
Imagen gracias a: El País (América)
España busca su segunda semifinal ante Bélgica y espera a Francia en la siguiente ronda
La selección española, dirigida por Luis de la Fuente, afronta sus sextos cuartos de final con la intención de romper la barrera que tantas veces le ha pesado en el pasado. Tras recuperar juego y solidez, se mide a Bélgica, un rival especialmente vertical, mientras Francia aguarda al ganador.
España llega a sus cuartos de final con una historia cargada de frustraciones: una trayectoria que durante décadas alimentó el relato de la “maldición de los cuartos” y que se explicó, en muchas ocasiones, por motivos externos o por la suerte en los penaltis. Sin embargo, esta vez el contexto es distinto. La Roja, que ha ido recuperando el juego y la autoridad que la habían colocado como favorita al título, juega este sexto partido de cuartos contra Bélgica, con la posibilidad de acceder a la semifinal donde espera Francia.
España ya había vivido experiencias parecidas en el pasado. En 1934, en Italia, el equipo se enfrentó al anfitrión, un torneo encargado por Benito Mussolini con el objetivo de lograr el triunfo. El encuentro acabó 1-1 y terminó con siete futbolistas españoles lesionados. Ricardo Zamora, portero de una selección destacada, se marchó con dos costillas rotas. Al día siguiente se disputó un desempate sin los jugadores caídos, y Italia ganó 1-0. Además, los árbitros anularon dos goles a España: el belga Baert, encargado del primer partido, fue inhabilitado por su federación, mientras que el suizo Mercet, del segundo encuentro, fue expulsado de por vida por la FIFA.
En 1986, después de jugar mejor y dominar, España cayó ante Bélgica en una tanda de penaltis en la que Eloy falló su lanzamiento, el único error de la serie. En 1994, el equipo regresó de EE UU con la imagen de Luis Enrique tras un codazo de Tassotti. El futbolista italiano no pudo participar en la semifinal ni en la final debido a una sanción de ocho partidos impuesta por el comité de disciplina tras el uso del vídeo por primera vez. En paralelo, la FIFA designó para pitar la final al árbitro que no había castigado a Tassotti, el húngaro Sándor Puhl.
Los cuartos de 2002 también dejaron un recuerdo arbitral. Al-Ghandour, egipcio, anuló dos goles legales de España; la prórroga terminó 0-0 y Corea del Sur se impuso en los penaltis.
Borja Iglesias, de 33 años, el más veterano del grupo y de los pocos con memoria directa de aquel contexto, reflexionó antes del último entrenamiento: “Me acuerdo de cuando era más joven y veía esa situación. Desde fuera parece que hay una maldición. Luego la realidad es que, analizándolo, hay detalles que a veces caen hacia tu lado y otros no, y tampoco hay tanta distancia, ni tanta diferencia en cómo te preparas para ellos”.
España tardó 76 años en enderezar el camino que había comenzado a torcerse desde la etapa de Mussolini. Fue en 2010, en Sudáfrica, ante Paraguay, en una noche marcada por la tensión: cada equipo falló un penalti y Villa marcó en el 83. Pedro remató al palo, el asturiano aprovechó el rechace y su disparo golpeó ambos postes antes de entrar, abriendo el camino a la semifinal y a la final con su estrella.
La España de Luis de la Fuente se parece más a la triunfante de Del Bosque que a la versión quejosa de épocas anteriores. Tras las dudas del estreno contra Cabo Verde (0-0), la Roja ha recuperado su faceta más dominante: no hay equipo en el torneo que permita menos al rival, y además es el único que no ha recibido un solo gol. Es un bloque capaz de desdibujar las virtudes de los contrarios, estrangulando el juego e imponiendo el ritmo de Rodri, con el apoyo del picante de las bandas.
Enfrente estará Bélgica, como en 1986, el equipo más vertical del campeonato. Es el que más pases completa en los últimos metros del campo contrario: 12 por partido, el doble de la media. También es la selección que avanzó gracias al gol más tardío de la historia de los Mundiales: Tielemans anotó el 3-2 contra Senegal en el minuto 125 de los dieciseisavos.
De cara a estos cuartos, Borja Iglesias insistió: “Es muy complicado ganar siempre. Es muy importante darle valor y disfrutarlo. Tengo muchas ganas de estos cuartos”. Ahora, España se sitúa en la frontera del territorio esquivo de las semifinales, un lugar donde solo ha pisado una vez, y donde espera Francia.
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