Cabo Verde escribió una gran epopeya ante Argentina y dejó sin premio al campeón reinante

Imagen gracias a: El Universo

Cabo Verde escribió una gran epopeya ante Argentina y dejó sin premio al campeón reinante

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El debutante Cabo Verde, con su fútbol valiente y su solidez defensiva, complicó durante 124 minutos a Argentina, vigente campeón. La selección africana logró igualar dos veces y estuvo a punto de dar el gran golpe en su primera experiencia mundialista.

Haciendo propia una idea atribuida al periodista argentino Ernesto Cherquis Bialo (1940-2026), la actuación de Cabo Verde ante Argentina merece un reconocimiento amplio: un homenaje nacido de la entereza y la valentía de un equipo que no se sintió menor frente a un rival con corona reciente.

Cabo Verde llegó al Mundial como un debutante sin el mismo despliegue publicitario que suele acompañar a selecciones con mayor peso mediático. Tampoco se presentó con el discurso temeroso de “Venimos a aprender”. Su historia institucional explica parte de la distancia: la Federación de Cabo Verde fue fundada en 1982 y se afilió a la FIFA recién en 1986, un dato que funciona como lección para los ecuatorianos y para el planeta futbolero.

El equipo representa a un conjunto de diez islas volcánicas ubicadas en el océano Atlántico, aproximadamente a 600 kilómetros de las costas de Senegal, en África occidental. Con 530.000 habitantes, Cabo Verde es uno de los países más pequeños del mundo en términos demográficos y, además, entre los más reducidos que han disputado una Copa del Mundo.

Durante 124 minutos, los caboverdianos mantuvieron en tensión a todo el entorno futbolístico. En el desarrollo del encuentro, por pasajes se percibió que un equipo sin experiencia mundialista podía dejar fuera al campeón vigente. Cabo Verde mostró buen fútbol apoyado en un arquero destacado y en una defensa sólida, con volantes de gran manejo y delanteros veloces y con recursos. En tramos largos, la selección africana se ubicó por encima de Argentina.

El partido tuvo un rasgo clave: Cabo Verde se sobrepuso dos veces a los goles de Argentina y, además, consiguió empatar a dos con un taponazo impresionante de Sidny Cabral.

Argentina, por su parte, no es la misma de Qatar. En este Mundial, su funcionamiento depende en gran medida de Lionel Messi, señalado como la superestrella capaz de ordenar al equipo, hacer jugar a los demás, generar opciones de gol y convertir. A esa dependencia se suma el aporte de Lisandro Martínez, autor de una asistencia y un gol. El resto del conjunto, especialmente los volantes, no logra sostener el nivel esperado.

También se mencionan las dificultades ofensivas de Lautaro Martínez, que en nueve partidos mundialistas apenas ha anotado un gol, y ese tanto fue de penal ante Jordania. Scaloni probó con Julián Álvarez, con poca presencia en el juego. En el análisis aparece la posibilidad de un cambio: José Manuel Flaco López, artillero del Palmeiras.

El gol de la victoria argentina llegó cerca del final, a los 110 minutos, casi de casualidad. Sin embargo, el empuje de Cabo Verde no se apagó: siguió yendo hacia adelante con todo mientras el campeón del mundo parecía necesitar que el árbitro pusiera fin al encuentro. Con este desenlace, Cabo Verde regresa con dignidad y orgullo.

Además, el recorrido del debutante deja un dato significativo: enfrentó a tres campeones del mundo y ninguno pudo derrotarlo en los 90 minutos reglamentarios. El resultado deja a Argentina con dudas, especialmente porque, sin Messi, el equipo se percibe demasiado “normal”.

En paralelo, el texto aborda el momento de Colombia, que continúa con paso de vencedores. El equipo funciona casi a la perfección, con un detalle que se señala como carencia: le falta un centrodelantero del estilo de Adolfo Tren Valencia o Víctor Hugo Aristizábal. Se destaca el rendimiento defensivo, remarcando que, junto con la de México, la defensa colombiana no ha recibido goles en los cuatro partidos jugados. En el centro, Dávinson Sánchez y Jhon Lucumí aparecen como impasables, seguros e iniciadores de ataques.

También se resaltan los laterales Daniel Muñoz y Johan Mojica, descritos como de los mejores del torneo. Se subraya su eficiencia en la marca, su capacidad para desprenderse como volantes y su llegada constante como punteros. Muñoz, además, figura como goleador. Se aclara que no se presentan como la mejor defensa del mundo, pero sí como una de las más sólidas del certamen hasta el momento.

Otro componente del buen nivel colombiano es la línea media. Se menciona la aparición de Gustavo Puerta, descrito como un acierto de Néstor Lorenzo como conductor, acompañado por Jhon Arias y por Jefferson Lerma, una de las revelaciones del Mundial. Se describe a Lerma firme en la contención y la recuperación, con proyección hacia adelante, gambeteando, acompañando a los delanteros y llegando a la portería contraria.

En cuanto a la creación, se señala que Puerta ha suplido el papel de creador de James Rodríguez, con un rendimiento discreto: se mueve, lucha y le pega bien a la pelota, pero marca muy poco y pierde movilidad. En los dos últimos partidos, el texto afirma que se vio mejor a Juan Fernando Quintero y plantea qué decisión tomará Lorenzo en el próximo compromiso.

El artículo también incorpora un apartado sobre arbitraje y polémicas en el Mundial, con una crítica dura a Croacia ante Portugal. Se cita a Josep Martí Blanch, en el diario catalán La Vanguardia, diciendo que Croacia se marchó del Mundial tras ser asaltada por un cartel de bandoleros arbitrales ante Portugal, y que la tecnología enmascara el crimen perfecto, calificando el robo como “robo digital”. Se interpreta además que el rostro de Luka Modric refleja tristeza, con el deseo colectivo de que siguiera en el torneo y el reconocimiento por sus 40 años de edad y 20 en la selección de su país.

Finalmente, el texto cuestiona el planteamiento de Portugal: se describe como un sistema en el que todos juegan, corren y pelean por el balón, menos uno. Ese rol se atribuye a Cristiano Ronaldo, parado como un tótem, esperando que le llegue un balón para retirarse antes de tiempo al camerino y cambiarse de ropa. Se remarca que no corrió, no marcó y no se movió para ningún lado, aun cuando el equipo cuenta con jugadores como Vitinha, Bernardo Silva, Bruno Fernandes y João Félix, obligados a esforzarse para servir a un jugador que cumple el papel de espantapájaros.

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