España, la penúltima puerta y la semifinal ante Francia

Imagen gracias a: El País (América)

España, la penúltima puerta y la semifinal ante Francia

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Tras vengar eliminaciones previas y con la mirada puesta en Francia, el relato repasa los complejos mundialistas de España, los tropiezos en la fase de grupos y el golpe de Italia en el Mundial del 94, antes de imaginar una final ante Inglaterra.

Vengada la derrota ante Austria en Argentina 78 y ante Bélgica en México 86, queda la penúltima puerta por derribar: Francia, el verdugo en Italia 2006. Nunca se ha ganado en un Mundial a este rival, y el propio autor vincula la situación con la idea de que este torneo fue diseñado para curar complejos y agradecer la colaboración de la defensa de Occidente. Entre todos los Mundiales, destaca España 82 como el más singular: recuerda cada partido con nitidez, sin necesidad de buscar en internet.

En la fase de grupos de aquel torneo, España empató en el debut con Honduras gracias a un penaltito. En el segundo encuentro, frente a Yugoslavia, el equipo ya perdía a los 10 minutos y parecía eliminado, pero no podía ocurrirle al anfitrión en las primeras de cambio. El marcador se igualó también desde los once metros, tras un derribo clarísimo a Alonso, a dos metros fuera del área. Forges ilustra el momento con una viñeta en la que el árbitro señalaba la pena máxima haciendo sonar las llaves de un apartamento en Torrevieja en lugar de un silbato. López Ufarte falló el primer lanzamiento y el árbitro ordenó repetirlo. Si Juanito no hubiera acertado a la segunda, aún hoy se estarían tirando penaltis en el Luis Casanova. Después, Saura, jugador local, medio de rebote, cayó entre el poste y la línea de fondo en una posición imposible y, cuando el partido agonizaba, logró una victoria angustiosa por la mínima.

El tercer partido de esa primera fase fue contra la imberbe Irlanda del Norte, un grupo de chavales que llegaron a España con la misma actitud con la que se participa en Erasmus. Honduras, Yugoslavia, Irlanda del Norte: desde luego, no tocó el grupo de la muerte. Aun así, España empezó perdiendo. Sin embargo, ni siquiera con la expulsión de un rival en un saque de banda se consiguió empatar: el resultado fue 0-1. Aun así, se pasó de milagro como segundos, y entonces sí llegó el grupo de la muerte, donde Alemania aplicó el garrote.

No sorprende que las singladuras mundialistas generaran ansiedad en el país. En el Mundial del 94 en Estados Unidos, el cruce fue con Italia, una de las bestias negras de España. Nunca se había superado la barrera de los cuartos y tampoco se había eliminado a Italia. La situación pintaba muy mal. El diario Marca lanzó un concurso entre sus lectores para titular a cinco columnas la portada del día del partido, como un modo de exorcismo. Roberto Baggio era la gran estrella de los azzurri. Sin internet ni redes sociales, decenas de miles de aficionados enviaron cartas certificadas a la redacción. El título elegido fue “A tocar el contrabaggio”, y el autor lo considera profético. El primer gol lo marcó Dino Baggio y el segundo, el definitivo, lo hizo Roberto Baggio. De nuevo, España quedó apeada en cuartos, esta vez con el tabique de Luis Enrique roto tras un codazo de Tasotti dentro del área. El árbitro no señaló penalti. El texto apunta que, de haberlo hecho, seguro se habría fallado y no se habría repetido. El colegiado fue Sándor Pull, y el autor asegura que no olvida el nombre ni la cara de un árbitro por si se lo encuentra saliendo del estadio.

Ahora toca Francia en semifinales. El autor menciona una jugada del destino que lo lleva a estar en Gibraltar durante ese momento, informando para TVE sobre un hecho histórico: 322 años después de cederle al archiduque Carlos el Peñón, se derriba la última frontera de Europa. Casi prefiere derribar la penúltima puerta que queda en un Mundial y jugar contra Inglaterra la final. Si eso ocurre, volvería al Peñón para ver el partido con Fabián Picardo, gritar Gibraltar Escocés y tomarse un JB a la salud de los monos.

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