Jude Bellingham, el jugador que marca el ritmo: del trabajo silencioso a la llegada devastadora

Imagen gracias a: El País (América)

Jude Bellingham, el jugador que marca el ritmo: del trabajo silencioso a la llegada devastadora

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El texto reflexiona sobre la influencia de Jude Bellingham y desarrolla la idea de estar de sí: una actitud que permite encajar lo que venga con optimismo. También contrasta su etapa en el Madrid, cuando no estuvo de sí, con la versión actual, en la que parece haber recuperado su mejor versión.

Bellingham presenta dos facetas que se complementan. La primera es la más cerebral: un jugador fértil de la cabeza, que recorre el campo con un sentido total de la orientación y un mapa del partido donde identifica zonas calientes y mide la urgencia de su presencia. Esa manera de moverse resulta especialmente irritante para el adversario, que no logra descifrar lo que piensa el inglés, no consigue anticiparse a sus acciones y tampoco entiende por qué aparece con tanta frecuencia donde debe hacerlo. El resultado es la sensación de un hueco que se abre a martillazos contra un muro, sin que nadie lo vea ni lo escuche.

En la grada también se percibe ese carácter poco impresionable: es un Jude Bellingham que hace trabajar la sala de máquinas desde dentro y que no se muestra de inmediato. Su “espectáculo” parece íntimo y, a primera vista, poco gratificante.

La segunda faceta es más visible y terrenal, sustentada en lo físico. Ahí, Bellingham se vuelve poderoso y devastador: no necesita grandes regates para generar daño, porque a veces le basta avanzar con el balón y apoyar su cuerpo para ganar metros y tiempo. Esa versión puede aprovechar lo que ya ha preparado la primera, la que acondiciona el campo para la explosión del segundo. Sin embargo, no siempre lo hace: en ocasiones, como en el primer gol ante el Málaga, basta con levantar la cabeza y entrar en el área con pisadas decisivas, como un búfalo.

La dificultad para clasificarlo viene de esa combinación de condiciones tan distintas. Puede llegar, puede pasar, puede cabecear y también puede pegar. En ese sentido, su rendimiento depende de lo que “le dé la gana”. Esta temporada, igual que aquella primera que acabó con una Champions en Londres, parece que está de sí.

La idea de “estar de sí” también se plantea como una forma de afrontar la vida: levantarse de la cama con la decisión previa de aceptar lo que llegue con buen ánimo y, si algo no llega, buscarlo con optimismo. No obstante, el día puede torcerse desde temprano: una caída que golpea la rodilla con la esquina de la mesa, un tobillo torcido en la ducha, una quemadura con el café, un atasco histórico mientras la pareja rompe por teléfono y, al final, entrar al trabajo con una recortada y hacerse daño. Aun así, se insiste en que esas cosas pasan y que no hace falta darles más importancia; otro día saldrá mejor. Se cumple una condena, se sigue adelante con buen humor y, al salir, se recomienda tener más cuidado con las esquinas de la mesa: ese cuidado sería, precisamente, estar de sí.

El texto sostiene que Bellingham no estuvo de sí sus dos últimas temporadas en el Madrid: estuvo de no. Se mencionan posibles factores, como problemas físicos, en particular un hombro arruinado. También se sugiere que la versión más gris de ese primer Bellingham pudo ser menos valorada en el campo, o que quizá lo que necesitaba era afecto, como ocurre cuando los desmarques quedan desatendidos o el balón se va a la grada. La vida se presenta como un misterio y se recuerda que se depende de muchas cosas.

En todo caso, esas condiciones de las que depende su funcionamiento parecen haberse alineado. El Madrid de Mourinho se habría colgado de él y se habría contagiado de su estilo: mucho físico, mucha llegada y mucha avalancha. Se destaca, además, la preferencia por ese funcionamiento como un acordeón de hierro, como una prensadora, un espectáculo hipnótico que el autor asegura que llegó a seguir durante un año a través de vídeos en Instagram. Termina con la idea de que no le importaría gastar otro año más en esa misma sensación.

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