Un Mundial que convierte la geopolítica en espectáculo

Imagen gracias a: El Universo

Un Mundial que convierte la geopolítica en espectáculo

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Gianni Infantino y la FIFA impulsan un certamen con 48 equipos que, tras 90 de los 104 partidos, muestra una universalidad inédita. Cabo Verde y Curazao ya ocupan un lugar en el mapa, y reyes, presidentes y millones de aficionados siguen cada jornada.

Encanta este Mundial y se disfruta. La idea de contar con 48 equipos se ha consolidado como un acierto, y la evaluación en los hechos queda clara cuando se cumplen 90 de los 104 partidos: puede afirmarse que Infantino marcó un golazo. Chapeau, Gianni. Dieciséis países más viven la felicidad de estar y pertenecer. Gracias a ello entró Cabo Verde, una especie de Shrek, ese monstruo encantador que conquista las audiencias.

Este Mundial engordado adquirió una universalidad nunca vista. Durante 39 días se convierte en el epicentro del planeta. No existe un evento de mayor magnitud, de ninguna índole: es una cumbre geopolítica. Ahora se sabe dónde queda Cabo Verde y qué es Curazao. Los reyes y presidentes asisten a los partidos de sus selecciones. Los Gobiernos declaran feriado nacional tras una victoria épica. Millones de personas acuden al torneo y pagan fortunas para verlo.

La humanidad se engancha al televisor para seguir encuentros incluso cuando su selección no juega. En muchos países, la gente programa su día en función de los cotejos y se vuelca a favor de unos u otros: “A mí me gusta Noruega con sus remeros vikingos”, “Yo le voy a Congo”. No hay ateos en esta religión. Antes los mundiales también generaban una expectativa enorme, pero no con este nivel. Se disputan naciones más que selecciones.

Ningún resultado está predeterminado. Se abre un escenario cada vez más plausible en el que un africano, un asiático o algún equipo de Concacaf pueda llegar a la final (¿por qué no México o Estados Unidos?). Los afrodescendientes ya representan el 35 % exacto de los protagonistas, y la tendencia va en aumento por una percepción clara: tienen mayores virtudes atléticas y el biotipo perfecto.

Los arqueros están fenomenales y el puesto avanzó de manera extraordinaria. Sin embargo, los goleadores también encuentran la forma de convertir. Se observa un fútbol atractivo en escenarios colosales y el juego ultradefensivo aparece como un anacronismo.

Estados Unidos cuenta con toda la infraestructura. Podrían encargarse un Mundial para dentro de quince días y lo harían, aunque por elefantismo no sea el país más adecuado para un campeonato. Se supone que España, Portugal y Marruecos serían más favorables, más apiñados. Aun así, más que nunca el Mundial es para la televisión: la caja mágica lo muestra todo hermoso y gratis.

Cuando arrancó Colombia, todavía se estaba conmocionado por el extraordinario Argentina 3 - Cabo Verde 2, partido histórico que ya está en la galería de los grandes sucesos mundialistas. Por Cabo Verde, un pelotón heroico, valiente y tenaz, debió enfrentar a tres campeones mundiales en su debut: España, Uruguay y Argentina. Empató con los dos primeros y le dio un susto monumental al tercero.

Argentina todavía sigue en competencia. Enfrentó a un grupo de islitas de 483.000 habitantes que, con suerte, juntó once, pero se plantó ante el campeón. Cayó guerreando, sin achicarse ni desanimarse, y prestigió la competición. El duelo fue dramático, cambiante y casi increíble: Vozinha y sus amigos frente a Messi. Los dos mejores del campo, 40 y 39 años. Geniales ambos. Este es el Mundial de los arqueros y de los africanos.

Pase lo que pase de aquí en adelante, Josimar José Évora Dias Vozinha ya queda como el héroe de este Mundial. Con 40 años, sin club y una cotización de 50.000 euros, tocó el cielo del fútbol. Una o dos generaciones lo tendrán en la memoria. Antes del Mundial tenía 45.000 seguidores en su cuenta de Instagram; el sábado, al mediodía, ya sumaba 23 millones y crecía a un ritmo vertiginoso.

Vozinha simboliza a los extraordinarios guardametas de esta Copa del Mundo. Alguno será campeón, pero la capa se la llevó Vozinha al África. Todo es genuino, limpio y sin marketing: cero mediatización, mérito puro. Llegó a Estados Unidos en el anonimato total y el reconocimiento se lo ganó por su capacidad, su coraje y su empatía con el juego y con su equipo.

A los pocos minutos de Argentina-Cabo Verde comenzó Colombia-Ghana, y se imaginaba una Ghana complicada ante el cuadro de Lorenzo. Ghana había hecho tablas con Inglaterra, pero estaba lejos de Cabo Verde en el mapa y en la cancha. El resultado fue triunfo colombiano, el tercero en el torneo, que debió ser cuatro porque fue claramente superior a Portugal.

Colombia necesitó el 1 a 0 para desatar la alegría, porque fue mejor que su rival y porque le aseguró el pase a octavos de final. Hasta ahí, el 1-0 resulta corto en el marcador, pero completo en su mensaje: la victoria no se dudaba por la imagen dejada en los compromisos previos. La novedad fue que volvió a ganar con autoridad, sin sobresaltos, con funcionamiento colectivo, como lo hacen los verdaderos equipos de categoría, sin depender de nombres providenciales.

Camilo Vargas pudo dedicarse a otra cosa: no le patearon ni una sola vez al arco. Solo ese dato refleja que el triunfo nunca peligró. No hubo remates porque la defensa y los medios defensivos construyen un escudo que lo impide. Se nota un andamiaje aceitado y una gran solidaridad defensiva.

El Lorenzo Team está armado de atrás hacia adelante, trabaja bien los partidos y transita con velocidad de defensa a ataque, especialmente por las bandas. Tiene dinámica e intensidad. Parabienes para el preparador físico: Colombia vuela. El que no vuela es James Rodríguez, ya que no está bien físicamente y camina; el conjunto lo siente y le falta creación.

Aun así, hay un dato inquietante: veinte selecciones, incluso varias ya eliminadas, marcaron más goles que Colombia. Es el mismo problema de Ecuador. Las jugadas de riesgo generan peligro, por vértigo o por movimientos tácticos, pero el problema es de definición. John Córdoba (se despidió del Mundial por su lesión), Luis Suárez y Cucho Hernández, sus tres centrodelanteros, no han convertido en cuatro partidos. Lucho Díaz, que no tuvo su día ante Portugal, tampoco lo tuvo contra Ghana: eléctrico como siempre, pero también errático, apurado y fallón; tuvo dos clarísimas ante el buen arquero ghanés y definió mal. Además, tampoco generó situaciones.

La diferencia entre Colombia y los equipos considerados favoritos está en el hombre gol. La tabla de artilleros muestra a Messi con 7, Mbappé con 6, Haaland y Harry Kane con 5, Dembelé, Oyarzábal y Vinicius con 4, y Manzambi (Suiza) y Quiñones con 3. (Qué bien le hubiese venido Quiñones a Lorenzo: es una bomba en México…). El primer goleador de Colombia —Daniel Muñoz— figura en el puesto 35 con 2 anotaciones. Todavía no es una situación crítica, aunque titila una luz roja.

Las ganas y la entrega de todos los jugadores contagian: se nota compromiso, deseo y amor a la camiseta. Hay buena vibra entre ellos y con el técnico. Un dato clave es que el que sale reemplazado lo abraza: Lorenzo extrae lo mejor de cada uno. Es un individuo simple y directo, y se nota en sus conferencias de prensa. Además, algo importante: sabe que la pólvora ya está inventada. No necesita ataques de director técnico, algo habitual en entrenadores exitosos.

Ahora le toca Suiza, una formación más organizada y de cuidado que Ghana. Tiene dos triunfos de mérito: a la rocosa Bosnia, 4 a 1, y a Canadá en Vancouver 2 a 1. Un equipo con gol, por lo que hay que tener mucho cuidado.

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