El Mundial arranca en el Azteca con récords de participación y un contexto marcado por precios y restricciones migratorias

Imagen gracias a: El País (América)

El Mundial arranca en el Azteca con récords de participación y un contexto marcado por precios y restricciones migratorias

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La FIFA inicia el torneo más grande de su historia con 104 partidos y 48 selecciones, que se disputará principalmente en Estados Unidos (78 encuentros, incluida la final el 19 de julio). El certamen llega acompañado por el incremento de precios de entradas y polémicas por accesos y políticas antiinmigración que afectaron a Omar Artan, entre otros aspectos.

El Mundial de fútbol de mayor tamaño en la historia comenzó este jueves en el estadio Azteca con el partido inaugural entre México y Sudáfrica. El torneo, que también organiza Canadá, se desarrollará con predominio de sedes estadounidenses: 78 de los 104 partidos, mientras que el resto se repartirá entre los otros países participantes del calendario. La final está prevista para el 19 de julio.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, había señalado en mayo, en la sede en Nueva York de la ONU, que “todos los ojos estarán puestos en Norteamérica”, al destacar que, aun con diferencias, el Mundial reúne a un gran número de personas. En paralelo, el certamen se desarrolla en un contexto internacional complejo: el país anfitrión lanzó hace poco más de 100 días una guerra contra Irán junto a Israel sin aval de Naciones Unidas y mantiene un conflicto diplomático relevante con otro organizador como México.

El torneo también está marcado por el fuerte aumento de costos para acceder a los estadios. Con 104 partidos en lugar de 64 y 48 selecciones frente a las 32 de ediciones anteriores, el Mundial se presenta como el más mercantilizado. La empresa AceOdds calculó que seguir todos los choques de España requeriría que dos aficionados desembolsen al menos 61.000 dólares (unos 52.760 euros), de los cuales los tiques para los estadios representarían el 50%. En este escenario, el sistema de precios dinámicos de la FIFA, comparable al que aplican aplicaciones como Uber o Cabify cuando sube la demanda, elevó el costo de algunos billetes por encima de los 30.000 dólares.

Además, solo el 10% de las entradas está reservado para la grada básica, con un precio fijo cercano a los 60 euros. El resto se integra en el sistema de precios dinámicos aplicado en las 16 sedes del torneo, ninguna de ellas con un recinto de nueva construcción.

Las controversias no se limitaron a los boletos. La FIFA, que retiene una parte importante de los ingresos de los puestos de comida y bebida dentro de los estadios, rechazó inicialmente permitir que los aficionados ingresaran con una botella vacía para rellenar en fuentes, pese a las altas temperaturas previstas durante el Mundial. La reacción incluyó críticas que llegaron desde Olivia Chow, alcaldesa de Toronto, hasta Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, y Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido. Ante la presión, la organización encabezada por Infantino dio marcha atrás la semana anterior y autorizó que los fans entren con botellas de agua de plástico blando y desechable de hasta 590 mililitros, siempre que estuvieran selladas.

También surgieron protestas por el costo de hoteles, vuelos y transporte. Un ejemplo fue el precio de los billetes hacia el MetLifeStadium de Nueva Jersey, sede de ocho partidos, incluida la final: en el NJTransit, la red de transporte público del estado, costarán 105 dólares cuando el precio habitual es de 12,90. La FIFA no aportó financiación y las autoridades locales optaron por incrementar el importe para compensar el gasto que supondrá a las arcas públicas el traslado de decenas de miles de aficionados.

A las quejas económicas se sumaron consecuencias derivadas de la política antiinmigratoria impulsada por Donald Trump, con la actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) como eje de la polémica. Además de las amenazas de realizar redadas en las inmediaciones de los estadios para detener a personas sin documentación en regla, lo que motivó que más de un centenar de organizaciones civiles se manifestaran en las últimas semanas denunciando “graves violaciones de derechos humanos”, las restricciones aduaneras impactaron de forma directa en el torneo.

El colegiado somalí Omar Artan, que iba a convertirse en el primero de su país en arbitrar en una Copa del Mundo tras ser elegido mejor árbitro del 2025 por la Confederación Africana de Fútbol (CAF), fue “declarado inadmisible debido a problemas en el proceso de verificación de antecedentes” al aterrizar en Miami, y se le denegó la entrada. Somalia figura en la lista de países cuyos ciudadanos tienen prohibido viajar a EE UU, junto con Irán.

En el caso de Irán, el equipo que disputa dos partidos en Los Ángeles y otro en Seattle en la fase de grupos decidió montar su campamento base en la ciudad mexicana de Tijuana, para pisar el territorio estadounidense durante el menor tiempo posible. Además, el Gobierno de Trump, que el 28 de febrero lanzó junto a Israel la ofensiva Furia Épica contra la República Islámica, vetó la entrada de 15 de los 70 miembros de la delegación iraní.

En este marco, la FIFA, con una relación especialmente cercana con Trump, busca consolidar una penetración más amplia en Estados Unidos, un mercado de 350 millones de personas. Si en la Copa del Mundo de EE UU de 1994 la organización logró que el país creara una liga nacional como la MLS, ahora el objetivo es que el soccer se acerque con más fuerza a deportes con mayor arraigo cultural como el baloncesto, el béisbol, el hockey sobre hielo o el fútbol americano.

Para ese impulso, el Mundial se presenta como el que se espera que sea el más visto de la historia, el que más ingresos genere por derechos televisivos y el que más millones destine a los clubes que hayan cedido internacionales. La FIFA anunció que repartirá 307,5 millones de euros, un 70% más que en 2022, entre los equipos con jugadores en el campeonato. Con el arranque en el Azteca, el torneo inicia su recorrido como un Mundial de récords, de opulencia y de excesos, en medio de polémicas por precios y por restricciones de entrada.

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