Austria no logró el milagro ante España en Los Ángeles

Imagen gracias a: El País (América)

Austria no logró el milagro ante España en Los Ángeles

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El combinado de Rangnick no pudo con la Roja ni con el ambiente cultural de Viena, que concentró gran parte de la expectación en la capital.

El ‘heavy metal’ de la selección de Rangnick no consiguió imponerse ni a la Roja ni al intenso protagonismo de la Orquesta Sinfónica de Viena, que en paralelo acaparó tanta o más atención en la capital.

Antes del partido, el Jefe de Estado, Alexander Van der Bellen, buscó motivar a la selección nacional con un mensaje dirigido a los padres austriacos en un vídeo publicado en sus redes sociales: “En nombre de vuestros hijos, dejad que se queden despiertos un poco más”.

La afición se reunió en los restaurantes del Prater, zona donde se ubica el estadio Ernst Happel, escenario de la Eurocopa 2008 en la que España se proclamó campeona ante Alemania. Allí, el Presidente Federal presenció el encuentro ante Argentina. Austria no disputaba un partido de eliminación directa en un Mundial desde 1954, y tampoco había avanzado a la siguiente fase de grupos desde los mundiales de 1978 y 1982. En Argentina, la selección vivió el Milagro de Córdoba; en España, la Desgracia de Gijón. Tras lo ocurrido contra Argelia, cuando Austria se salvó con un tanto de Sasa Kalajdzic en la última jugada, el escenario parecía dispuesto para la épica.

En ese contexto, también se extendieron las ucronías en formato documental. El cortometraje de inteligencia artificial Weltmeister, Oida! (¡Campeones del Mundo, oye!) de la productora audiovisual independiente Sequence Five se convirtió en un éxito viral. La pieza presenta a unos envejecidos David Alaba, Marko Arnautovic, Marcel Sabitzer y al propio Rangnick, que en 2056 relatan cómo se coronaron campeones del Mundial 2026. Sus rostros aparecen tallados en la roca de los Alpes, con un guiño similar al Monte Rushmore. En el relato, el demonio Arnautovic se presenta como el Jefe de Estado.

En los alrededores del estadio Ernst Happel, un aficionado repetía un sueño recurrente: que, ocurriera lo que ocurriera en las rondas posteriores, esos fueran los dieciseisavos en los que Austria venció a España y, también, a Paraguay, a Alemania. La referencia se apoyaba en la idea de los vecinos del norte que recorren los campings de la costa del Adriático con cuatro estrellas en la camiseta.

A pesar del entusiasmo y de la presencia de numerosas zamarras rojas, en Viena no se registraron concentraciones masivas. En el mismo Prater, el partido convivía con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Viena con Holly Hyun Choe, Teya, Rolando Villazón e Ilia Staple para despedir el curso antes de las vacaciones. Se escucharon Granada, de Agustín Lara, y La Aragonesa, compuesta por Bizet para su ópera Carmen. Los espacios verdes estuvieron ocupados por familias de picnic, al sol o a la sombra de la noria inmortalizada por Orson Welles en El tercer hombre. En ese escenario, el heavy metal de la selección de Rangnick no pudo con la Roja ni con la Sinfónica de Viena.

En el Museumsquartier, el foco cultural fue el escritor y dramaturgo búlgaro Dimitré Dinev, que llegó a Austria en 1990 como refugiado, tras pasar por el centro de acogida y tramitación de solicitudes de asilo de Traiskirchen. Tenía programada una lectura dramatizada de sus obras con su banda musical. En paralelo, el Partido de los Verdes ocupó el Stadtpark, uno de los parques más emblemáticos del primer distrito de Viena junto al Ring, con un concierto del grupo Hearts Hearts.

Mientras tanto, los analistas deportivos se preguntaban cómo podía Austria superar a España. De Lamine Yamal preocupaba su velocidad, pero sobre todo su aura. Herbert Prohaska, entrenador de la selección austriaca que cayó 9-0 ante España en Mestalla hace 27 años, afirmó en la televisión pública (ORF) que la clave pasaba por “quitarle la alegría a los españoles”. También pidió un fútbol con iniciativa: “Sería un error limitarnos a pensar a la defensiva, quedarnos atrás y no atrevernos a hacer nada. Lo complicaría aún más ante una selección tan fuerte técnicamente”.

Ralf Rangnick, técnico alemán de Austria, había señalado: “No podemos ser menos favoritos que en este partido. Probablemente perderíamos siete, ocho o incluso nueve partidos de cada diez contra España. Tenemos que asegurarnos de que este sea el décimo: el que ganamos”. En el césped del SoFi Stadium de Los Ángeles, antes del pitido inicial, se anticipaba un partido físico. Sin embargo, la velocidad en la circulación del balón y la intensidad en la presión las impuso España.

No hubo milagro ni desgracia en Los Ángeles.

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