
Imagen gracias a: El País (América)
Joseph Weiler denuncia que Gianni Infantino ignoró la independencia y la legalidad en la FIFA
El constitucionalista estadounidense Joseph Weiler, quien se desempeñó como miembro dimisionario de la Comisión de Gobernanza de la FIFA, analiza los motivos de su salida y su lectura sobre el deterioro del sistema de control del fútbol mundial.
El constitucionalista estadounidense Joseph Weiler (Johannesburgo, 1951) fue uno de los seis juristas que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, designó para integrar la primera Comisión de Gobernanza del organismo rector del fútbol mundial. La selección se produjo en 2016, en un contexto de reconstrucción tras la intervención del FBI y una serie de detenciones y dimisiones en los consejos directivos, con el objetivo declarado de reordenar la FIFA bajo criterios de transparencia, legalidad y buen gobierno. Diez años más tarde, Weiler reflexiona en una videoconferencia con periodistas europeos y califica el proceso como un caso de “cambiarlo todo para que nada cambie”.
Pregunta. ¿Cómo entró en la FIFA?
Respuesta. Weiler explica que presidía el Instituto Universitario Europeo en Florencia cuando Infantino lo contactó para reunirse. Según su relato, Infantino le dijo que estaban “cambiando la FIFA” y que crearían un Comité de Gobernanza con personas independientes, incluyendo su participación. El constitucionalista afirma que aceptó debido a su vínculo personal con el fútbol, porque era del Real Madrid. También sostiene que, tras conocer a los demás integrantes del comité, consideró que contaban con credenciales destacadas; sin embargo, un año después, en 2017, todos terminaron fuera. Weiler recuerda que el Financial Times tituló el episodio “La Noche de los Cuchillos Largos” y atribuye su salida a que eran “demasiado independientes”. Señala que se expulsó a Miguel Maduro, presidente del Comité de Gobernanza; a Cornel Borbely, jefe de investigaciones sobre ética; y a Joachim Eckert, juez que dirigía el panel de adjudicaciones.
P. ¿Qué pensó cuando Donald Trump dijo públicamente que había exonerado a Florian Balogun, jugador de Estados Unidos, de cumplir su sanción por roja directa en el Mundial, tal y como ordena el reglamento?
R. Weiler afirma que leyó la declaración de Infantino sobre la decisión relacionada con Balogun. En esa línea, cita el argumento de Infantino: “Respetar las instituciones independientes y el imperio de la ley es lo que protege la integridad de nuestra competición y la credibilidad de la FIFA en todo momento”. El constitucionalista compara esa postura con el ejemplo del coronel Sanders, fundador de Kentucky Fried Chicken, para ilustrar la contradicción que percibe entre el discurso institucional y la práctica.
P. ¿Cómo fue su experiencia?
R. Weiler describe que el Comité de Gobernanza era el comité supremo de la FIFA y que, según su visión, era el único que debía nombrarse por la totalidad de la asamblea. Indica que, al ser designados, se les asignó responsabilidad tanto por la integridad del juego como por la integridad de la gobernanza del fútbol. También sostiene que Infantino habló con los miembros del comité uno a uno y les repitió que su independencia estaría garantizada. A partir de ahí, relata que, un año después, cuatro de los seis miembros presentaron su dimisión. Lo atribuye a dos motivos: que no se respetó su independencia y que tampoco se respetó el imperio de la ley. Menciona a Navi Pillay, comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y reproduce el contenido de su carta de dimisión: “No puedo formar parte de una organización que no respeta sus propias reglas”.
P. ¿Puede darnos algún ejemplo de esa falta de respeto por el imperio de la ley?
R. Weiler señala que en 2017 Rusia propuso a Vitaly Mutko, viceprimer ministro de Putin y ministro de Deportes de Rusia, para que formara parte del Consejo Ejecutivo de la FIFA. De acuerdo con su relato, existe una regla clara que indica que para integrar el Consejo no se puede ser político en activo. Agrega que habían suspendido a Malasia por una situación parecida y que el Comité de Gobernanza debía aprobar todos los nombramientos del Consejo. Según su versión, en el caso de Mutko la decisión se tomó en menos de diez minutos y consistió en no aprobarlo. Sin embargo, afirma que el comité fue sometido a presión mediante cartas, llamadas y encuentros personales, con el argumento de que “arruinarán el Mundial de Rusia si no aceptan a Mutko”. Para Weiler, eso fue lo opuesto a respetar la independencia del comité y la aplicación del reglamento. Como consecuencia, en la siguiente asamblea de la FIFA en Baréin no renovaron al presidente del Comité de Gobernanza, con el argumento de que buscaban “diversidad”. Weiler remarca que Miguel Maduro, portugués, hombre blanco de 45 años, fue reemplazado por un hombre finlandés de 65 años.
P. ¿Cómo definiría jurídicamente a la FIFA?
R. Weiler considera que el punto esencial es la naturaleza jurídica de la FIFA. Señala que la FIFA organiza campeonatos mundiales, y sostiene que mucha gente cree que es una organización internacional comparable a la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial del Comercio o la ONU, pero afirma que no lo es. En su explicación, la FIFA es una organización privada, como Mercedes-Benz, General Motors o Siemens, registrada en Suiza con una supervisión laxa. Añade que, a diferencia de otros sectores, no existen compañías en una posición equivalente, lo que le da a la FIFA un monopolio total: Mercedes compite con Toyota y General Motors, mientras que, según Weiler, la FIFA no compite con nadie. También indica que, históricamente, federaciones nacionales y confederaciones continentales financiaban a la FIFA y ejercían cierto control. En cambio, para este ciclo mundialista, sostiene que la FIFA ingresó 13.000 millones de dólares, un 70% más que en el ciclo anterior del Mundial de Qatar, y afirma que hoy la FIFA financia a las confederaciones y a las federaciones.
P. ¿Qué consecuencia se desprende de esta realidad jurídica única?
R. Weiler sostiene que, por esa condición, la FIFA está fuera del imperio de la ley. Afirma que no tiene un órgano externo de control y que se controla a sí misma. También agrega que, cuando no les gusta una regla, la cambian. Como ejemplo, menciona el whistleblowing, un sistema interno de denuncia de irregularidades, que antes consideraba efectivo para exigir responsabilidades y que luego fue modificado de tal manera que, según su percepción, ahora la gente se asusta y nadie denuncia. Weiler plantea una crítica central: si la persona o institución sometida a la ley puede cambiarla cuando quiera, no puede hablarse de sometimiento real al imperio de la ley. Además, afirma que no existe un organismo externo e independiente que controle a la FIFA. En cuanto al Tribunal de Arbitraje del Deporte, indica que no es una corte y que ninguna decisión del TAD ha criticado la gobernanza de la FIFA.
P. ¿El caso Balogun supone una oportunidad para cambiar el sistema?
R. Weiler afirma que habría sido una oportunidad mayor si Estados Unidos no hubiera sido aplastada por Bélgica y si Balogun hubiera marcado un gol, describiéndolo como un “regalo de Navidad”. Aun así, sostiene que se abre una posibilidad para pedir responsabilidades.
P. ¿Quién puede hacerlo?
R. Weiler sostiene que solo la Unión Europea puede hacerlo. Indica que existen informes muy críticos del Parlamento Europeo contra la UEFA y la FIFA, pero afirma que la Comisión Europea tiene miedo. En su argumentación, señala que el euroescepticismo es mayoritario en la política, mencionando a Marine-Le Pen como posible presidenta de Francia, la división en Polonia, el Brexit y el fortalecimiento de la ultraderecha en Alemania. Según Weiler, la Comisión teme que, si emprenden acciones contra la FIFA y la UEFA por la gestión del fútbol, la opinión pública reaccione con: “¡Ahora también interfieren en nuestro deporte!”. Añade que, por esa dependencia política, los países individualmente no pueden hacer nada, mientras que la UE sí tendría herramientas y poder. Concluye que la UE debería impulsar una investigación seria desde la Dirección General de la Competencia, la Dirección General del Mercado Común y los servicios legales para exigir responsabilidades a la FIFA.
P. ¿Cree que Infantino presionó al Comité de Disciplina para que levantara la sanción a Balogun?
R. Weiler afirma que, en su experiencia, cuando una decisión no le gustó a Infantino, el teléfono no dejó de sonar. Dice que hubo presión para modificar la decisión y que, cuando no ocurrió, el presidente del comité no fue renovado. Sostiene que, si se presiona a la Comisión Europea para iniciar acciones, podría haber un cambio. Para él, ese es el momento para pedir seriamente la dimisión de Infantino. Si se le obliga a dimitir, considera que el caso Balogun se convertiría en un “verdadero regalo”, porque el próximo presidente sabrá que se le exigirán responsabilidades. Weiler plantea dos condiciones: que actúe la UE, ya que es el único organismo con poder sobre la FIFA y la UEFA, y que todas las federaciones de fútbol de Europa pidan la dimisión de Infantino.
P. ¿Qué herramientas tiene la UE para cambiar la FIFA?
R. Weiler señala que la Comisión puede investigar a la FIFA bajo la ley de la Competencia, bajo la ley del Mercado Común y bajo la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la UE, que sostiene que un mal gobierno puede constituir una infracción. Afirma que tienen herramientas y que saben cómo usarlas, aunque la FIFA esté domiciliada en Suiza. También menciona el Principio del Efecto: si hay impacto en Europa, puede abrirse una investigación.
P. ¿La conclusión es que el Fifagate cambió todo para que no cambiara nada?
R. Weiler sostiene que el Fifagate fue un evento aislado y que cambiaron las reglas. Señala que hubo estudios académicos sobre las leyes que regulan las federaciones internacionales deportivas del mundo y afirma que la FIFA tiene el mejor cuerpo reglamentario. Añade que, sobre el papel, hubo un cambio y que él creyó en ese cambio, pero que al año siguiente de incorporarse dimitió al descubrir que era parecido a la constitución de la Unión Soviética. Concluye con la idea de que el libro de leyes es perfecto, pero la administración está podrida.
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