
Imagen gracias a: El País (América)
Courtois, el último gran referente de una Bélgica marcada por el oro y las tensiones
El portero del Real Madrid representa la recta final de una camada que alcanzó el tercer puesto en Rusia 2018 y que, con el paso de los años, ha convivido con conflictos internos.
Al fútbol le resulta habitual poner etiquetas grandilocuentes a los equipos que marcan una época. Una de las más repetidas es la de “generación de oro”. La primera, y quizá la más recordada, fue la de los Magiares Mágicos de Hungría en 1954, un rótulo que suele aparecer en selecciones con menos brillo sostenido y, por lo tanto, con un flujo de estrellas menos inagotable. Brasil, en cambio, no necesitó esa denominación: si se le asignara alguna, habría tantas generaciones de oro que sería injusto quedarse solo con la de 1970. Algo parecido ocurre con España, donde nadie discute el legado de Casillas, Xavi y compañía, aunque apenas una década después ya asoma otra camada con Lamine Yamal como estandarte, dispuesta a desbancarla o, al menos, a compartir su lugar.
Bélgica, en sentido contrario, transita el lento final de un grupo tan brillante como conflictivo. Ese recorrido se ha extendido hasta el torneo en Estados Unidos, México y Canadá, y uno de sus últimos grandes referentes, Thibaut Courtois, lo resume desde la perspectiva de quien ha visto el cambio de ciclo.
“Estamos felices de llegar a un partido de alto nivel, de estar en los últimos ocho. Creo que es bonito para nosotros como país porque tampoco somos ya la generación dorada de 2018, pero sí tenemos un buen equipo. Contra Senegal y Estados Unidos lo hemos demostrado”, afirmó Courtois. Junto a Lukaku y De Bruyne, forma parte de los últimos grandes exponentes de una camada que se metió entre las tres mejores selecciones del mundo en Rusia 2018. En aquel momento, el equipo era dirigido por el español Roberto Martínez.
Con el paso del tiempo, Courtois ha quedado más aislado dentro del grupo: Lukaku y De Bruyne arrancan los duelos, si los inician, desde el banquillo, mientras que Martínez pasó de Bélgica a Portugal. “Esta generación va a inspirar durante los próximos 20 años. Gracias a su progreso hemos creado instalaciones de vanguardia para las próximas generaciones. Deja un legado”, destacó en su momento el preparador español, hoy en el paro, tras separarse de la selección lusa después de la derrota en octavos de final ante España.
El legado del que hablaba Roberto Martínez estaba ligado al mismo que la generación de 2018 había heredado de la de 1986. Aquel equipo, liderado por un joven Enzo Scifo de apenas 20 años, cayó en semifinales ante la Argentina de Diego Maradona. Hoy, esa herencia la sostienen Tielemans (29), Trossard (31), Openda (26) y Theate (26), mientras que a su sombra crecen Doku (24), De Ketelaere (25) y Debast (22).
Sin embargo, además del legado futbolístico, está el de los conflictos. En la remontada ante Senegal, Tielemans y Trossard protagonizaron una acalorada discusión pública durante la pausa de hidratación. “Lukaku intentó calmarlos, pero me gusta. Significa que tenemos un equipo con carácter... Querían ganar desesperadamente”, justificó Rudi García, entrenador belga.
La pelea volvió a activar viejos fantasmas. Bélgica llegó al pasado Mundial de Catar con tensiones acumuladas desde antes. La derrota ante Marruecos en la segunda jornada de la fase de grupos destapó un ambiente cargado. El diario deportivo francés L’Équipe publicó que Kevin De Bruyne, Eden Hazard y Jan Vertonghen protagonizaron una fuerte discusión en el vestuario, que Lukaku tuvo que frenar. Roberto Martínez respondió con dureza al conocer el impacto de la noticia: “Hay más interés en encontrar noticias negativas sobre este equipo que en apoyar a la mejor generación de futbolistas de la historia del país”, defendió entonces el seleccionador. Al final, Bélgica no logró clasificarse para los octavos de final.
Del tercer puesto en Rusia 2018 a la eliminación con ruido interno en la fase de grupos de 2022. Pero el conflicto siempre estuvo latente en Bélgica: esta generación se construyó bajo el silencio de dos de sus máximos referentes. Courtois y De Bruyne apenas se dirigían la palabra desde el triángulo amoroso que los enfrentó en 2013. “Le pregunté a Kevin si quería que Courtois se fuera y me dijo que no”, confesó después Marc Wilmots, entrenador de Bélgica en el Mundial de Brasil 2014. En aquella ocasión, Bélgica perdió ante Argentina en cuartos de final.
Doce años después, en Estados Unidos, México y Canadá, Courtois sigue esquivando los conflictos, y también lo hace su selección. “La gente ha tenido un poco de equivocación con nosotros. Hemos visto que Egipto también es un rival duro, el segundo partido contra Irán no jugamos mal, es fácil decir que no hay ritmo. El tercer partido lo llevamos bien y los otros dos han sido más abiertos”, reivindicó el portero del Madrid. En ese escenario, no lleva el brazalete; tampoco lo tienen De Bruyne ni Lukaku.
“Tielemans genera unanimidad en el grupo. Es el vínculo entre la gran generación y los más jóvenes”, explicó Rudi García. Entre él y Trossard, con alguna pelea de por medio, lideraron a Bélgica hasta los cuartos de final. Trossard, además, fue el jugador que más ocasiones generó en el cruce de octavos frente a Estados Unidos: 17.
De cara al enfrentamiento contra España, Courtois dejó clara la lectura del duelo: “Frente a España será un partido especial, difícil para nosotros. Ellos son favoritos, eso está claro: están jugando bien y todavía no han encajado. Para nosotros será primero intentar hacer un gol y después no encajar. Hay que estar al 100 % o más concentrados para no darles espacios”.
No le incomoda el ruido: Courtois fue el líder de una generación que se forjó entre el conflicto y el oro.
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