Cuba y la Copa Mundial 2026: pantallas en la calle como refugio ante los apagones

Imagen gracias a: El País (América)

Cuba y la Copa Mundial 2026: pantallas en la calle como refugio ante los apagones

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En La Habana, negocios y vecinos se organizan alrededor de televisores visibles desde la calle para seguir los partidos de la Copa Mundial de Fútbol 2026, mientras la isla atraviesa apagones, temperaturas elevadas y el impacto de un bloqueo energético y sanciones impulsados por Donald Trump.

Cuba se acerca al verano con una mezcla de calor, apagones y encarecimiento de la vida diaria. En ese contexto, varios habitantes encuentran en los partidos de la recién iniciada Copa Mundial de Fútbol 2026 un respiro temporal, especialmente en lugares donde la electricidad permite seguir los encuentros.

Desde enero, la isla enfrenta una presión que, según el artículo, proviene de Donald Trump: primero mediante un bloqueo energético y luego con un endurecimiento de las sanciones. El resultado ha sido la salida de decenas de empresas extranjeras, la paralización de la economía y un deterioro adicional de las condiciones de vida de los ciudadanos.

La pasión futbolera, sin embargo, no se ha apagado. Para acceder al Mundial, las personas recurren a diferentes vías: algunos intentan seguir los partidos a través de Tele Rebelde, canal deportivo oficialista que requiere electricidad para sintonizarlo; otros lo hacen por YouTube y otros canales alternativos. También han surgido numerosos locales privados que se han sumado a la ola mundialista.

En ciudades como La Habana, el servicio eléctrico funciona pocas horas al día; en otras provincias, el apagón puede extenderse hasta 48 horas sin luz. En ese escenario, ver un partido de fútbol desde casa implica contar con una fuente alternativa de energía o asumir el costo de trasladarse y consumir en un local privado. El artículo señala que, con un salario medio de alrededor de 6.000 pesos (menos de 10 dólares en el mercado informal actual), una entrada a estos espacios ronda los 600 CUP y una botella de agua los 500 CUP. Por ello, lo que ocurre en algunas esquinas del Vedado ofrece una imagen clara de cómo muchos cubanos se aferran a una pasión para sobrellevar la situación.

Auge del fútbol

En la céntrica esquina de 23 y 12, La Habana, aparece una lona con el logo de la FIFA colgada entre dos palmas, en un parque donde se venden camisetas de selecciones como la española y la de Argentina, además de almanaques, juegos de mesa, bebidas y snacks. Mientras avanza la tarde, un bar proyecta el partido en varias pantallas visibles desde la avenida. Afuera, un grupo de personas permanece reunido, siguiendo el encuentro entre Noruega e Irak. Dentro del local, el artículo describe que solo hay una mesa ocupada y que los camareros muestran caras largas.

Alberto Duverger (57 años), vecino de la zona, comenta que el “plan alternativo es el apagón”. Explica que las horas de electricidad le tocaron temprano y que ya no hay más servicio hasta el día siguiente, a menos que ocurra un “milagro”. Aun así, asegura que ver los partidos le permite olvidarse por un rato de lo que no tiene. Después, planea caminar por la avenida 23 hasta la esquina de Coppelia, donde, según cuenta, “han puesto un televisor en la entrada del cine Yara para ver los partidos”.

Con la caída de la noche, el artículo indica que el país queda prácticamente a oscuras, salvo aquellos lugares que pueden procurarse energía eléctrica o donde el gobierno la garantiza según sus prioridades. En la entrada del cine Yara, la pantalla reúne a unas 200 personas: de pie, sentadas en la acera o en un muro cercano. Algunos llegan con intención de ver el partido, otros simplemente pasan por el lugar y se quedan hasta el final. Visten camisetas de Messi, de la selección española e incluso del Madrid.

El encuentro Argentina-Argelia se sigue en medio de la oscuridad circundante. El texto señala que, con cada gol de Messi —a quienes corean como “hack-trick”— la esquina de la avenida 23 se llena de euforia, con expresiones y discusiones sobre fútbol entre quienes prestan atención a la pantalla.

El artículo también recoge una reflexión del escritor Juan Villoro: el fútbol ofrece una ilusión leve y transitoria de pertenecer a un colectivo. En el Vedado, esa idea se observa en el modo en que decenas e incluso cientos de personas intentan apartar por momentos sus problemas para vibrar juntas, conversar y acompañarse durante el disfrute de un partido, aunque Cuba no compita en el certamen.

Historia futbolera y preferencias en Cuba

El artículo remarca un dato histórico: Cuba nunca ha clasificado para un Mundial. Solo en 1938 participó en el tercer mundial de fútbol como país invitado y alcanzó los cuartos de final, donde cayó contra Suecia (8-0).

Para el periodista David Stirliz, que dirige y conduce el podcast La Terraza, el auge del fútbol en Cuba se vincula con la globalización y el desarrollo internacional de este deporte. Sostiene que el fútbol ganó fuerza porque las generaciones vieron a Cristiano, Messi y la rivalidad entre Real Madrid y Barcelona, lo que volvió el deporte más global. En su visión, Internet también contribuyó a ese cambio.

Stirliz, que lleva puesta una camiseta del Real Madrid durante el duelo Argentina-Argelia, añade que el consumo del fútbol aumentó con mayor intensidad a partir de 2006. Lo relaciona con el último gran resultado del béisbol nacional en un Clásico Mundial —con la aclaración de que en 2023 Cuba llegó a semifinales y perdió ante Estados Unidos— y con el deterioro progresivo de la calidad del béisbol en el país. También menciona una “ruptura generacional”, en la que los más jóvenes se sienten más atraídos por la industria del fútbol. Como ejemplo, afirma que en Cuba es más fácil conseguir una camiseta de fútbol de cualquiera de las 48 selecciones que compiten en el Mundial que una camiseta de béisbol del equipo nacional.

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