
Imagen gracias a: El País (América)
Juan Villoro retoma su intercambio futbolero: Messi, el VAR y el orgullo estadounidense
En una nueva carta de la serie ‘Un mundial de ida y vuelta’, Juan Villoro dialoga con Martín Caparrós sobre Luca Zidane, el papel de Messi, el uso del VAR, el rendimiento de varios equipos en el Mundial que organizan EEUU, México y Canadá, y una comparación provocadora sobre el conocimiento futbolístico en Estados Unidos.
El argentino Lionel Messi disputó un balón con Fares Chaibi durante el primer partido de Argentina en el Mundial, ante Argelia.
Los gringos están tan orgullosos como tú, Martín, de tener a Messi. Son tan ignorantes en materia futbolística que la cadena Fox tuvo que poner un anuncio advirtiendo que el 10 no juega para Estados Unidos.
Esto, querido lector, es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas. Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, iniciaron una conversación íntima y pública al mismo tiempo con la excusa de la celebración del Mundial de Qatar, en 2022. Cuatro años más tarde, retoman esa misma serie, titulada ‘Un mundial de ida y vuelta’, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá.
México, 17 de junio, 2026
Martín querido:
Tras una “pausa de hidratación”, se retoma la correspondencia. Villoro sostiene que Martín exagera en su crítica a Luca Zidane. Considera que el portero está obligado a jugar con máscara, una incomodidad que lo perjudica por partida doble: además de afectar su desempeño, le impide mostrar su rostro. Aunque reconoce que fue endeble en algunas jugadas, subraya que despejó de forma espectacular el mejor tiro de Messi.
También le impacta la imagen del genio en los minutos finales, cuando ya no jugaba: sentado en el césped, con una mirada comparada con la del niño que avista por primera vez el río Paraná. Según la carta, esa escena no se mostraba alterada por su hazaña ni por posibles repasos de decisiones pasadas: se menciona el registro de tres goles con los que empató el récord de Klose, además de referencias vinculadas a evasión de impuestos en España, el saludo a Trump y la promoción del Mundial en Arabia Saudí. Villoro concluye que el mejor futbolista del mundo parecía estar al margen de sí mismo, como si volviera a ser el chico que observa el río Paraná.
Para explicar ese comportamiento, plantea que el secreto podría residir en la capacidad de abstraerse. En ese sentido, recuerda un cuento de Borges sobre un erudito que hereda la memoria de Shakespeare: en la mente del protagonista, los recuerdos del maestro son simples, pero lo sorprendente es lo que el bardo “ejecutó con ese material deleznable”. De ahí deriva la idea de que ser Shakespeare (o ser Messi) es banal, y que lo milagroso está en que la genialidad se sustente en alguien común.
Sobre el juego, menciona que los enemigos de la épica afirmaron que Messi debió recibir roja directa por una plancha cometida en el minuto 31. Villoro la describe como un gesto accidental pero rudo, que a su entender merecía amarilla; añade que, según su lectura, el árbitro polaco ignoraba que el fenómeno merece un trato normal.
En cuanto al uso de la tecnología, señala que el VAR invalidó dos goles que en otros tiempos habrían sido legítimos y estupendos. Plantea una tesis detectivesca —o paranoica— sobre el empleo de las máquinas: tras la investigación del FBI que reveló corrupción en la FIFA, los nuevos jerarcas prometieron una gestión más honesta, pero el VAR terminó dando estatus jurídico a la pantalla y favoreciendo una ilusión de arbitraje “científico”.
Luego aborda el concepto de fuera de juego: asegura que ahora depende de medir centímetros. Como ejemplo, menciona la Eurocopa 2024, donde un gol del belga Lukaku no subió al marcador porque su pene estaba un milímetro por delante del defensa; remarca que “eso no da ventaja” al menos para anotar.
A partir de ese punto, Villoro coincide en que debería juzgarse a golpe de vista si el delantero está o no adelantado, e incluso propone un criterio humorístico de pollos rostizados: pata o pechuga de ventaja.
La carta también incluye una crítica a Gianni Infantino por usar su jet sin reparar en la huella de carbono. Indica que las cámaras registran su incesante comparecencia en los estadios y que, en cada partido, luce más viejo. Villoro expresa el deseo de que las arrugas y el descolgamiento facial se intensifiquen hasta que se disuelva en un palco, y plantea que su obituario podría titularse: “La desaparición de un hombre demasiado visible”.
Vuelve entonces al fútbol con el análisis de resultados y actuaciones. Afirma que Argentina y Francia cumplieron con su condición de favoritos. En contraste, señala que España pasó por un trago amargo. La defensa de Cabo Verde, según la carta, ejerció virtuosismo al endurecer la pierna sin cometer faltas, evitando tiros libres. El mejor jugador del partido —algo raro en un deporte enajenado por los goles— fue el portero Vozinha, de cuarenta años, formado como electricista. Villoro agrega un dato sobre el impacto mediático: en 90 minutos de partido, pasó de 56 mil a cuatro millones de seguidores en Instagram.
El trato de España con la pelota le recuerda una historia que el colombiano Álvaro Cepeda Zamudio se proponía filmar y que acabó en el cementerio de los guiones: unos pescadores encuentran a un ahogado en el mar y llevan el cuerpo de casa en casa esperando que alguien lo reconozca para darle sepultura; nadie sabe quién es y, cansados de buscar un destino para el cadáver, lo devuelven al mar. Villoro compara esa situación con España, que no encontró rumbo para el balón que tanto retuvo.
Portugal fracasó de otra manera ante el Congo, al que se le atribuye jugar “al tú por tú”. También llama la atención que el melancólico país del fado pierda los papeles al pisar el césped. En la tribuna, Pepe mira cómo Conceiçao y Semedo mantienen la tradición gamberra que hace feliz a Mourinho.
El mejor partido hasta ahora, de acuerdo con la carta, fue el Inglaterra 4-Croacia 2, con un inmenso Harry Kane. Se afirma que el Equipo de los Tres Leones necesitaba sufrir. Villoro agrega que el equipo se animó con el robo de sus uniformes y una noche junto a un tornado, y que su lema podría ser el de los viejos medicamentos: “Agítese antes de usarse”.
A continuación, retoma el comentario inicial sobre Estados Unidos: los gringos están tan orgullosos como tú de tener a Messi, y por esa razón la cadena Fox colocó un anuncio advirtiendo que el 10 no juega para Estados Unidos. El dato, para Villoro, sorprende poco si se considera un país donde, según el sondeo del Innovation Center for US Dairy, 17.3 millones de personas creen que la leche con chocolate viene de vacas marrones.
Finalmente, cierra con una idea: lo que fracasa en la realidad puede tener sentido en la cancha. Un crack no es una vaca cualquiera: da leche con chocolate.
Te abraza,
Juan.
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