
Imagen gracias a: El País (América)
El costo de ir al Mundial en casa: el esfuerzo económico de los aficionados por ver a México
Con precios que se dispararon, reventa que alcanzó el millón de pesos y una demanda fuera de lo esperado, muchos seguidores tuvieron que reacomodar sus finanzas para conseguir boletos, viajes y hospedaje para la Copa del Mundo. Estas historias muestran el peso económico detrás del gran evento.
El Mundial de 48 selecciones, 104 partidos y organizado por tres países se presenta, para la mayoría de los aficionados, como el más difícil de alcanzar. La combinación de precios dinámicos, reventa que llegó al millón de pesos y una demanda desmedida dejó fuera de las gradas a buena parte del público que suele seguir el fútbol.
Atrás quedó la idea de un Mundial accesible para mochileros, hinchas que viajan por aventura, curiosos y locales. Aficionados que tradicionalmente llenan los estadios de la Liga MX —empleados de oficina, profesionales jóvenes o familias de clase media— tuvieron que hacer cuentas, renunciar a vacaciones, aplazar compras importantes y mantenerse atentos durante meses, incluso años, a las ventanas de venta para intentar asegurar un lugar.
Aunque la FIFA anunció boletos desde 60 dólares, los aficionados entrevistados en este reportaje no se toparon con esas tarifas. En su lugar, encontraron entradas con costos de decenas de miles de pesos o valores que se duplicaban y triplicaban conforme avanzaban las fases de comercialización. Frente a Rusia 2018 y Qatar 2022, el torneo en Norteamérica registró un encarecimiento de hasta un 800% en la compra de los boletos más económicos, dependiendo del momento de la venta.
Para muchos, asistir a un partido de la selección mexicana resultó imposible incluso viviendo en la ciudad sede. México recibirá apenas 13 de los 104 partidos del torneo, y además de la barrera económica, la obtención de boletos para esos encuentros dependía también de la suerte al ser seleccionado en sorteos.
Entre quienes sí lograron entrar —con un caso aparte para la élite económica mexicana— aparecen perfiles que ahorraron durante mucho tiempo o que se vieron obligados a cambiar el partido soñado por otra opción. En un Mundial cada vez más exclusivo, la hinchada mexicana siente que tendrá una presencia menor, aunque considera que también será de las más relevantes. “El Mundial es nuestro, no hay que permitir que nos quiten eso”, afirma uno de los aficionados que estará en la grada.
Carlos Morales, 32 años: “El fútbol es lo más importante de mi vida”
Originario de Iztapalapa, Ciudad de México, Carlos Morales es un apasionado del fútbol. A los 20 años juntó lo mínimo para un vuelo redondo con lo indispensable en la maleta y sin hospedaje reservado, con lo que llegó a Brasil 2014. Heredó de su padre, dueño de pollerías, la costumbre de hacer negocios, y esa primera experiencia mundialista le mostró una oportunidad: tejió redes en Facebook que hoy se convirtieron en un emprendimiento para planear viajes, eventos y paquetes de experiencias completas para aficionados mexicanos.
“Empiezo a ahorrar al día siguiente de que termina un Mundial para ir al siguiente”, cuenta. No recorta en gastos: “es un estilo de vida”. En Qatar gastó 200.000 pesos, incluyendo vuelos, hospedaje, comidas, conciertos y entradas a 10 juegos. Al comparar con el escenario actual, señala que “por la misma cantidad, apenas voy a ir a cinco juegos”, considerando que el torneo se celebra en su propio país.
A la fecha, ha desembolsado 160.000 pesos en entradas para todos los juegos de la selección en México, incluida la inauguración, a la que invitó a su padre. Solo esas entradas le costaron 55.000 pesos. También cubrió vuelos a Monterrey y Guadalajara, y aunque el año pasado pagó el mismo monto, entonces llegó hasta el otro lado del mundo. Reconoce el encarecimiento, pero no lo ve como un exceso: “El fútbol es lo más importante de mi vida actualmente. Mientras sea un gusto y no afecte mi vida cotidiana, nunca será un gasto excesivo”.
Con experiencia en logística relacionada con la FIFA, Morales atribuye los costos altos a la inclusión de Estados Unidos y a nuevas estrategias como los precios dinámicos. Asegura que el resultado deportivo no es lo central; su motivación principal es vivir un momento histórico en casa junto a su padre: “Si el mundial regresa en 20 años, tal vez mi papá ya no esté. Hay que aprovechar”.
Rodrigo Torres, 29 años: “Podría ser un exceso; para mí es una oportunidad única”
Rodrigo Torres, periodista deportivo de 29 años originario de Xalapa, Veracruz, convirtió su afición en profesión. Con base en Ciudad de México, cubre al Club América para TVC Deportes, pero nunca había asistido a una Copa del Mundo. Para él, el Mundial en casa era una oportunidad que no podía dejar pasar.
Ahorró durante un año sin vacaciones ni salidas, ni otros gastos, para conseguir boletos de cinco partidos: la inauguración entre México y Sudáfrica, fase de grupos en Monterrey, dos juegos de dieciseisavos de final y un partido de octavos en Ciudad de México. Hasta el momento de la entrevista, había gastado 47.315 pesos, incluyendo invitar a su madre a dos encuentros.
Sus gastos se enfocaron en traslados a Monterrey y en un ahorro de hospedaje, ya que se quedará en casa de un amigo. “Evidentemente es un lujo, un dinero que ya había destinado para este fin. Gracias a Dios es un gasto que no representa un desequilibrio para mis finanzas personales”, comenta. Conseguir los boletos requirió paciencia y algo de suerte: tras quedarse fuera en una de las preventas, esperó a la venta abierta. “El proceso no es fácil; se logró con un poquito de esmero, estando muy atento, y con un poquito de suerte para que el sistema te deje ingresar”.
Torres rechaza que el torneo sea cada vez más exclusivo y, aun así, reconoce el costo: “Es un Mundial elitista, no lo puedo negar, el costo es bastante alto”. Para él, el esfuerzo ha valido la pena: “Para muchos podría ser un exceso, pero para mí es una oportunidad única” de estar en una inauguración mundialista y compartirla con su madre.
Arturo Partida Vázquez, 28 años: “Este gasto es una inversión emocional”
Arturo Partida Vázquez, de 28 años, trabaja en una empresa de desarrollo de software y se define como un godín. Vive al sur de Ciudad de México y, aunque es aficionado al fútbol desde niño, nunca había asistido a un partido de un Mundial. Su plan era conseguir entradas para algún encuentro de la selección mexicana, pero los precios lo alejaron de esa posibilidad.
“La verdad, aunque me gusta mucho ir al estadio, lo más que hubiera pagado por un boleto de México eran 10.000 pesos”. Finalmente, la suerte estuvo de su lado en el primer sorteo de la FIFA: obtuvo cuatro boletos para el partido entre España y Uruguay en Guadalajara por poco menos de 5.000 pesos cada uno. Esos boletos después llegaron a triplicar su valor en las siguientes fases de venta.
Viajará con su novia y dos amigos. Entre boletos, gasolina, hospedaje y comidas calcula gastar alrededor de 20.000 pesos. “Este gasto se encuentra dentro de mis posibilidades, no es como que me vaya a quedar sin dinero por ir”, dice. También considera que los estadios se llenarán de gente capaz de pagar boletos de 30.000 o 40.000 pesos.
Aunque es un apasionado del fútbol, Arturo tiene claras sus prioridades financieras. Reconoce que en otro momento de su vida pagaría más, pero hoy prefiere destinar sus ahorros al enganche de una casa con su novia. Para él, las tarifas de la FIFA son excesivas y no le convence pagar sumas altas por 90 minutos: “Con eso me voy a Europa; mejor veo los partidos en un restaurante y me lo gasto en comida”. Su principal expectativa no es el resultado deportivo, sino el ambiente: “Los mexicanos siempre nos terminan decepcionando; voy más que nada por el ambiente”.
Aun así, afirma que no se arrepiente: “Para mí, este viaje es algo más emocional”. Más que buscar un marcador favorable, espera disfrutar el contexto, los aficionados y la experiencia de vivir de cerca una Copa del Mundo que durante años solo vio por televisión.
Emilio Sánchez, 28 años: “Voy más por la experiencia que por el nivel de juego”
Emilio Sánchez, licenciado en Contabilidad y Finanzas de 28 años, trabaja en el área financiera de una empresa estadounidense. Vive en Huipulco, a unos minutos caminando del Estadio Azteca, y desde hace años es aficionado fiel que sigue la liga mexicana, torneos internacionales y suele asistir a partidos del América.
La posibilidad de vivir su primer Mundial tan cerca de casa fue lo que lo terminó de convencer. “Hace cuatro u ocho años no estaba en las posibilidades de asistir a uno por mis propios medios”, explica. Con una situación económica más estable, decidió intentarlo, aunque no tiene certeza de poder ver a la selección mexicana. Su inversión para un juego es un salto de fe: compró dos boletos para un posible partido de dieciseisavos de final en Los Ángeles, con la esperanza de que México avance como segunda de grupo.
Pagó 15.000 pesos por cada entrada y calcula que, entre vuelos y hospedaje para él y su novia, el viaje podría sumar otros 25.000 pesos. “La gran mayoría ha decidido no comprar ni ir”, comenta sobre sus amigos aficionados. Aun así, mantiene la ilusión de vivir su primer Mundial: “Voy más por la experiencia de un mundial que por el nivel de juego”. Si México llega a ese partido, el viaje tendrá un significado especial; si no, aún no define si hará las maletas.
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