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Godó: el RCTB celebra su centenario con un formato de una semana que lo distingue en el calendario

Imagen gracias a: El País (América)

Godó: el RCTB celebra su centenario con un formato de una semana que lo distingue en el calendario

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El Barcelona Open Banc Sabadell mantiene un carácter propio que seduce a tenistas y aficionados: una duración de siete días que impulsa la calidad, el seguimiento y el “espíritu de club”, en un circuito cada vez más dominado por torneos de dos semanas.

Rostros felices en el Godó, con el torneo instalado en la primavera y con una atmósfera en la que los tenistas se mueven con familiaridad por espacios que se sienten propios. En el Barcelona Open Banc Sabadell, el tenis se vive como una cita de club: frente a estructuras estandarizadas de otros torneos vinculados a grandes multinacionales, Barcelona conserva una singularidad que, en palabras de Carlos Alcaraz, resulta “especial”. El murciano describe así un islote con encanto que comparte ciertos guiños estilísticos y conceptuales con Montecarlo y Queen’s, mientras el resto del circuito tiende a responder a un modelo más uniforme.

Las pistas de Pedralbes ya atrajeron en el pasado a figuras como Björn Borg o Ilie Nastase, Ivan Lendl y Mats Wilander. En ese mismo escenario se asentó de forma sistemática Rafael Nadal, con 12 títulos como el más laureado, y ahora aparece Alcaraz, que tras marcharse antes de lo previsto por una lesión de muñeca —además de su adiós también en Madrid— encuentra en la semana catalana un oasis. A su llegada, Alcaraz explicó su idea sobre el calendario: “No tengo miedo a decir que quizá tocaba descansar esta semana, porque jugamos un Masters 1000 la anterior y luego vienen Madrid, Roma y Roland Garros”. Y añadió: “Tocaría un descanso, pero este es un lugar especial para mí y si el cuerpo me lo permite, voy a venir siempre”.

Antes del percance articular que sufrió frente al finlandés Otto Virtanen, Alcaraz insistió en su predilección por un formato que, a su juicio, continúa desapareciendo: el equilibrio que se pierde. El propio sistema actual empuja hacia torneos maratonianos, con semanas que se solapan si no estorban y con un calendario cada vez más cargado. A ello se suma la exigencia de jugar para defender puntos y la ambición económica de los protagonistas. En ese contexto, el tenista, de 22 años y en la élite desde 2021, ratificó su postura: “Yo siempre he defendido los torneos de una semana y voy a seguir haciéndolo. Siempre son mejores”.

La demanda de recuperar el viejo modelo no se limita al vestuario. Muchos aficionados reclaman que, con esa duración, aumenta la calidad al propiciar mejores enfrentamientos desde las primeras rondas y que el seguimiento resulta más claro, menos difuso, con un inicio y un cierre naturales de lunes a domingo. Aunque en 2019 los Masters de Indian Wells y Miami ya apuntaron a un crecimiento, fue en 2023 cuando la mayoría de los miles incorporaron la extensión de dos semanas, incluyendo Madrid, Roma y Canadá. En la actualidad, solo los nueve del calendario mantienen los siete días en Montecarlo y París; el resto ha adoptado los 12. Así, los torneos de categoría inferior —como el Godó, ATP 500, o los 250— quedan “entre dos”, en una especie de sándwich.

Alta gama y contraste con el modelo de dos semanas

La conversación sobre el formato no es nueva. Alexander Zverev llegó a afirmar: “No conozco a nadie al que le gusten los de dos semanas”. Sin embargo, en los despachos se busca monetizar al máximo cada segundo. Más días significan más venta de entradas y una mayor tajada por los derechos de televisión y por los espacios comerciales. Esta lógica aproxima cada vez más el funcionamiento de los cuatro grandes y el resto de los miles, mientras la diferencia entre ambas categorías resulta menos visible.

Aun con las críticas, la prolongación también ofrece ventajas: permite que tenistas con un ranking inferior dispongan de oportunidades que, en otras circunstancias, no tendrían. El coste recae especialmente en las figuras que alcanzan las rondas finales y, por tanto, disputan más partidos. En esa línea, Tommy Paul lamentó que, aunque algunos piensen que los eventos de dos semanas son más sencillos para los jugadores, “no es así”, y señaló que la tregua entre rondas no cambia el hecho de que el nuevo modelo termina por agotar a los tenistas. Deben invertir más tiempo fuera de casa y se ven inmersos en una rutina mental desgastante.

Para muchos, esos días en Barcelona compensan por el contraste: el criterio y el nivel, además de la cercanía de la organización. También cuenta la historia. El RCTB nació hace 127 años (1899) y conserva ese carácter seductor que lo mantiene como un torneo capaz, pese a la inercia de los tiempos, de reunir a “fueras de serie”. La ATP lo cataloga como un torneo de alta gama.

Entre los últimos movimientos del circuito, el suizo Stanislas Wawrinka valoró estos días Barcelona en una entrevista concedida a La Vanguardia: “Barcelona es magnífica para el tenis” y “Somos diferentes”. El nuevo director, Tommy Robredo, también subrayó esa idea. Además, la actualidad del calendario mostró que ni Alcaraz ni Novak Djokovic desfilarán por la Caja Mágica de Madrid: uno por la muñeca y el otro por unas molestias en el hombro que no terminan de remitir. Aunque todavía queden cuatro días para el inicio, el torneo madrileño —inaugurado en 2002 por el multimillonario Ion Tiriac— busca amortiguar el doble golpe. Reunirá de nuevo a un pelotón destacado con Aryna Sabalenka como número uno, pero persisten dudas sobre cómo sostendrá el interés durante 12 días.

En ese contraste, el Godó se sostiene como una alternativa con identidad: una semana que, para Alcaraz y para parte del público, sigue siendo “mejor” por la calidad que permite y por el modo en que ordena la competición.

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