Lamine Yamal lidera la lista: cinco jóvenes con proyección para marcar el Mundial 2026

Imagen gracias a: El Universo

Lamine Yamal lidera la lista: cinco jóvenes con proyección para marcar el Mundial 2026

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A trece días del Mundial 2026, el análisis se centra en cinco futbolistas que no han estado antes en mundiales y que, por su talento y proyección, podrían convertirse en figuras. Lamine Yamal encabeza el grupo, seguido por Michael Olise, Anthony Gordon, Rayan Cherki y Lennart Karl.

Faltan solo trece días para que suba el telón del Mundial 2026 y, como suele ocurrir en estas semanas, el hincha plantea preguntas que el periodista no puede responder con certeza. Hay una idea que se repite: en el fútbol, la imprevisibilidad suele ser la clave. Un ejemplo histórico ayuda a entenderlo: Van Basten llegó a Italia 90 precedido de una reputación enorme. Holanda figuraba como candidata y él como la gran estrella, tras ganar dos Balones de Oro (1988 y 1989), ser goleador de la serie A en esos mismos años, conquistar la Eurocopa 88 y la Champions 89. Sin embargo, en el Mundial no convirtió un gol. Holanda, aun como superfavorita, quedó eliminada sin ganar partidos y solo pudo empatar con Egipto e Irlanda, equipos que estaban muy por debajo. Así es el fútbol.

Con esa premisa, sí se puede señalar un puñado de jóvenes que deberían brillar: jugadores que no han participado en mundiales anteriores. En el primer lugar aparece Lamine Yamal (19 años el 13 de julio). Se lo considera el futbolista con mejor proyección para ser número uno del mundo, hacerse con el Balón de Oro y sostener un nivel alto durante al menos una década. Se destacan su técnica, una gambeta impredecible, su capacidad como pasador y su atrevimiento, con personalidad para sostener la fama sin achicarse. Además, se remarca el contexto: el equipo que lo rodea y el estilo de juego que practica España. Para muchos, es el mayor surgimiento de los últimos años.

En un escalón cercano se ubica Michael Olise (24), el francés que milita en el Bayern Munich. Comparte con Lamine un perfil parecido: zurdo como extremo por derecha. Sus rasgos remiten a la misma idea futbolística que se asocia al jugador del Barcelona: habilidad para salir con amagues, salida para el otro lado, participación en la creación de ataques y también definición. Se señala que, al igual que Lamine, su forma de concretar incluye pegarle combado al segundo palo después de la gambeta. Olise es presentado como el gran fichaje del Bayern junto al de Harry Kane. El paralelismo no se queda en lo estilístico: en las últimas dos temporadas, ambos marcaron 42 goles. En asistencias, Olise suma 48 mientras Lamine registra 38.

Luego aparece Anthony Gordon (flamantes 25), que acaba de firmar por el Barcelona, pagando 80 millones de euros. Se lo describe como el inglés con mayor promesa. Se mencionan sus cualidades ofensivas y su capacidad para generar peligro: habilidad, enganche, freno, uno contra uno y velocidad cuando sale del rival. También se destaca su remate, su capacidad para crear y definir, con 17 anotaciones y 5 asistencias esta temporada. Se subraya, además, su energía y una mentalidad agresiva que lo vuelve una pesadilla para los defensores por su manera de presionar y obligar al error.

Un escalón por debajo figura Rayan Cherki (23 en agosto), otro zurdo talentoso (también francés) del Manchester City. Como ocurre con Lamine y Olise, se mueve por derecha, aunque algo más hacia adentro, sin pegarse tanto a la línea. Se le atribuye incluso más fantasía que a los anteriores, aunque con menos gol. Se remarca que resulta difícil anticipar qué hará con la pelota: se lo define más como habilitador que como asistidor. En el análisis, se plantea que Mbappé podría aprovechar un festín si en la selección de Deschamps se le generan opciones a partir del juego de Olise y Cherki.

El quinteto se completa con Lennart Karl, el alemán de 18 años. Se plantea la incógnita sobre cuántos minutos le dará Julian Nagelsmann, pero se afirma que no le temblarán las piernas. Ya jugó 37 partidos en el curso, con 9 goles y 7 pases para gol. Se lo describe como un futbolista de juego profundo, ofensivo, rápido y decidido, con excelente remate y mucho carácter.

Aun así, el texto insiste en que puede haber más nombres, pero que nadie puede garantizar nada. Para reforzarlo, se recuerda el sensacional caso de Paolo Rossi en el Mundial 82, exactamente al revés del de Marco Van Basten. De los 528 futbolistas que participaron en aquel Mundial de España, quizá el que menos posibilidades tenía de destacar era Paolo, el centrodelantero italiano. No por falta de condiciones: ya había sido revelación y había marcado tres goles en Argentina 78, en una Italia que sedujo en esa edición, terminó cuarta y venció al campeón. La dirigía Enzo Bearzot.

Para 1982, Rossi convivía con una camada de intérpretes notables, considerada la mejor selección Azzurra de la historia, pero el equipo no terminaba de armonizar ni de convencer. Además, la primera fase fue muy pobre: tres empates. Bearzot, el técnico de “la buena pipa”, mantenía un enfrentamiento feroz con la prensa italiana, aunque con las ideas claras. Tras la Copa, tendría que pedir perdón de forma digna: al presentarse en la rueda de prensa posterior a la final, los periodistas italianos se pusieron de pie y le tributaron un aplauso sostenido y respetuoso. No hizo falta que hablara.

La polémica con el periodismo italiano venía de que ignoró a Roberto Pruzzo, atacante de la Roma que acababa de coronarse capocannoniere por segunda vez consecutiva (1981 y 1982), y en cambio convocó a Paolo Rossi, sancionado por dos años por el Totonero, el escándalo de apuestas clandestinas. Por ese caso fueron descendidos el Milan y la Lazio. A Rossi se lo acusó de amañar resultados. Al llegar al Mundial, Paolo solo había disputado tres partidos en dos temporadas, y el primero había sido 43 días antes del debut en el Mundial. Lo más inquietante del conjunto era que no tenía gol y que Paolo no veía red: en los tres empates ante Polonia, Perú y Camerún solo remató tres veces al arco. Italia hervía de indignación.

A pesar de la presión, Bearzot confió en él y, además, Rossi tenía personalidad para aguantar. En la península se escuchaban reclamos tras la ronda inicial: “Bien, con Pruzzo ya no se puede hacer nada (no había sido convocado), pero Altobelli sí está en Barcelona, ¿por qué no lo pone…?”, se repetía. Para colmo, Italia debía enfrentar en la segunda parte a Argentina y Brasil. Rossi llevaba tres años sin marcar para Italia y la situación se volvió explosiva, con acusaciones de capricho y de jugar con la ilusión de un país entero.

El partido contra Argentina lo dejó nuevamente en blanco. Luego tocó Brasil y la situación era insostenible. El commendatore volvió a apostar por “Pablito”. La noche previa, mantuvo una charla de 40 minutos con el jugador en su habitación. Al día siguiente, el cielo se abrió: Italia ganó 3-2 con triplete del goleador que no hacía goles.

Rossi recordó después la magnitud de la presión: “La presión a la que estaba sometido era volcánica”, afirmó años más tarde. Señaló que tenía la culpa de todo, que la prensa se volvió loca y que intentó ignorarlo, aunque reconoció que afecta.

También explicó que la confianza que recibió fue decisiva: “Mi confianza estaba por los suelos, pero la fe de Bearzot en mí no decayó. Eso fue fundamental. No sé si algún otro entrenador habría seguido optando por mí teniendo a un país entero encima dándole la brasa… El primer gol contra Brasil fue el más importante de mi carrera porque me devolvió la confianza en todos los sentidos del término. Un gol, cuando llega, es como maná caído del cielo para un delantero. A partir de ese momento, fue como si alguien en lo alto estuviese velando por mí. De repente, todo cambió. No me salía nada bien y luego me salía todo. Un gol puede cambiarlo todo. En mi caso, cambió hasta mi vida.”

El resultado fue contundente: Rossi se consagró campeón, se llevó el Botín y el Balón de Oro del Mundial y pasó a ser el ídolo de toda Italia.

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