Antonio Rattín, expulsión en el Mundial 1966 y legado que marcó el origen de las tarjetas roja y amarilla

Imagen gracias a: El País (América)

Antonio Rattín, expulsión en el Mundial 1966 y legado que marcó el origen de las tarjetas roja y amarilla

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El argentino, capitán de la selección en Inglaterra 1966 y figura histórica de Boca Juniors, falleció a los 89 años en Buenos Aires. En el cruce ante Inglaterra fue expulsado y su negativa a abandonar el campo alimentó una polémica que terminó asociada al nacimiento de las tarjetas roja y amarilla en el fútbol.

Antonio Rattín, capitán de la selección argentina en el Mundial de Inglaterra 1966, falleció este sábado a los 89 años en Buenos Aires, pocas horas antes del partido que la Albiceleste disputará ante Suiza por los cuartos de final de la Copa del Mundo 2026, en Kansas City.

Más allá de su condición de símbolo de Boca Juniors, club donde se consolidó como patrón del mediocampo entre 1956 y 1970, Rattín dejó un doble impacto en los Mundiales. Por un lado, fue el jugador que abrió la polémica deportiva entre Argentina e Inglaterra, una rivalidad que luego se agrandaría con el cruce protagonizado por Diego Maradona en México 1986. Pero su principal marca histórica se vinculó a lo ocurrido en 1966: tras ser expulsado en el partido ante la selección local, su caso terminó asociado al surgimiento de las tarjetas rojas y amarillas.

Rattín usó la camiseta número 10 de Argentina en aquella Copa del Mundo, aunque no era un futbolista de perfil ofensivo como Maradona y Lionel Messi, sino un mediocampista de corte defensivo. En el cruce por los cuartos de final ante Inglaterra, los ingleses ganaron 1-0 con gol de Geoff Hurst en Wembley y avanzaron a las semifinales del torneo rumbo a la única Copa del Mundo que conquistaron hasta entonces. De ese encuentro, sin embargo, se recuerda con especial fuerza la expulsión de Rattín.

En 2013, el propio Rattín reconstruyó lo sucedido. Explicó que su técnico le había indicado que, si el juez cobraba mal, pidiera un intérprete, ya que como capitán el reglamento lo amparaba. Afirmó que pidió un intérprete porque el árbitro alemán Rudolf Kreitlein, según su relato, cobraba a favor de Inglaterra y terminó siendo echado. También recordó que, tras el partido, Kreitlein se retiró escoltado por la policía local ante las quejas de los futbolistas argentinos.

Rattín también describió el episodio del tiempo que el partido permaneció detenido: sostuvo que salió, se sentó en la alfombra —que no sabía que pertenecía a la reina de Inglaterra— y, cuando se iba, comenzaron a tirarle chocolates. Añadió que luego pasó por la bandera inglesa en un córner y la estrujó, por lo que en lugar de chocolates empezaron a lanzarle latas de cerveza.

Con el paso del tiempo, la versión de la supuesta alfombra y la duración de su gesto de rebeldía se transformaron en parte de la leyenda. En el imaginario colectivo argentino quedó su testimonio de que gesticuló durante media hora contra Kreitlein, descrito por él como un árbitro alemán de físico magro y calvo, parecido al actor inglés Benny Hill. La escena del asiento y la interpretación como reivindicación patriótica reforzaron el relato popular.

Pese a esa narrativa, el escritor inglés Neil Clack, autor de Animals y que reconstruye la relación futbolística entre ambos países, planteó una lectura distinta. Interpretó que Inglaterra nunca se sintió atacada y que la Reina no estaba en el estadio. Además sostuvo que ni siquiera era una alfombra real, sino solo una alfombra; y señaló que en Inglaterra no se habló del tema. En esa visión, quien habría hecho nacer la rivalidad con Argentina a partir de ese partido no habría sido Rattín, sino Alf Ramsey, el técnico inglés.

Ramsey tomó protagonismo después del encuentro. Su equipo, tras mucho esfuerzo, le ganó a una Argentina que resistió con 10 futbolistas tras la expulsión de Rattín. Ramsey observó que uno de sus jugadores, George Cohen, se había sacado la camiseta para intercambiarla con el argentino Oscar Más e ingresó a la cancha para impedirlo. Le ordenó: “¡No vas a cambiar camisetas con esta gente!”. Según el relato, Ramsey estaba fuera de sí por considerar que los argentinos habían sido desleales y, en conferencia de prensa, trató de “animales” a los sudamericanos.

El caso de Rattín, ya sea por no haber entendido al alemán o por haber fingido no entenderlo, quedó ligado a un cambio en la historia del fútbol. La expulsión del capitán argentino derivó en la implementación de tarjetas amarillas y rojas. Antes de eso, los árbitros dirigían con palabras y gestos, lo que en algunos casos —como el de Rattín y Kreitlein— terminaba generando malentendidos idiomáticos.

Meses después del Mundial, con la polémica aún vigente, Ken Aston, encargado de los árbitros británicos, contó una anécdota sobre su idea de los tres colores. Conducía por Londres y debió frenar ante un semáforo en rojo. Recordó que pensó: “Amarillo”, puedes aún pasar; “Rojo”, significa alto, fuera del terreno. De acuerdo con su explicación, la FIFA no autorizó la tarjeta verde —mientras que en la actualidad se utiliza en el hockey sobre hierba como advertencia arbitral—, pero sí se aprobaron la amarilla y la roja para amonestar y expulsar. En el Mundial siguiente, México 1970, se utilizaron por primera vez.

Así, sin Rattín, el conjunto de hechos que rodeó su expulsión en Inglaterra 1966 no habría derivado en la implementación de las tarjetas amarillas y rojas que luego se aplicarían en los Mundiales.

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