
Imagen gracias a: El País (América)
Wadim Rosenstein se perfila como candidato a la presidencia de la FIDE con un plan centrado en profesionales y en acercar el ajedrez
Wadim Rosenstein, alemán de madre rusa y padre ucranio, busca renovar la gestión del ajedrez mundial. Asegura que los jugadores deben dedicarse a jugar y que la organización y el trabajo de gestión corresponden a profesionales, además de impulsar el deporte mental y su llegada a más países.
El acaudalado alemán Wadim Rosenstein, de madre rusa y padre ucranio, aspira a la presidencia de la Federación Internacional (FIDE) con la intención de transformar la forma en que se gestiona el ajedrez a nivel global. Con 36 años, sostiene que su visión nace de su experiencia como jugador desde niño y también como mecenas, apoyada por el desempeño de sus empresas de importación, exportación y minería.
Rosenstein se ha mostrado activo organizando torneos en medio mundo durante los últimos seis meses. De cara a las elecciones del sábado, los pronósticos lo sitúan muy cerca del favorito, el kazajo Timur Turlov, y por encima del otro alemán, Jan Henric Buettner.
En sus conversaciones, Rosenstein insiste en que el ajedrez le ha enseñado a tomar decisiones acertadas como empresario, con rapidez y determinación. En esa línea, afirma sentir una obligación moral de promover el deporte mental en distintos ámbitos.
Uno de sus ejes es la inversión anunciada para las federaciones nacionales: plantea un desembolso de diez millones. De esa cifra, indica que de tres a cinco millones irían directamente a las federaciones, mientras que el resto serviría para construir una infraestructura que reúna los aspectos que, según su valoración, hoy resultan deficientes en la FIDE: comunicación, imagen y mercadotecnia, entre otros.
Sobre la influencia de la antigua Unión Soviética en la FIDE, Rosenstein rechaza centrarse en etiquetas sobre una supuesta “mentalidad” y defiende hablar de la necesidad de una correcta gestión, sin importar el contexto cultural. Para lograrlo, asegura que la tarea debe recaer en profesionales: los jugadores, según su planteamiento, deben concentrarse en jugar, mientras la gestión y organización del ajedrez deben estar en manos de expertos.
Consultado por la idea de que el ajedrez es demasiado difícil o reservado para personas muy inteligentes, Rosenstein afirma que el primer objetivo debe ser convertirlo en accesible para todo el mundo. Para ello, considera imprescindible contar con expertos que expliquen cómo puede mejorar la vida de una persona y la educación de los niños, además de contribuir a retrasar el envejecimiento cerebral.
En el ámbito educativo, sostiene que el ajedrez puede funcionar como una asignatura, pero no para sustituir otras, sino para elevar la calidad de la educación. A la vez, subraya que cada país debe adaptar esa propuesta a su realidad. También defiende que el ajedrez como deporte es formativo, por lo que debe existir un puente sólido entre su vertiente educativa y su práctica deportiva.
Respecto a Arkady Dvorkóvich, presidente de la FIDE hasta hace dos meses, Rosenstein señala que no quiere hablar de él. Sin embargo, indica que en su equipo hay personas trabajando con comités olímpicos nacionales, lo que facilitaría el enfoque para lograr que el ajedrez termine entrando en los Juegos Olímpicos. Añade que, si bien el logro exige respeto por la dificultad que implica ser gran maestro, eso no convierte automáticamente a quien lo logra en un experto en gestión y en sus diferentes áreas.
Sobre la variedad de modalidades actuales, con ajedrez clásico, rápido, relámpago, total chess, freestyle y otras, Rosenstein afirma que en principio apoya promover aquello que atraiga aficionados o genere novedades. Aun así, considera que el ajedrez clásico debe ser la prioridad principal por ser tradición: entiende que debe respetarse y mantenerse para evitar que la imagen del ajedrez colapse. También señala que, si se cuentan los campeones del mundo de todas las edades y de ambos géneros, existen alrededor de 150 campeones cada año, y sostiene que ese escenario requiere cierto orden mediante un debate profundo.
Finalmente, al valorar el crecimiento del ajedrez desde la pandemia, Rosenstein afirma que la FIDE no está preparada, pero expresa confianza en que lo esté “la próxima semana”. Menciona que, según los sondeos, cerca de 600 millones de personas saben jugar al ajedrez y que alrededor de la mitad de los seres humanos sabe lo que es. En ese contexto, sostiene que existe un margen enorme para convertir el ajedrez en una cultura en países donde apenas se conoce.
Leontxo García, además de periodista, figura como asesor de la FIDE en ajedrez educativo.
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