21 ciudades de EE UU reclaman a la FIFA un nuevo reparto de gastos para el Mundial Femenino 2031

Imagen gracias a: El País (América)

21 ciudades de EE UU reclaman a la FIFA un nuevo reparto de gastos para el Mundial Femenino 2031

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Representantes de 21 urbes estadounidenses, incluidas siete sedes del Mundial 2026, pidieron a US Soccer impulsar una negociación con la FIFA para ajustar cláusulas financieras y de ingresos de cara al Mundial Femenino 2031, cuya candidatura conjunta de EE UU, Costa Rica, México y Jamaica es la única presentada.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, pidió a los periodistas que se centraran únicamente en el fútbol en la víspera de la inauguración del Mundial 2026, el mayor de la historia con 48 selecciones, 104 partidos y tres sedes: EE UU, México y Canadá. Su intervención tuvo lugar en el centro de prensa del Estadio Azteca, en medio de críticas por el aumento de precios de entradas y transporte público en algunas ciudades y tras la negativa del Gobierno de Donald Trump a dejar entrar en su territorio al colegiado somalí Omar Artan, uno de los 52 árbitros elegidos.

La idea de que el debate se limitara a lo deportivo quedó desplazada cuando 21 ciudades estadounidenses, entre ellas siete anfitrionas del torneo actual, solicitaron a la federación de su país “una negociación significativa de las cláusulas clave” orientada a modificar el reparto de gastos e ingresos con el organismo dirigido por Infantino para albergar el Mundial Femenino 2031. Para ese torneo, la candidatura conjunta de EE UU, Costa Rica, México y Jamaica es la única presentada.

En una carta cuyos representantes públicos de las 21 urbes redactaron con el objetivo de remitirla a JT Batson, director ejecutivo de US Soccer, se sostuvo que no existía “una vía clara para resolver la carga financiera que soportan las ciudades anfitrionas” y que no se habían presentado “propuestas concretas” para un marco viable sobre reparto de gastos, participación en ingresos o limitación de costes. El documento no llegó a enviarse, pero su contenido se elevó a la federación de Estados Unidos, que a su vez trasladó la queja a la FIFA.

Chris Canetti, presidente del comité anfitrión de Houston, explicó que la carta buscaba que las ciudades “reevaluar con la FIFA la situación y elaborar un acuerdo más preciso y equilibrado de cara al futuro”. Añadió que los contratos se firmaron para 2026 en 2018 y que “muchas cosas han cambiado desde entonces”, además de señalar la necesidad de revisar “quién gestiona qué, quién es responsable de qué y quién paga según qué cosas”.

Además de siete ciudades anfitrionas del Mundial 2026 que firmaron la carta —Seattle, Los Ángeles, Boston, San Francisco, Miami, Houston y Nueva York-Nueva Jersey—, el texto también contó con la rúbrica de Orlando, Phoenix, Baltimore, Charlotte, Chicago, Denver, Indianápolis, Detroit, Minneápolis, Cincinnati, Cleveland/Columbus, Tampa Bay, Washington DC y San Diego, todas ellas en la carrera por organizar la Copa del Mundo femenina 2031. Las cuatro anfitrionas de 2026 que no firmaron fueron Filadelfia, Atlanta, Kansas City y Dallas, aunque también se mostraron favorables a renegociar los contratos.

La FIFA sostiene su modelo de ingresos —en sus presupuestos cuatrienales— con partidas provenientes de derechos de retransmisión, patrocinio, venta de entradas y parkings. En contrapartida, el organismo asume el alquiler de estadios, las instalaciones complementarias para acreditaciones de prensa, los requisitos de suministro eléctrico y la infraestructura para la retransmisión televisiva. Las sedes, por su parte, se encargan de costes de seguridad, Fan Festivals —en algunas ciudades, como Houston, se celebran los 39 días que dura el Mundial—, transporte y adecuación de los estadios.

Para el periodo 2023-2026, el presupuesto de la FIFA fija que su inversión en la Copa del Mundo 2026 fue de 3.200 millones de euros. A partir de esa cifra, calcula ingresos de unos 8.000 millones, por encima de los casi 5.000 que obtuvo en Qatar 2022. Infantino busca que el Mundial, en el que se estima que habrá más de 6,5 millones de aficionados y con entradas que han superado los 30.000 dólares, sea también el que más dinero aporte a la organización, que defiende que al ser sin ánimo de lucro reinvierte esos recursos en el desarrollo del fútbol mundial. En ese sentido, la FIFA publicó un informe que cifra en 26.264 millones la inyección para la economía de EE UU, aunque las sedes cuestionan esa cantidad y aseguran en la carta que afrontan “importantes desafíos operativos, financieros y contractuales” derivados de los acuerdos vigentes para albergar la Copa Mundial 2026.

En Nueva Jersey, por ejemplo, los billetes hasta el MetLifeStadium —que acoge ocho partidos, incluida la final— en el NJTransit, la red de transporte público del estado, cuestan unos 100 dólares, frente a su precio habitual de 12,90. La FIFA no aportó financiación y las autoridades aumentaron el importe para compensar el coste para las arcas públicas del desplazamiento de decenas de miles de aficionados. Las 11 sedes del Mundial 2026 presionaron al Gobierno federal para que destinara 538 millones de euros a seguridad, mientras estados como Misuri, Georgia o Florida eximieron de impuestos la venta de entradas para que la FIFA escogiera a las ciudades de Kansas, Atlanta y Miami como sedes. Según expertos, la medida supuso unos 52 millones de euros en ingresos fiscales perdidos.

De cara a 2031, las ciudades reclaman un nuevo modelo de reparto de gastos e ingresos con la FIFA que no implique riesgo para las finanzas públicas. Aunque en el Mundial 2026 ninguno de los estadios es de nueva construcción, la adecuación a las normas del organismo también exigió millones de euros: solo en el MetLifeStadium se gastaron 32. También piden que el organismo participe en los costes de los Fan Festivals.

La candidatura conjunta para el Mundial 2031, liderada por EE UU —país donde el fútbol femenino tiene más peso por tradición que el masculino y cuya selección femenina es la más laureada de la historia—, estima que el torneo generará ingresos para el organismo presidido por Infantino de unos 3.450 millones de euros, muy por encima de los 490 del Mundial anterior, ganado por España y disputado en Nueva Zelanda y Australia en 2023.

Canetti resumió el planteamiento al afirmar que el objetivo de las anfitrionas para el próximo Mundial es “restablecer unos términos adecuados para el acuerdo y superar unas condiciones que han quedado obsoletas”, y añadió que “no es algo negativo ni conflictivo”.

Consultado por las quejas, un portavoz de la FIFA señaló: “La organización trabaja a lo largo de todo el proceso para tener en cuenta las necesidades locales y, en muchos casos, atender las solicitudes con el fin de lograr el modelo más sostenible posible para todas las partes involucradas”.

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