El tenis busca encajar un nuevo modelo entre tradición, intereses económicos y reformas pendientes

Imagen gracias a: El País (América)

El tenis busca encajar un nuevo modelo entre tradición, intereses económicos y reformas pendientes

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Novak Djokovic reclama una renovación “integral” del sistema para equilibrar lo deportivo y lo comercial, reducir problemas como la saturación del calendario y la proliferación de lesiones, y dar más protagonismo a los propios tenistas. El debate se cruza con propuestas para rejuvenecer audiencias y ajustar reglas y equipamiento.

En Wimbledon, el veterano periodista Richard Evans, de 87 años, conversó con Àlex Corretja en el comedor y le lanzó una idea directa: “We need Carlos…”. La referencia a la necesidad de recuperar la magia de Alcaraz se enmarca en una discusión más amplia sobre cómo revitalizar un deporte atado históricamente a la tradición, mientras la sociedad cambia, las audiencias piden estímulos distintos y los rectores buscan maximizar el rendimiento de la industria, multiplicando la cifra de ingresos.

Novak Djokovic, de 39 años y vinculado a la élite desde 2003, elevó el tono a su llegada al All England Club para exigir una renovación “integral” del sistema. Su planteamiento apunta a conciliar los intereses de todas las partes: lo deportivo con lo comercial, lo estructural con la salud de los tenistas y la respuesta a hábitos de consumo que ya no se sostienen en permanecer dos horas sentados frente al televisor. El serbio sostiene que el desequilibrio se agrava porque cada ente, movido por el dinero, actúa mirando solo su propio beneficio en lugar de una visión global.

En su análisis, Djokovic criticó la saturación de la agenda anual y la proliferación de lesiones, apoyándose en estadísticas. También señaló que, mientras unos aumentan de forma desmesurada sus ganancias, otros terminan sufriendo. “Necesitamos un reinicio a gran escala. Nuestros circuitos no funcionan nada bien. Hay muchas cosas entre bastidores que no van por el buen camino, así que deben revisarse los formatos, las reglas y el calendario”. Además, afirmó que, si se pretende competir en popularidad con otros deportes, las partes interesadas deberían reunirse, aunque no cree que eso ocurra por el conflicto existente y la falta de unidad.

Jaume Munar, en el marco de la conversación sobre cambios, recordó su participación en el Council (Consejo) de Jugadores. Explicó que existen aspectos complejos, pero no considera que haya que actuar con alarmismo ni con una ruptura total: “¿Que debe haber cambios? Sin ninguna duda. Es una realidad. Está claro que debemos revisar el producto, pero no debemos olvidar que los torneos son, en general, más productivos que nunca, que tenemos mucho engagement (compromiso) de los aficionados y que la industria está creciendo muchísimo”. Munar también admitió que algunos partidos se le hacen “largos” y que, en términos de espectáculo, “cambie algo”. Señaló que la edad media del aficionado es de 61 años.

Más allá de la fragmentación organizativa entre Grand Slams, resto de torneos, ATP, WTA, ITF y propietarios, aparecen voces que reclaman retoques en el juego para rejuvenecer audiencias. En esa línea, se recordó que el nuevo formato de la Copa Davis se implantó en 2019 tras 125 años intacto. Gerard Piqué, ideólogo del proyecto, argumentó en EL PAÍS que “Los millennials piden más emoción” y que la gente tiene cada vez menos capacidad de concentración y atención: hay partidos que interesan mucho y finales épicas, pero también primeras rondas de cinco horas que no atraen a nadie. Munar, con 29 años y 44º del mundo, profundizó en esa idea.

Toni Nadal propuso ajustes vinculados al material y a la forma de jugar: al aumentar la altura media, planteó que “¿por qué no subir la red?”. También sugirió recortar el mango de las raquetas para atenuar el peso de las palancas. Martina Navratilova, por su parte, defendió reducir el área de impacto: “Yo obligaría a utilizar raquetas con la cabeza más pequeña. Así tendría mucha más importancia la técnica. Reduciría la velocidad y exigiría más control. Hablé con Rory McIlroy en el Royal Box y me dijo que él también lo haría con los palos de golf; los de ahora son enormes y en el tenis pasa exactamente lo mismo. La técnica recuperaría valor. Veríamos más saque-volea, más subidas a la red...”. Sus declaraciones fueron recogidas en Tennis Channel.

Las Next Gen ATP Finals, torneo celebrado en diciembre y equivalente a la Copa de Maestros de las promesas, funcionan desde 2017 como un laboratorio de experimentación. Allí se han ensayado cambios como la supresión del let en el saque (valdría el toque en la cinta) y de la ventaja (punto de oro con deuce), además de sets a cuatro juegos en vez de seis. También se han probado modificaciones tecnológicas y estéticas, como la eliminación del pasillo de dobles que ya se aplicó en algunas citas como el antiguo Masters, y el movimiento libre del público durante la competición. Jessica Bouzas, 52ª del mundo, señaló: “Yo seguiría igual, pero si debo cambiar algo, sería que los chicos jugasen a tres sets en vez de cinco”.

Munar mostró cautela: “A mí, ese tipo de cambios me parecen demasiado…”. Aun así, reconoció que, al tratarse de un deporte tradicional y con rasgos clasistas, “claro que se tienen que hacer cambios! Ahora bien, con cuidado”. Alejandro Davidovich, consultado por el periódico, respondió: “Siempre es la misma historia, así que no hay ningún cambio nunca. No voy a opinar porque diga lo que diga da igual, así que paso de opinar... Llevamos todos los años igual, así que, ¿para qué opinar?”. También expresó su postura quien afirmó que “A mí es que me da igual. Yo ni pincho ni corto en la ATP...”

El “puzle” que no termina de encajar se completa con la tensión entre voluntad de cambio y el peso del dinero. Se menciona la influencia económica vinculada a Arabia Saudí y, desde el punto de vista estructural, el tenis atraviesa un escenario complicado: el calendario ya no deja hueco y, salvo excepciones como la de Djokovic, los profesionales acaban colapsando física o emocionalmente. Tampoco existe acuerdo sobre el reparto del botín: aunque crecen los premios, se considera que la porción que corresponde a los jugadores debería ser mayor, y se mantiene la amenaza de un plante que, por ahora, queda en eso.

En ese clima de distanciamiento entre quienes deciden y quienes compiten, Andrey Rublev resumió el malestar: “No nos escuchan. Solo nos utilizan. No puede ser una relación de una sola dirección”. En conjunto, los desencuentros, las perspectivas y el debate dibujan un paisaje tenístico próspero, pero también mejorable.

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