El Mundial 2026 como gran oportunidad financiera para la FIFA: el cálculo de beneficios y las dudas sobre el impacto en anfitriones

Imagen gracias a: El País (América)

El Mundial 2026 como gran oportunidad financiera para la FIFA: el cálculo de beneficios y las dudas sobre el impacto en anfitriones

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La FIFA y analistas económicos discuten el efecto económico del Mundial 2026 en Estados Unidos, México y Canadá: el organismo estima una mejora de 41.000 millones de dólares, mientras varios expertos consideran que la cifra podría estar inflada y que el principal beneficiado sería Gianni Infantino.

Más allá del componente deportivo, la Copa Mundial se ha consolidado como un gran negocio. El Mundial 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, busca convertirse en el mayor evento deportivo del planeta y, al mismo tiempo, en un impulso económico para las tres naciones anfitrionas.

El campeonato reunirá a 48 selecciones en 104 partidos durante 39 días, repartidos en 16 sedes ubicadas en los tres países. Es la edición con mayor cantidad de encuentros en un torneo de estas características, con expectativas de audiencia masiva para las televisiones que adquirieron los derechos y para los canales digitales que distribuirán la competición. Un informe de Bank of America estima que alrededor de 6.000 millones de personas, el 75% de la población mundial, seguirán algunos de los partidos a través de televisión, plataformas de streaming o redes sociales.

La FIFA, que dirige el fútbol mundial, centra su interés en el potencial económico del torneo. La diferencia con otras ediciones es que la inversión de los organizadores se considera mucho menor: los estadios ya estaban construidos y las reformas urbanísticas no tendrían el mismo protagonismo que en otros megaeventos, como suele ocurrir en los Juegos Olímpicos. En este contexto, Estados Unidos ha apostado por una organización apoyada en infraestructura existente.

Andrew Giuliani, comisionado de la Casa Blanca para el Mundial 2026, señaló que “Estados Unidos lo ha hecho de manera más eficiente que quizás cualquier otro país antes”. Explicó que el coste sería una fracción del que afrontaron otros anfitriones y argumentó que la infraestructura necesaria ya está disponible, ya sea el sistema ferroviario o los estadios. También comparó el enfoque estadounidense con el de países que, en el pasado, construyeron instalaciones propias.

Mientras que Qatar, Rusia o Alemania habrían destinado miles de millones a construir estadios nuevos o a mejorar el transporte y el entorno urbano para aprovechar el tirón del torneo, Estados Unidos habría recurrido a los grandes y modernos estadios del fútbol americano (NFL). En el país, el gasto se cifró en 1.200 millones de dólares: aproximadamente la mitad para reforzar la seguridad en 11 sedes; unos 500 millones para prevenir ataques con drones; y solo alrededor de 100 millones para mejorar el transporte en las ciudades anfitrionas.

El contraste con otras ediciones es notable. Brasil habría invertido más de 12.000 millones de dólares para el Mundial de 2014; Rusia más de 14.000 millones para el torneo de 2018; y Qatar habría aprovechado el Mundial de 2022 para impulsar un plan de infraestructuras que incluyó proyectos urbanísticos, transportes y estadios de alta gama. Aunque no se habló de una cifra oficial para el país del Golfo Pérsico, ESPN estimó la inversión en 220.000 millones de dólares, como la mayor de la historia del torneo.

En términos de impacto macroeconómico, el informe elaborado por la institución que dirige el suizo Gianni Infantino y la OCDE sostiene que el Mundial tendrá un efecto de 41.000 millones de dólares en el PIB de Estados Unidos, México y Canadá. Además, prevé la creación de 824.000 puestos de trabajo y un ingreso por impuestos indirectos superior a 9.400 millones de dólares para las arcas públicas en Norteamérica.

Dentro de ese escenario, el documento detalla que solo en Estados Unidos se generarían más de 17.000 millones para la producción nacional, se crearían alrededor de 185.000 empleos y los aficionados gastarían más de 11.000 millones de dólares en desplazamientos, alojamiento y consumo durante sus viajes para presenciar el Mundial.

Sin embargo, Victor Matheson, profesor de economía deportiva en la Universidad de Holy Cross, considera que esas cifras podrían estar “muy exageradas”. A través de un correo electrónico, sostuvo que las estimaciones de la FIFA deberían interpretarse como comunicados de prensa y no como estudios económicos serios. También advirtió que, aunque se vean grandes multitudes y muchos visitantes extranjeros, el dinero que gastan los aficionados estadounidenses en la Copa del Mundo sería dinero que no está disponible para destinarse a otros fines de entretenimiento.

Matheson explicó que los recursos del Mundial se redistribuyen donde se gasta el dinero, pero ello no implica necesariamente un aumento total del gasto en la economía. Añadió que es probable que los visitantes extranjeros sustituyan a turistas habituales en las ciudades anfitrionas. Finalmente, señaló que buena parte del dinero gastado en Estados Unidos por el evento no se quedaría en el país, ya que gran parte lo recauda la FIFA con entradas y acuerdos con patrocinadores, además de los beneficios de grandes corporaciones internacionales que contabilizan esas ganancias lejos de donde se juegan los partidos.

Kevin Daily, analista de Goldman Sachs, coincidió en la idea de que, pese a ser el mayor evento deportivo y comercial del planeta, el torneo no tendría necesariamente un gran impacto en las cifras macroeconómicas. La estimación es que su efecto sería equivalente al 0,2% del PIB de Estados Unidos. Daily, junto con Mambuna Njie, analizó datos económicos e impactos sobre el PIB de todos los campeonatos mundiales desde el organizado por España en 1982 y sostuvo que una porción limitada del beneficio económico quedaría en las ciudades anfitrionas. También subrayó que el gasto de los aficionados suele venir a costa de otras actividades y que cualquier aumento antes o durante la final tiende a ir acompañado de una caída en las semanas y meses posteriores. Concluyó que el Mundial de 2026 no representaría un motor de crecimiento significativo para Estados Unidos.

En el plano del turismo, se mencionó que la hostilidad de Estados Unidos hacia los inmigrantes, los exabruptos del presidente y los precios de las entradas, vuelos y alojamientos, más altos que en otras ediciones, estarían reduciendo la llegada de visitantes frente a lo previsto. La FIFA había previsto que el 40% de los asistentes a los 104 partidos, unos cinco millones de aficionados, serían visitantes internacionales, pero las expectativas se habrían quedado cortas. Ebenezer Obadare, analista del Council of Foreign Relations (CFR), indicó que muchos viajeros expresaron reservas sobre viajar a Estados Unidos.

Un informe publicado por la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamientos (AHLA) en abril, dos meses antes del partido inaugural del Mundial entre México y Sudáfrica (2-0), advirtió que el 80% de los hoteles en las 11 ciudades estadounidenses tenía reservas inferiores a las previstas. La patronal hotelera señaló que los indicadores sugerían que el impulso económico anticipado podría no alcanzar las expectativas, al tiempo que mencionó tensiones políticas y el miedo por los problemas con visados.

Aunque el efecto económico en las ciudades podría no ser el esperado, el torneo sí se perfila como una fuente importante de ganancias para los organizadores. Matheson afirmó que el beneficio neto para Estados Unidos, México y Canadá, en menor medida por el menor número de partidos, sería mayor que en eventos anteriores. Argumentó que habrá más selecciones y más partidos, que los estadios en Norteamérica son más grandes y permiten una asistencia superior, y que las ciudades anfitrionas son grandes áreas metropolitanas capaces de albergar a un mayor número de aficionados. Todo ello, según el economista, con mayores beneficios y menores costes que en los últimos Mundiales, haría más probable un impacto neto positivo para los anfitriones.

Aun así, el dinero no se quedaría en las ciudades. Una parte relevante iría hacia la FIFA y hacia grandes multinacionales vinculadas al Mundial, incluyendo compañías de refrescos y cervezas, marcas deportivas como Adidas y Nike, y cadenas hoteleras y de alojamiento.

Sobre ingresos concretos de la FIFA, no existen cifras cerradas para el Mundial 2026, pero el organismo espera recaudar unos 9.000 millones de dólares este año según su presupuesto oficial. En entradas proyecta 3.017 millones, una cifra que triplicaría al Mundial anterior de Qatar, que dejó 930 millones. A esto se sumarían la venta de derechos de emisión a televisiones, el negocio por acciones de marketing y los derechos de explotación de licencias. Richard Sheehan, profesor emérito de finanzas y autor de Keeping Score: The Economics of Big Time Sports, estimó que el incremento por la venta de entradas permitiría a la FIFA superar los 15.000 millones de dólares en ingresos, según un análisis publicado en la BBC.

En este escenario, se considera que la gran ganadora del negocio del fútbol del Mundial es la FIFA. El organismo habría alquilado los estadios con un precio fijo y con condiciones ventajosas, y además gestiona la venta de entradas y las relaciones con patrocinadores. Matheson resumió el planteamiento al afirmar que “la FIFA se lleva todos los ingresos y traslada gran parte del coste a los anfitriones”, por lo que los anfitriones podrían hacerlo mucho mejor en el futuro.

Otra polémica destacada ha sido el precio de las entradas. Una búsqueda en Ticketmaster mostró que la entrada más cara para la final, que se jugará el próximo 19 de julio en el estadio MetLife de New Jersey, alcanza los 71.373 dólares. También se indicó que la entrada general no baja de 10.000 dólares, un coste que podría multiplicar por 10 los de la final de Qatar. Incluso el presidente Donald Trump deslizó que le parecían demasiado caras. “Claro que me gustaría ir, pero, para ser honesto, no lo pagaría”, dijo al ser preguntado si gastaría 1.000 dólares en asistir a uno de los partidos del fútbol.

La FIFA aplica un sistema de precios dinámicos: los importes se encarecen conforme aumenta la demanda, una estrategia que habría elevado de forma sustancial el precio final de las entradas. Gianni Infantino defendió la medida pocos días después en la Conferencia Global del Instituto Milken en Los Ángeles: “Estamos en el mercado del entretenimiento más desarrollado del mundo, por lo que debemos aplicar las tarifas del mercado”. Añadió que, aunque algunas personas consideren altos los precios, estos acaban en el mercado de reventa a un precio todavía mayor, “más del doble del nuestro”.

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