plano deportivo, sino que también alcanzaba lo existencial. “A veces me siento muy solo ahí fuera, en la pista, sufriendo mentalmente; tratando de encontrar el camino para salir del agujero”. “No sé, en general, me siento solo en la vida. Muy, muy, muy solo…”, expresó entonces.

Ese proceso de desgaste personal y búsqueda de redención encontró su punto de giro en París, donde este domingo culminó con un triunfo ante el italiano Flavio Cobolli en un partido de gran exigencia: 6-1, 4-6, 6-4, 6-7(5) y 6-1, tras 4h 16m. Con el título en el bolsillo, Zverev celebró la liberación de una etiqueta que lo perseguía desde hacía tiempo y aseguró: “Ahora, ya nadie me podrá quitar esto”. Además, amplió el mensaje con un tono marcadamente liberador: “Ahora, pase lo que pase, siempre seré campeón de un Grand Slam. La próxima vez que juegue una final, mi mente quizá esté más tranquila porque incluso si la pierdo, seguiré siendo campeón de un Grand Slam. Este trofeo es realmente importante para mí”.

El recorrido de Zverev había estado lleno de promesas desde muy joven. Desde su etapa como júnior, su irrupción en el circuito, con su melena rubia y su físico, lo colocó durante más de una década como posible sucesor de los grandes nombres. En esa narrativa también pesó el legado de Boris Becker, el alemán que conquistó Wimbledon con solo 17 años, tocó la cima con 23 y ganó seis Grand Slam (49 títulos en total) antes de retirarse. Durante años, el tenis alemán buscó un nuevo ganador y, con su llegada, apareció Zverev: un jugador joven, delgado, con un estilo seguro y un discurso ambicioso. “Si juego mi tenis, puedo ganarle a cualquiera”.

Los resultados llegaron en forma de victorias ante Djokovic, Nadal y Federer —al serbio lo venció en el primer cara a cara— y también en forma de trofeos: Masters 1000, Copa de Maestros y el oro olímpico. Sin embargo, el gran reproche era claro: pese a su calidad, no había logrado conquistar un grande. Se le señalaba como un triunfador a medias, incapaz de imponerse ante los rivales más fuertes cuando la presión era máxima, además de sufrir contra sí mismo y contra la sombra de Becker. En ese debate se escucharon frases como “Es un niño problemático” y respuestas como “Solo busca atención…”.

Zverev, nacido en Hamburgo y con familia procedente de Rusia, tampoco tuvo una relación especialmente fluida con la prensa alemana, que a menudo cuestionó su identidad. En 2019, dejó claro su posicionamiento: “Soy alemán, cien por cien… No hay nada de ruso en mí. Siempre me he sentido alemán: fui a una escuela alemana, mis amigos son alemanes y nunca he socializado demasiado con rusos. Para mí, todo es alemán”. En ese mismo encuentro mencionó que era “fuego” y que a veces debían “parar un poco” su deseo de ganar. Un año después, se saltó la normativa anticovid al asistir a una fiesta clandestina en Montecarlo, quedando grabado.

Más adelante, dos acusaciones de maltrato a dos exparejas ensombrecieron su reputación. La primera fue investigada por la ATP entre 2021 y 2023, pero “a falta de pruebas fiables” no terminó en tribunales. La segunda, hace dos años, se archivó tras un acuerdo de pago de 200.000 euros antes del juicio que iba a celebrarse en Berlín. Tras cerrar ese episodio, el siguiente curso trajo un nuevo golpe en forma de derrota ante Jannik Sinner en el desenlace del Open de Australia. Fue la tercera gran final que perdió: US Open de 2020 (contra Dominic Thiem) y Roland Garros 2024 (ante Alcaraz) se sumaban a ese historial. Luego, tras la revelación de Wimbledon, Zverev buscó respuestas durante el verano con el método de Nadal y con el consejo de su tío Toni, quien le asesoró durante un par de semanas en Manacor, aunque el alemán rechazó dirigirle.

En esta temporada, el inicio fue complicado: cuatro derrotas contra Sinner y otra ante Alcaraz, todas en etapas avanzadas. Aun así, antes de llegar al Bois de Boulogne, su rendimiento fue sólido: alcanzó las semifinales en Montecarlo y Múnich, llegó a la final en la Caja Mágica de Madrid y alcanzó los cuartos en Roma. Con Alcaraz ausente en el grande francés y después de las caídas posteriores del italiano y Djokovic, el escenario se alineó para que Zverev pudiera dar el salto definitivo. En su análisis, sostuvo: “Si alguien piensa que soy el peor jugador que ha ganado un grande, ahora mismo me da exactamente igual; lo importante es que lo he conseguido. Creo que este es un trofeo muy valioso para Alemania; ningún jugador de mi país había ganado en la categoría masculina de Roland Garros”. También añadió que tras las sorpresas del cuadro gestionó el tramo final con calma: “después de todas las sorpresas en el cuadro, creo que he gestionado muy bien las dos últimas semanas, manteniendo la calma”.

Con el triunfo ante Cobolli, Zverev se convirtió en el quinto tenista más veterano en ganar un Grand Slam, detrás de Andrés Gimeno (34), Andrés Gómez (30), Petr Korda (30) y Goran Ivanisevic (29, como él). Además, quedó como el segundo mejor competidor de 2026 según la carrera anual (race) y redujo la diferencia respecto a Alcaraz en el ranking, situándose a 2.770 puntos. “Si hubiera perdido hoy, mi confianza se habría resentido mucho”, señaló el domingo por la noche. “Ahora siento que puedo volver a hacerlo. Quizá esto me dé más libertad. Gané un Masters 1000 muy pronto, con 20 años, y después llegaron muchos más. Por supuesto que quiero ganando más títulos. Espero que mentalmente algo haya cambiado después de esto”, completó.

El éxito del alemán también supone el cierre del dominio más reciente de Sinner y Alcaraz, que habían ganado los nueve últimos grandes a partir de 2024. La gran incógnita ahora es si este título le permitirá consolidarse y superar a los jóvenes principales. Mientras tanto, Djokovic (39) dedicó unas palabras a Zverev: “Sascha, te conozco desde que tenías solo 10 años. Lo has conseguido pese a todas las adversidades que has tenido que superar con tu enfermedad [diabetes] y acallando todas esas voces que decían que jamás lo lograrías. Te lo mereces, sin duda”. Y Zverev respondió antes de encaminarse hacia la hierba: “Siempre creí que lo ganaría; de hecho, nunca me hubiera rendido hasta hacerlo. Me siento realizado como deportista y como tenista. He ganado en todos los niveles y eso es algo de lo que puedo estar muy orgulloso. El tenis sigue, la vida sigue”.

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