Los altos precios del Mundial 2026 obligan a muchos aficionados a recortar en otros gastos

Imagen gracias a: El País (América)

Los altos precios del Mundial 2026 obligan a muchos aficionados a recortar en otros gastos

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La FIFA ha convertido el torneo de 2026 en un esfuerzo económico notable para el aficionado medio, con billetes y desplazamientos que disparan el coste total del viaje.

Adrián Núñez (Langreo, Asturias, 40 años) sigue a España en casi todos los grandes torneos desde la Eurocopa de Francia de 2016. Para el Mundial de 2026 logró entradas en diciembre, en la primera ronda reservada para los socios de cada federación. Se trataba de los asientos más baratos disponibles, aunque con cupo muy limitado y ubicados en las esquinas superiores de los estadios. Su plan contempla asistir a los dos primeros partidos de España en fase de grupos, ambos en Atlanta, y desplazarse en coche de alquiler desde Miami. Para reducir el impacto del gasto, se alojará en ciudades cercanas con precios más bajos.

Los aficionados consultados describen los precios con términos como “desmedidos”, “desorbitados” y “abusivos”. En la fase de grupos, algunos partidos alcanzan precios superiores al salario mínimo mensual en España, que es de 1.221 euros. Además, el organismo introdujo una nueva tarifa de asientos de “primera fila”, puesta en marcha tras las primeras rondas de venta, y que generó indignación entre quienes consideraban que ya habían conseguido las mejores ubicaciones dentro de su categoría.

La diferencia con otros Mundiales ayuda a dimensionar el salto. En Qatar, la categoría más cara rondaba los 1.600 dólares, mientras que en Rusia se situaba en torno a 1.100. Para esta edición, esa misma categoría pasó a 8.680 dólares. Con el sistema de precios dinámicos, que cambia según la demanda, llegaron a superar los 30.000 dólares.

Adrián Núñez resume así la sensación que le transmite el proceso: “Tenemos la sensación de que la FIFA trata de exprimir al aficionado y conseguir el máximo beneficio posible sin que podamos disfrutar de verdad el mundial”. En la última Eurocopa había ido a siete de los ocho partidos que jugó España; ahora se conforma con dos. También valora que el calendario no les haya llevado a destinos como Boston o Nueva Jersey, donde los estadios están en las afueras y el traslado resulta carísimo.

Si el precio de las entradas ya supone una carga, el acceso a los estadios se convirtió en otro motivo de conflicto. NJ Transit, la red de transporte público de Nueva Jersey, llegó a anunciar un billete de 150 dólares de ida y vuelta en tren desde Manhattan (Penn Station) hasta el MetLife Stadium, sede de ocho partidos, incluida la final. Frente a los 12,90 dólares que cuesta habitualmente el trayecto, la cifra provocó reprobación, y el precio se redujo a 105 dólares. También se modificó el servicio de autobús, que pasó de unos 80 dólares iniciales a 20.

Detrás de este problema existe una disputa entre el Gobierno de Nueva Jersey y la FIFA. El organismo de fútbol no habría aportado financiación para atender a unos 40.000 aficionados por partido, al considerarlo responsabilidad de las candidaturas locales. En los acuerdos firmados inicialmente en 2018 se contemplaba transporte gratuito, pero posteriormente ese punto fue dejado de lado.

Juan José Abascal (Toledo, 56 años), conocido como Curro, es presidente de la peña Furia Española y asiste a los partidos de la selección desde la Eurocopa de 2012. En Qatar tomó el relevo tras el fallecimiento, ocurrido un año antes, de Manolo el del Bombo, quien no pudo asistir por problemas económicos. Desde entonces, lleva su propio bombo a todos los partidos. Para este Mundial no se ha planteado quedarse fuera, pero sí muestra su descontento con los costes: “Los precios son prohibitivos. A las peñas nos han hecho un pack y lo hemos sacado más barato, pero no están pensando en el aficionado”. Para ajustar el presupuesto, dormirá en hostales o en casa de amigos y escogerá vuelos más económicos.

Con estas trabas, las críticas hacia la FIFA no se han hecho esperar. El organismo sostiene que la mitad de las entradas corresponde a categorías más asequibles: un 40% de “grada asequible” y un 10% de “grada básica”. Sin embargo, el otro 50% empuja el precio medio hacia arriba. El presidente, Gianni Infantino, ha señalado que la demanda fue altísima y se defendió con que “Hay entradas caras, sí, pero también hay entradas accesibles”. Lo que no mencionó es que, en la plataforma oficial, las entradas de reventa en algunos casos resultan más baratas que las que la FIFA vende directamente. Eso, según el planteamiento que se expone, afecta a quienes compraron con la intención de revenderlas a precios más altos.

Pedro Miguel Gómez De La Fuente (Toledo, 51 años), empresario hostelero y habitual en partidos de la Selección durante años, descartó el Mundial en cuanto conoció el precio de las entradas. Explica que con el trabajo se le pasó pedirlas a través de la peña y que decidió ir por su cuenta, pero afirma que “los precios que ponen son una locura”. Este aficionado ha asistido a varios mundiales y Eurocopas, aunque no suele acudir a la fase de grupos: “voy ya a la parte seria, cuando hay que mimar al equipo”. Por ello, sus referencias se basan en los partidos más decisivos. En la Eurocopa de Múnich de 2024 recuerda haber pagado la habitación de un hotel de cuatro estrellas a 150 euros y la entrada de la semifinal España-Francia a no más de 300. Concluye: “Yo manejo una vida agradecida, normal, pero con estos precios no me muevo. No voy a regalar el dinero por regalarlo”.

Otros ya plantean la posibilidad de un fracaso por esta estrategia de precios. David Suárez (46 años), aficionado santanderino, tiene entradas para España-Uruguay y le gustaría quedarse si España supera la fase de grupos. Para él, la FIFA reaccionará cuando vea las gradas vacías: “Cuando vean gradas vacías van a hacer algo, pero va a ser tarde porque sería perjudicial para los que lo hemos pagado antes”. Si su pronóstico se cumple, el Mundial más caro de la historia habría castigado precisamente a quienes, durante décadas, han llenado los estadios.

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