Costos del Mundial: el torneo que se recuerda también por su precio

Imagen gracias a: El Universo

Costos del Mundial: el torneo que se recuerda también por su precio

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Seguir a un equipo durante todo el torneo puede superar los 60.000 dólares al sumar entradas, vuelos y hospedaje. En la reventa, incluso un boleto premium para la final en Nueva Jersey llega a 30.000 dólares, con alzas fuertes en el transporte y un mercado que beneficia a quienes pueden pagar más.

Hay mundiales que se distinguen por sus goles. Este también quedará marcado por sus precios: el más grande, el más caro y el más mercantilizado de la historia del fútbol. Y, como en todo negocio, hay ganadores y excluidos.

Las cifras son contundentes. Distintas estimaciones señalan que acompañar a un equipo durante todo el torneo puede superar los 60.000 dólares si se consideran entradas, vuelos y hospedaje. En la reventa, hoy un boleto prémium para la final en Nueva Jersey alcanza los 30.000 dólares. El tren hacia ese estadio, que normalmente cuesta 12 dólares, se elevó hasta casi 100. Aun con esos valores, hay quienes lo pagan. En la jerga del mercado, esos aficionados se conocen como whales: hinchas de billetera infinita que sostienen la maquinaria de la FIFA mientras el resto observa desde afuera.

Con boletos a esos niveles, muchos optaron por ver el torneo desde casa, con el sillón, el televisor y la cerveza fría como protagonistas. Probablemente, la elección más razonable para la mayoría.

El panorama se percibió desde la ceremonia inaugural en Ciudad de México, cuando las entradas para ese evento llegaron a 4.000 dólares en reventa. En este Mundial, el sistema de precios dinámicos de boletos sin valor fijo, que suben o bajan según la demanda, funciona como ocurre con los vuelos o el Uber, convirtiendo cada partido relevante en una especie de subasta. En estudios sobre distribución del consumo en Estados Unidos se estima que el 10 % más adinerado de la población concentra el 50 % del gasto total, y los precios dinámicos aparecen como una estrategia.

A las afueras de los estadios también existe Mundial, y se celebra. Solo en la primera ronda, a los festivales de fanáticos FIFA se estima que llegaron dos millones de personas. El Zócalo en Ciudad de México, el Fair Park en Dallas, el histórico Coliseum de Los Ángeles y el Waterfront de Seattle se transformaron en puntos de encuentro gratuitos con pantallas gigantes, conciertos y ferias gastronómicas, donde el requisito principal es el amor por el fútbol.

La diáspora latina tiene un papel central. El aeropuerto de Nueva York registra un promedio de 60.000 turistas diarios, con hinchas ecuatorianos, colombianos y mexicanos que aportan color al torneo. Incluso el monumento a Rocky Balboa llegó a lucir la camiseta de la tricolor ecuatoriana en Filadelfia.

El contraste también se nota. Mientras en Dallas los bares se llenan de pasión, en Nueva Jersey algunos prefieren ignorar los goles para enfocarse en sus abundantes comidas y largas tertulias. La pasión por el fútbol, conocido como soccer, no parece ser una característica dominante en los locales de esa región.

Además, hay una tensión persistente entre la FIFA y los 16 gobiernos locales sobre quién asume los costos millonarios de seguridad, transporte y adecuación urbana de las sedes. Es una disputa que se mantiene en silencio y que varios alcaldes ya no intentan disimular.

En definitiva, el fútbol sigue siendo el rey de los deportes. Lo que resulta menos claro es si el pueblo, que históricamente fue su dueño, todavía puede pagar la entrada al palacio.

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