
Imagen gracias a: El País (América)
De la Fuente recurre a Marco Aurelio para gestionar el Mundial
Luis de la Fuente cita 'Meditaciones' en sus comparecencias y aplica ideas del estoicismo de Marco Aurelio para dirigir y mantener la serenidad en la preparación de España de cara a su cita mundialista.
En la víspera de los cuartos de final contra Bélgica, Luis de la Fuente protagonizó un momento distendido en rueda de prensa: un periodista vinculó el penalti fallado por Eloy en 1986 por Dani Olmo con la idea de que resulta tan remoto como Marco Aurelio. El seleccionador tuvo que contener la risa mientras se preparaba para un duelo que representaba una ocasión histórica para clasificar a España para la segunda semifinal mundialista de su historia, y en ese enfoque aparece Marco Aurelio.
De la Fuente afronta el fragor del Mundial apoyándose en las enseñanzas que, desde hace años, extrae de lecturas repetidas de 'Meditaciones', un libro escrito en medio de la guerra. Marco Aurelio, emperador de Roma entre el 160 y el 181 d. C., dedicó los últimos diez años de su vida a reunir reflexiones personales. Según se explica en el texto, las anotaba al retirarse a su tienda después de dirigir operaciones militares contra las tribus germánicas a la orilla del Danubio, y de esos momentos de agotamiento nació la obra conocida hoy como Meditaciones.
El seleccionador ha mencionado en varias ocasiones ese vínculo con el estoicismo. En su comparecencia del ataque de risa, De la Fuente recordó una frase del emperador romano: “lo que es malo para el panal es malo para la abeja”. A partir de ahí, defendió la necesidad de pensar en equipo: “cada uno tenemos que pensar en equipo, en grupo. Y a nosotros nos va bien, porque tenemos muy buenas personas”. También se señala que su lectura inicial fue hace años y que vuelve a ella de forma insistente; su ejemplar, que permanece en Madrid, está muy trabajado, con subrayados y anotaciones en los márgenes.
Esa influencia no se limita a lo que De la Fuente dice en público, sino que también aparece en charlas dirigidas a los futbolistas. David Hernández de la Fuente, catedrático en el Departamento de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid y autor de una de las últimas traducciones del libro, la de la editorial Arpa, describe a Marco Aurelio como “el último gran estoico” y subraya la rareza de la obra. Según Hernández, es “un milagro que lo tengamos”, ya que el libro desaparece cuando él muere y, siete siglos después, en el siglo IX, un obispo bizantino encuentra el manuscrito, lo manda copiar y lo da a conocer.
Hernández añade que el libro es “un no libro”: no fue escrito para ser publicado, sino como un viaje de introspección, a modo de notas íntimas y de auto consuelo, en un sentido que no coincide con el de la autoayuda moderna. Aunque en los últimos años ha ganado popularidad, el catedrático sitúa su expansión en “muchos revivals estoicos”, con un impulso fuerte tras la pandemia. En ese contexto, se presenta el estoicismo como una filosofía sencilla y pragmática que ofrece claves para momentos turbulentos, cuando el mundo se derrumba y aun así hay que darle sentido.
En esa línea, una de las ideas que más se asoma en el discurso de De la Fuente es la importancia de la serenidad. En otra rueda de prensa del Mundial afirmó: “La calma es poder. La tranquilidad es poder”, calificándolo como algo “muy estoico” y relacionándolo con la ataraxia, definida como la falta de turbación del alma.
Esa serenidad se conecta también con la manera de encarar las críticas, habituales en el fútbol. De la Fuente señaló: “Nosotros vivimos al margen de esas valoraciones, de esos análisis”, y añadió que vive “más feliz” y que eso le permite tomar decisiones con tranquilidad. También dijo que no lo necesita y que, si le aportara algo positivo, leería todo, pero “de verdad que no”.
El texto recupera una reflexión atribuida a Marco Aurelio: “Como el que lanza la pelota. ¿Qué bien obtiene la diminuta pelota al elevarse o qué mal al descender o incluso al haber caído?”. Para el emperador, la pelota sigue siendo la misma tanto si está arriba como si cae al fondo. De la Fuente suele insistir en esa idea al centrarse en lo que puede controlar, “que es el fútbol”, evitando referirse a aquello sobre lo que no puede influir. En las Meditaciones se recoge: “Si por alguna causa de las externas de afliges, no es que esto te moleste, sino que más bien lo hace el juicio que te formulas acerca de ello”.
Además del control emocional, el libro también sirve como guía para la preparación ante el choque. Hernández comenta que la obra engancha a empresarios y tecno oligarcas y que, entre deportistas de élite, interesa por “cómo preparase para el choque, para el combate”. En el texto se cita que en la obra se lee: “El arte de la vida es más parecido a la palestra [donde entrenaban los luchadores] que a la danza, según se desprende de que siempre hay que estar preparado para recibir golpes imprevistos y resistir sin caerse”.
El catedrático sostiene, por último, que el estoicismo no sería compatible con la lógica de los epicúreos en el deporte de alta competición. Explica que el lema de Epicuro es “lejos del mundanal ruido”, la dorada medianía, y concluye que si no se aspira a lo máximo, no se puede competir.
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