Imagen gracias a: El País (América)
Pausas de hidratación en el Mundial: cómo modifican el ritmo y la iniciativa de los equipos
En los primeros 28 partidos del Mundial, el 78% de las pausas de hidratación alteró el desarrollo del juego, rompiendo rachas o cambiando qué equipo llevaba la iniciativa.
La nueva Inglaterra de Thomas Tuchel debutó en el Mundial con un 4-2 ante Croacia, pero antes de instalarse en el partido tuvo que atravesar la primera pausa de hidratación. Al inicio, el equipo de Modric marcó el ritmo y la selección inglesa tardó casi 10 minutos en asentarse, tras lo cual llegó un gol de penalti y comenzó a tomar el mando. En ese contexto apareció la parada del primer cuarto.
Con la regulación clásica, la pausa está prevista para proteger la salud de los futbolistas en condiciones específicas de calor y humedad. Sin embargo, ese día se jugó en el estadio climatizado de Dallas, con un ambiente descrito como propio de un centro comercial. Tras los tres minutos, el escenario cambió: Croacia recuperó la iniciativa durante un tramo.
Este tipo de variaciones no se limitó a ese encuentro. La dinámica puede trastocarse de un cuarto a otro, después de que los jugadores conversaran con sus entrenadores en la banda mientras las televisiones emitían anuncios. Para medir esas alteraciones se utiliza una métrica que Driblab denomina peligro esperado (xT), que estima qué tan cerca o lejos se acerca un equipo del gol a través de pases y conducciones, reflejando la temperatura de la iniciativa en el juego.
En las 56 pausas registradas en los primeros 28 partidos del Mundial, se contabilizaron 24 cambios de tendencia al reanudarse el encuentro. Cuatro de cada 10 paradas, es decir, el 43%, provocaron una inversión en la corriente del partido. Además, otras 20 pausas frenaron el dominio del equipo que llevaba la iniciativa. Un ejemplo fue España en el primer tiempo de su partido contra Cabo Verde: Bubista consiguió que su equipo equilibrara el control durante un tramo al inicio del segundo cuarto.
En total, 44 de las 56 pausas implicaron rupturas en el fluir de los encuentros, lo que representa el 78,6% de los casos. La novedad tiende a perjudicar a los equipos que mantienen más continuidad y terminan sacando provecho del desgaste del rival, mientras que esos adversarios se benefician de las interrupciones.
El fútbol ya venía mostrando recelos desde que la FIFA anunció la medida para esta Copa del Mundo. Didier Deschamps, seleccionador francés, había criticado la iniciativa en marzo, cuando la probó en un amistoso contra Brasil en Boston. “Está bien para ustedes como cadena de televisión, para tener una pausa publicitaria”, señaló en una entrevista. “Pero esos tres minutos cambian por completo el fútbol. Da igual el equipo. Si está pasando por un buen momento, tres minutos lo cortan todo”.
Alexi Lalas, exjugador estadounidense y comentarista en Fox, cadena que aprovecha las pausas para emitir publicidad, coincidió con esa lectura al señalar que la medida influye en cómo se juega, se entrena y se observa el fútbol. También remarcó que, como ocurrió con los cambios, los tres puntos por victoria, el VAR y otros ajustes, el fútbol evoluciona y se adapta, dejando una generación cuya versión del juego incluirá cuartos.
La FIFA contó con la aprobación silenciosa de la IFAB, organismo guardián de las reglas del fútbol, que se mantuvo como observador distante. El cambio no solo amplía creativamente los límites de la norma, sino que además se aleja del espíritu de las últimas reformas impulsadas por el organismo.
El 28 de febrero, apenas dos meses después de que la FIFA informara a los operadores televisivos sobre una nueva ventana publicitaria, la IFAB celebró su 140 asamblea y aprobó un paquete de matizaciones. Allí se describió como “un grupo de medidas concebidas para mejorar la fluidez de los partidos y reducir las pérdidas de tiempo en el fútbol”. Desde el Mundial, se sanciona con un córner al portero que se retrasa más de cinco segundos en sacar de puerta. También se controla que los futbolistas no tarden más de 10 segundos en abandonar el campo al ser sustituidos “para agilizar la fluidez del partido”.
Brasil, precisamente contra la que Deschamps probó la medida en Boston, fue uno de los equipos que más acusó sus efectos en su primer partido del Mundial. Su encuentro contra Marruecos mostró el impacto con especial claridad: tanto en el primer como en el segundo tiempo, Brasil alcanzó las pausas llevando la iniciativa. Tras cada parada, se cortó el impulso que tanto le cuesta construir, y Marruecos regresó al juego mandando en ambos casos.
Mikel Merino resumió el temor al afirmar: “Que el partido se pare no es positivo para el espectador. Lo hace más lento, más predecible. Va a tener un impacto fuerte. Son momentos que los entrenadores tienen para ajustar cosas, y para que los jugadores tengan un tiempo muerto”.
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