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Mundial 2026: el Azteca vuelve y crece la brecha entre ilusión y lujo
La Copa del Mundo de Gianni Infantino arrancará el 11 de junio en el estadio Azteca de Ciudad de México con 48 selecciones y tres países anfitriones. En paralelo, el torneo se asocia cada vez más con paquetes de hospitalidad y experiencias de alto costo, en contraste con la expectativa de los aficionados.
El 11 de junio, en el estadio Azteca de Ciudad de México, comenzará la mayor Copa del Mundo de la historia. El torneo contará con 48 selecciones y tendrá tres países anfitriones. Además, por primera vez un país repetirá sede en tres ediciones: 1970, 1986 y 2026. El escenario elegido vuelve a ser el legendario Azteca, donde se coronaron Pelé y Diego Maradona. El estadio fue construido entre 1962 y 1966 e inaugurado oficialmente el 29 de mayo de 1966.
En México, los aficionados suelen resumir la idea con una frase: “pocos estadios tienen historia; el Azteca tiene leyenda”. Por eso, aunque se intentó modificarle el nombre, ningún cambio logró consolidarse. En 1997 se lo rebautizó brevemente como estadio Guillermo Cañedo, pero el público no adoptó esa denominación y poco después el nombre Azteca volvió a imponerse.
Para esta edición, la Federación Mexicana financió la remodelación del estadio con el aporte de una entidad bancaria. También se intentó que el recinto llevara el nombre comercial de ese banco, pero la FIFA no acepta nombres comerciales de patrocinadores. Por ello, durante el torneo el estadio será identificado oficialmente como Mexico City Stadium o estadio Ciudad de México.
Otra particularidad del Mundial 2026 es el aumento a 48 países participantes. En 1930 compitieron 13 selecciones; luego la cifra se fijó en 16 hasta 1978. Con la llegada de Joao Havelange a la presidencia de la FIFA, la organización pasó a ubicarse entre las entidades con mayor poder económico, impulsada por la expansión de ingresos mediante acuerdos globales de televisión y patrocinio comercial. En 1982, los finalistas fueron 24 y, tras la salida de Havelange en 1998, el torneo comenzó a disputarse con 32 países en la fase final.
Gianni Infantino, heredero del tsunami moral del FifaGate, intensificó la búsqueda de recaudación millonaria por encima de lo hecho por Havelange y Joseph Blatter. Aficionados denuncian que el Mundial de Infantino dejó de ser un espectáculo popular para convertirse en una forma de entretenimiento para multimillonarios. Las crónicas de varios medios de comunicación del planeta describen un panorama en el que existen entradas y paquetes vips con precios que alcanzan decenas de miles de dólares por persona, e incluso algunas experiencias vinculadas al evento superan los 100.00 dólares para grupos corporativos.
Entre los ejemplos mencionados, se indica que la hospitalidad básica para un partido puede ubicarse entre $ 1.300 y $ 2.500. También se mencionan “clubes vip prémium” con atenciones especiales que van de $ 3.000 a $ 10.000. Para quienes busquen “experiencias de lujo para partidos importantes”, el rango señalado es de $ 10.000 a $ 25.000.
Las ofertas de agencias contemplan la posibilidad de elegir una sede para presenciar todos los encuentros con hospedaje y transporte, con costos entre $ 8.000 y $ 73.000. Otra propuesta vinculada a la FIFA es la “suite privada corporativa”, cuyo precio se sitúa entre $ 43.000 y puede superar los $ 100.000, sin que se indique el número de ocupantes. El paquete más citado es el de las plazas de Nueva York/Nueva Jersey (final incluida), ofrecido en torno a $ 73.200 por persona.
Además de los esquemas ligados a la FIFA, alrededor de la final se habrían creado ofertas de lujo ajenas al circuito oficial: hoteles de Nueva York promocionaron experiencias con costos entre $ 500.000 y $ 1 millón, incluyendo suites presidenciales, helicópteros y servicios exclusivos.
Desde una mirada histórica, este proceso se plantea como un cambio enorme que aleja el fútbol del espectador común. En los mundiales de los años 60 y 70, prácticamente no existía una industria de hospitalidad suntuaria. Bajo la presidencia de Havelange empezó la comercialización global del torneo, pero las experiencias vips actuales se consideran producto de la transformación del fútbol en un espectáculo corporativo internacional durante las últimas décadas.
En ese marco, se señala una brecha marcada entre una entrada popular y un asiento con hospitalidad ejecutiva. Según el texto, esa diferencia no aplicaría para dirigentes de la FIFA, sus comisiones, invitados de honor, presidentes de confederaciones de los cinco continentes, directivos de esos organismos y representantes de entidades patrocinadoras. Se afirma que viajan en jets privados o en primera clase, se hospedan en suites de lujo, se trasladan en limusinas de alta gama y cobran viáticos diarios de miles de dólares.
También se describe que, a la cola, se ubican dirigentes de clubes cercanos al presidente de la federación nacional, junto con periodistas aduladores y otros invitados que se incorporan por decisión del presidente federativo. Para Brasil 2014, se menciona el caso de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, que habría decidido que todos los directivos de la entidad y de los clubes viajaran como invitados, con derecho a ser acompañados por un pariente.
El texto agrega que los periodistas no habrían estado ajenos a ese derroche: se cita a un periodista que viajó a Brasil con su padre, su hermano y un hijo a costa de la institución. Se afirma que alegó que no era una invitación sino un negocio, ya que iba a realizar un documental sobre la participación de la Selección, y se señala que nadie vio jamás el documental.
En paralelo, se sostiene que Ecuador va por su quinto mundial, un mérito que se vería opacado por el manoseo habitual en la convocatoria, al describir historias demasiado parecidas para considerarlas casualidad. Se mencionan a Gustavo Alfaro, Félix Sánchez Bas y Sebastián Beccacece como parte de maniobras destinadas a instalar en las nóminas a futbolistas sin méritos, pero siempre vinculados a un mismo club.
En el caso del arquero Moisés Ramírez, se señala que seguirá siendo el tercer guardameta de Ecuador incluso hasta después de su retiro. Su inclusión, de acuerdo con el texto, habría marcado la postergación de jóvenes porteros y de los más experimentados. Desde 2025, se indica que el arquero está en un anónimo club griego llamado A. E. Kifisia FC; previamente estuvo en la Real Sociedad B, de la segunda división de España.
También se menciona a Kendry Páez, descrito como un fracaso en Racing de Estrasburgo, del que fue despedido por bajo rendimiento, con un gol en 21 partidos. Luego, se agrega que en River Plate saldrá también por la puerta de servicio por su escaso aporte y su indisciplina. Aun así, el texto afirma que lo llevan al Mundial 2026 y le dan la casaca número 10.
Sobre Páez, se afirma que, pese a haber sido una promesa y a que el periodismo puertas adentro lo bautizó como “la joya”, deberá asumir el rol de conductor y creador, la manija como llaman los argentinos al crack que recibe el balón en el medio campo, toca, se despega, gambetea y abre fisuras en la retaguardia rival para filtrar el esférico hacia el remate goleador del delantero. Se plantea además la pregunta sobre si podrá cumplir esa tarea quien no habría dado la talla en Francia y Argentina y que hoy sería un dolor de cabeza para el Chelsea.
La columna cierra con una idea resumida en una frase: “Mientras millones de aficionados sueñan con conseguir una entrada, algunos pagarán sumas equivalentes al precio de una vivienda para presenciar la final de la Copa del Mundo 2026”. (O)
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