
Imagen gracias a: El País (América)
Tommy Robredo: “Alcaraz y Sinner son como Messi y Cristiano; hacen falta líderes natos”
El catalán, director del Godó y ex número cinco del mundo, analiza la evolución del tenis, la gestión del calendario y el nuevo equilibrio del circuito, además de destacar el papel de las nuevas estrellas.
Tommy Robredo (Hostalric, Girona; 43 años), director del Godó y retirado hace cuatro años tras competir en el centenario Reial Club de Tennis Barcelona, reflexiona sobre el rumbo del tenis y el cambio de jerarquías del circuito. En su etapa al frente del torneo, que define como un espacio “boutique” y pensado para que el jugador se sienta “como en casa”, el ex número cinco del mundo repasa la transformación del juego, la importancia de las figuras y la necesidad de líderes capaces de influir en todo el ecosistema.
“Tal vez haya que mover estas sillas, ¿no?”, comenta al inicio de la conversación, mientras el rocío de la mañana ha empapado el mimbre y dedica más de cinco minutos a encontrar un soporte seco. Desde esa imagen doméstica, Robredo enlaza con la idea central de su gestión: ofrecer una experiencia cuidada para los tenistas. Su visión está marcada por su condición de testigo del cambio en el deporte, tanto en el modelo de juego como en la forma de competir: “Las figuras, también”.
Sobre la salida repentina de Alcaraz, Robredo la califica como “un infortunio para todos”, y especialmente para el propio jugador, ya que llegaba “con toda la decisión de hacer un buen torneo aquí e intentar recuperar el número uno”. Reconoce que, pese a la confianza en que el contratiempo fuera reversible, “no ha podido ser”. En el plano organizativo, explica que el torneo debe contar con un plan de jugadores lo más amplio posible para responder ante situaciones imprevistas y, sobre todo, cuidar a los tenistas. “Hay que sobrellevar este tipo de cosas”, insiste, recordando que hay factores que no dependen de la organización, como la lluvia: “yo no tengo el poder de limpiar el cielo”.
En cuanto a la salud y al sistema de competición, Robredo detalla que los jugadores se enfrentan a un calendario con Masters 1000 y 500, además de los Grand Slams. Aclara que, cuando “digo tienen”, se refiere a que si un jugador no quiere, no juega. Señala que los tenistas pueden descartar una semana si no se encuentran bien y retomar más adelante. También aporta una comparación de carga: admite que un tenista puede llegar a disputar unos 18 torneos al año, mientras que él rondaba los 26, aunque sin llegar tan lejos como Alcaraz y compañía.
Preguntado por la estructura del calendario, con cinco torneos de tierra encadenados y el cambio de duración de Madrid y Roma, Robredo sostiene que existen muchas variables y que el calendario “es bastante bueno” para el Godó. Argumenta que Madrid está a menos de tres horas en tren y que, antes de competir allí, hay días de descanso. En un escenario hipotético en el que Carlos jugara en la Caja Mágica el sábado, Robredo señala que, si ganara aquí, tendría un par de días libres y margen para entrenarse. También recuerda que antes era habitual que un torneo empezara en lunes y se llegara el domingo por la preferencia de algunos jugadores por pasar más tiempo en casa, algo que depende de cada persona. Aun así, subraya que no jugar la semana anterior no garantiza evitar una lesión.
Cuando le preguntan cuántos “fuegos” hay que apagar como director, responde que el problema sería que un jugador no quisiera volver al año siguiente por no sentirse cómodo, o que no se logre contentar a todo el mundo. “No los llamaría fuegos, sino gajes del oficio”, afirma, y explica que su intervención busca mejorar el servicio, aunque reconoce los límites: no puede “sentarse en mi despacho” para hacer el horario “y ya está”, pero tampoco controlar todo. Defiende que cuenta con un equipo “súper bueno” y que entre todos intentan que la experiencia sea la mejor posible.
Sobre qué le genera más estrés, la competición o la gestión, Robredo lo ve distinto según la edad. A los 18, dice, no se piensa en nada; con el paso de los años aparecen otras preocupaciones: si a los 18 el fisio pide diez flexiones, se hacen; a los 25 se plantean con matices por molestias. Aun así, insiste en que si se da el máximo, no hay nada que reprocharse. Indica que llega cada día con una hora y media de antelación para revisar detalles y mantener un “grado de mejora” constante.
Robredo también aborda el modelo del Godó y su adaptación a nuevas necesidades. Asegura que el torneo está “valorado con unos estándares muy altos”, con “puntuaciones brutales” que considera un orgullo. Menciona el trabajo de David Ferrer, y también de Albert Costa, y define tres pilares: aficionados, jugadores y patrocinadores. Afirma que buscan el máximo para cada uno y pone como ejemplo pruebas como la “night session”, con la idea de facilitar que quienes salen de trabajar a las cinco puedan llegar a los partidos. Mantenerse “a la última” es, según él, imprescindible para no quedar obsoleto.
En el apartado estructural del tenis, Robredo identifica el peso creciente de nuevas potencias económicas. Explica que la evolución del deporte es similar a la de una empresa: hace veinte años cambió con la irrupción de China en el circuito y la creación de torneos. En ese nuevo mundo, sostiene que la entrada de Arabia Saudí con una presencia creciente implicará que “caerán algunos torneos”. Confía en que la ATP haya valorado pros y contras, pero remarca que el tenis debe estar unido e ir “de la mano”, porque hoy aún van “un poquito por separado”.
Sobre la demanda de los jugadores de una mayor porción del pastel, Robredo lo considera lógico: el jugador siempre pide más y desde arriba se presiona para subir premios. Aun así, insiste en que no debe “quemarse” el torneo y debe existir proporcionalidad. Argumenta que los cuatro grandes generan una “barbaridad de dinero”: cada año suben esos premios y, al mismo tiempo, entran más ingresos. Si ellos generan diez y reparten tres, y el torneo genera diez y paga cinco, “algo no cuadra”. Añade que, además del apartado deportivo, el torneo exige más en cuestiones publicitarias y otras necesidades.
Respecto a su retirada en 2022 con 39 años, Robredo afirma que el tenis actual es mucho más físico: los tenistas son “mucho más atletas” y “monstruos”, golpean más fuerte, se recuperan mejor y la genética ha mejorado. Describe el cambio comparando generaciones: en el pasado se jugaba de otra manera en el ritmo y la altura media de los jugadores ha crecido hasta rondar 1,90, lo que abre la puerta a compensaciones como subir un poco la red para dificultar el juego demasiado recto. Aun así, advierte que no haría “muchos” cambios y defiende respetar la tradición, usando la Fórmula 1 como referencia de modificaciones que no necesariamente mejoran lo esencial.
Al analizar el estilo de juego, Robredo recuerda que en su época había más táctica: mover más al rival, jugar más de aquí para allá y a la red, con más cortados, más saque y volea. Sin embargo, reconoce que ya se pegaba más fuerte que antes. Explica que hoy, si alguien usa táctica, puede romperla con un tiro el rival. También subraya la relevancia de las primeras bolas, porque ahora se busca que sean “un poco más pesadas” para compensar, y que quizá haya que introducir ajustes futuros.
Robredo compara la era de los grandes con la nueva generación. Recuerda que lo vivido con Djokovic, Nadal y Federer, que sumaron 66 grandes, es “una absoluta brutalidad”, y destaca la dificultad de ganar un Grand Slam: son siete partidos y cualquier día puede aparecer mareo, dolores, molestias o una lesión. En contraste, señala que Alcaraz y Sinner han ganado siete y cuatro grandes respectivamente, y además lo han hecho con partidos que, según él, no se han decidido por tanteos apretados como 4-6, 7-6 y 7-6. Destaca la precisión y concentración de ambos y pone como ejemplo que Alcaraz ganó el partido “del otro día” sin hacer nada “del otro mundo”, pese a estar errático y con la muñeca afectada.
Sobre el debate del relevo generacional, Robredo lo enfoca como positivo. Antes se pedía relevo y ahora se critica que ganan demasiado; él lo prefiere así. Recuerda que con la ausencia de Serena en 2022 se generó un vacío grande en la WTA, y que antes podía ganar prácticamente cualquiera. Para él, no es bueno para la marca cuando falta esa continuidad. Afirma que Alcaraz y Sinner son “dos monstruos dentro y fuera de la pista”, uno con “magia” y el otro con “maquinaria”, que además se llevan bien.
En ese contexto, Robredo lanza una comparación con Messi y Cristiano Ronaldo: Carlos puede hacer una genialidad y luego cometer un fallo que lo hace humano. Sostiene que en el deporte se necesitan líderes natos, porque ayudan a crecer y benefician a todos: torneos, aficionados y patrocinadores. Si esos líderes no existen, “todo es diferente”.
También se refiere a la gestión de Alcaraz desde joven, describiéndolo como una “empresa” y recordando que los tenistas siempre lo han sido. Considera que el nivel de estrés y profesionalismo es “muy extremo”, y afirma que él, con su perspectiva, se ve preparado, pero que con 20 años no lo estaba. Remarca que es durísimo para un chico sin experiencia, aunque reconoce que Alcaraz lo lleva de manera espectacular, con un equipo detrás, pero con la responsabilidad principal en él: “el que está ahí y debe manejarlo todo es él”. Añade que es normal que un día quiera desconectar, como ir a tomarse una copa, a un concierto o al cine.
Por último, Robredo celebra el despegue de Jódar. Asegura que le impresionó desde el primer día en persona, el lunes contra Jaume Munar, y comenta que quizás Jaume estaba al 80% por su regreso tras dos meses, pero que el propio jugador le explicó que la bola de Jódar “te viene de otra manera”, como la de los buenos. Robredo destaca su forma de pegar desde todos los lados y su mentalidad, pronosticando que “subirá como la espuma”. Indica que la semana que viene estará en el 40 de la race y que avanzará rápido, señalando que ha pasado de ser 150º del mundo a estar en esa posición. Reconoce que habrá un momento en que pierda algunos partidos y que eso le obligará a adaptarse, por ejemplo a jugar en pistas con 7.000 personas o más y manejar esas circunstancias, pero afirma que le ha impactado mucho. Cierra valorando que es humilde y trabajador y que, si además le pega “como le pega…”, el crecimiento puede ser rápido.
Robredo concluye conectando esa idea de relevo con el momento del tenis: “ahora miras lo que viene detrás de Carlos” y ves a Jódar y a Landaluce, además de Dani Mérida, y cree que que exista relevo es “muy bonito”.
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