Norway Chess: Carlsen vuelve al clásico con desempates inmediatos y mismas bolsas para el torneo femenino

Imagen gracias a: El País (América)

Norway Chess: Carlsen vuelve al clásico con desempates inmediatos y mismas bolsas para el torneo femenino

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El torneo Norway Chess, que se celebra en Oslo tras trece ediciones en Stavanger, mantiene la misma bolsa de premios en la prueba femenina y en la absoluta. En el formato clásico, cada empate se resuelve de inmediato con muerte súbita, en una edición que reúne a Magnus Carlsen, Gukesh y otras jóvenes promesas, además de Wenjun Ju y sus rivales en la categoría femenina.

El Norway Chess completa, en los años pares, los cuatro grandes escenarios del ajedrez junto al Candidatos (que ganó el uzbeko Yavojir Sindárov), el Mundial (Sindárov retará al indio Dommaraju Gukesh) y la Olimpiada de ajedrez. En esta edición, Magnus Carlsen, de 35 años, se enfrenta desde Oslo a Gukesh y a otras jóvenes estrellas en un formato diseñado para evitar los empates sin definición: en cada caso, el empate en la modalidad clásica se resuelve de inmediato con una muerte súbita.

La competición femenina, con gran dominio asiático, cuenta exactamente con los mismos premios que los seis hombres del torneo absoluto. Carlsen había expresado hace un año durante el Norway Chess en Stavanger que el ajedrez clásico le motivaba cada vez menos. Sin embargo, ahora afronta una racha de dos torneos de clásica seguidos: además de su participación en el Norway Chess, viene de ganar el Sigeman en Malmoe, Suecia, hace dos semanas.

En paralelo, el torneo impulsa un triatlón ajedrecístico llamado Total Chess. Se trata de un circuito de torneos que combina varias modalidades: clásica, con una duración media de cuatro horas; rápida, de una hora; y relámpago, de diez minutos. También se incorpora lo que se denomina clásico acelerado, con 45 minutos iniciales por bando y 30 segundos de incremento automático tras cada movimiento.

La evolución del enfoque del noruego se vincula con su visión sobre el ajedrez moderno. El entrenamiento con computadoras potentísimas, que juegan mejor que él, ha aumentado el peso de la preparación casera frente al arte y la improvisación, así como la dimensión deportiva asociada a la emoción y a los apuros de tiempo. En ese contexto, se considera poco probable que una partida con muchos lances iniciales ejecutados de memoria resulte atractiva para el aficionado medio. Acelerar el ritmo busca empujar hacia decisiones de apertura con más riesgo, alejándose de las variantes más analizadas, bajo la idea de que el rival no puede memorizarlo todo ni refutar con suficiente tiempo.

Carlsen tiene además otros motivos para no renegar del ajedrez clásico. En una entrevista en profundidad con EL PAÍS en Dubái (2021), admitió que batir la marca histórica de Gari Kaspárov, con veinte años consecutivos como número uno, es importante para él. También reconoció públicamente que, si no supera esa marca, no debería considerársele el mejor de la historia, y por ello es consciente de que necesita disputar varios torneos clásicos cada año para mantener incuestionable su condición de número uno.

Existe una segunda razón de lógica evidente, aunque no la haya reconocido aún ante un micrófono. Se trata del desgaste que sufre la modalidad freestyle, también conocida como 960 o Fischer Random: la posición de las piezas en la primera fila se sortea 15 minutos antes del inicio de cada partida. Esto obliga a pensar en profundidad desde el primer movimiento porque es imposible memorizar aperturas de 959 posiciones iniciales distintas. Aun así, se percibe que esa modalidad no consigue conquistar masivamente al aficionado medio, ya que muchos jugadores no profesionales no están dispuestos a renunciar al conocimiento acumulado de aperturas durante años de entrenamiento.

Por ello, no es fácil que aparezcan patrocinadores comerciales que sustituyan al mecenas alemán Jan Buettner, muy apoyado por Carlsen y su círculo en la superélite. La idea es que, al ahorrarse miles de horas de análisis con computadoras sobre aperturas, vean la modalidad como un reto intelectual. Aunque Buettner mantenga su torneo freestyle de primavera en su hotel de superlujo de Weissenhaus (Alemania), Carlsen y las demás estrellas necesitan contribuir a la supervivencia y promoción del ajedrez clásico, adaptado al siglo XXI.

En ese marco, Carlsen tiene un interés particular en demostrar en Oslo que es claramente superior a Gukesh. El indio le venció el año pasado con una reacción violenta de Carlsen que se hizo viral. Si el noruego no deja claro que está por encima del indio, que cumplirá 20 años el sábado, recibirá presiones para volver a luchar por el título mundial, al que renunció porque le disgusta dedicar varios meses cada dos años a prepararse intensamente contra un solo rival.

A priori, la exigencia para Carlsen no se presenta como sencilla, ya que Gukesh atraviesa una etapa irregular desde que destronó al chino Liren Ding en el duelo de Singapur de 2024. Su nivel no se pone en duda, pero su rendimiento le ha llevado a bajar hasta el 19º lugar de la lista mundial. El rival más peligroso para Carlsen en Oslo se considera al alemán Vincent Keymer, 6º del mundo con 21 años, especialmente si no acusa el desgaste reciente tras ganar el Grand Chess Tour de Bucarest este sábado.

En el torneo hubo un antecedente relevante dentro del Grand Chess Tour: a mitad de la competición se retiró el francés de origen iraní Alireza Firouzja por una lesión de tobillo que le obligaba a jugar con la pierna en alto. A pesar de que Carlsen lo etiquetó en 2021 como su rival más temible, se describe a Firouzja como inestable e irregular desde entonces, tanto en resultados como en comportamiento, sin señales de que vaya a mostrar un desempeño consistente en Oslo.

Los otros participantes tampoco se perfilan como amenazas por motivos distintos. El indio Rameshbabu Praggnanandhaa, 16º del mundo con 20 años, fue considerado —en especial, por el ruso Vladímir Krámnik, campeón que destronó a Kaspárov en 2000— como el más brillante de los jóvenes astros indios, aunque no termina de consolidarse. El estadounidense Wesley So, 10º del mundo con 32 años, se presenta como un rival duro para cualquiera, pero se señala que casi nunca arriesga.

En el torneo femenino, Wenjun Ju, campeona vigente, afronta el reto de superar a dos jóvenes estrellas emergentes: su compatriota Jiner Zhu, 4ª con 23 años, y la kazaja Bibisara Assaubáyeva, 7ª con 22 años. Assaubáyeva llega como reciente subcampeona del Candidatas, donde ganó la india Rameshbabu Vaishali, ausente en el Norway Chess, y que retará a Ju próximamente. Las otras tres participantes también se consideran peligrosas: la india Humpy Koneru, 6ª con 39 años; la ucrania Anna Muzychuk, 8ª con 36 años y residente en Valencia; y la india Divya Desmuj, 11ª con 20 años, que ha subido mucho en poco tiempo.

La igualdad de premios en el torneo femenino busca contrarrestar una desproporción que se considera difícil de entender: en números redondos, solo una mujer juega al ajedrez —donde la fuerza física no influye— por cada diez hombres. Además, se recuerda que en la actualidad solo hay una mujer entre las 300 mejores del mundo: la china Yifán Hou, casi retirada, en el puesto 223. Lo que hace aún más atractivo el Norway Chess es el sistema de muerte súbita conocido como Armaggedon: cada empate en la modalidad clásica se acompaña de una partida de desempate con diez minutos para las blancas, obligadas a ganar, y siete para las negras, que ganan si el desempate termina en tablas. La victoria en la partida clásica vale tres puntos; en el Armaggedon se otorgan 1,5 para el ganador y 1 para el perdedor, que recibe cero si cae en la partida clásica.

Aunque así se reduzca la posibilidad de empates sin lucha, todavía puede haber igualdades que no generen acción directa. En cualquier caso, los aficionados reciben un desempate inmediato que añade un “boxeo mental” de ritmo muy alto, con capacidad de llegar a dos movimientos por segundo.

Carlsen, por su parte, respondió en su momento a dos preguntas de este periódico. Sobre su relación con las distintas modalidades, indicó que ahora no tiene una prioridad fija: disfruta más de las rápidas, pero intenta hacerlo con todas. En cuanto a la marca de Kaspárov, señaló que cuando se propuso batir otro récord, el de superar los 2.900 puntos Elo, fracasó. Afirmó que intentará ser el “número uno” todo el tiempo que pueda y mantener la estabilidad que comenzó hacia 2013, con el deseo de que dure más años.

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