El Tour de Francia vuelve al Pas de Peyrol: el recuerdo del accidente de Flecha hace 15 años

Imagen gracias a: El País (América)

El Tour de Francia vuelve al Pas de Peyrol: el recuerdo del accidente de Flecha hace 15 años

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Pogacar mantiene el maillot de amarillo en una noche especialmente calurosa durante el día de descanso y, en Lioran, descarta cualquier idea de revancha. El regreso al Pas de Peyrol reaviva el episodio de 2011 en el que un coche derribó a Flecha.

En el Cantal, entre quesos, vacas y montañas de perfil suave, el paisaje convive con contrastes que van del calor a la memoria de lo dramático. En ese entorno, el Tour de Francia regresa al Pas de Peyrol, una zona que, quince años atrás, fue escenario de un incidente recordado por el propio Flecha.

Aquel 10 de julio de 2011, en la novena etapa, Flecha se metió en la escapada con Voeckler, Hoogerland, Casar y Luisle, corredor del Rabobank. El día comenzó de forma positiva para el catalán: había logrado su mejor esfuerzo de 20 minutos registrado en TrainingPeaks y su entrada al grupo le salió con fuerza. Incluso rememora la influencia de un masajista italiano del equipo, que le decía que, si un ciclista tenía cara de “guapito”, era señal de que no estaba en forma, y que para ser ciclista era necesario mostrar un rostro demacrado.

En la ruta, Flecha recuerda una curva muy famosa conocida como viraje Bardet y un valle verde. En ese tramo, sin apenas presencia de público, un coche que lo adelantaba le rozó con el morro y lo derribó. El ciclista relata que estaba adelantando en una zona en la que no cabía y que, para evitar estrellarse contra un árbol, se dio espacio. Entonces vio el coche muy pegado a él, sintió el impacto contra el asfalto y cayó, mientras observaba cómo su bicicleta quedaba partida por la mitad y cómo Johnny quedaba clavado en la cerca, sangrando y gritando. Según su testimonio, no se detuvo nadie y no apareció ningún coche ni comisario.

Cuando consiguió reincorporarse, el coche del equipo se acercó y el director, Steven de Jomgh, le reclamó. Flecha asegura que no vio nada y califica lo ocurrido como surrealista. En sus movimientos descontrolados, botes y rebotes contra el asfalto, el impacto de Flecha terminó provocando que Hoogerland, lanzado con fuerza por el episodio, se estrellara contra una cerca con protección para las vacas. Además, el incidente rozó a Thomas Voeckler, que trastabilló pero no cayó, miró hacia atrás, vio el desastre y aceleró aprovechando el rebufo del coche que se marchaba.

La etapa terminó con Luis León Sánchez levantando los brazos como vencedor en la meta de Saint Flour y con Voeckler culminando la carrera vistiendo el maillot amarillo, que mantendría durante 10 días. Flecha sitúa el episodio en un contexto especial del Tour de 2011, con retiradas y cambios relevantes: Vinokúrov se retiró con la cadera destrozada, Wiggins rompió la clavícula y Cadel Evans llegó a París de amarillo.

Tras el accidente, Flecha llevó a cabo una reclamación jurídica. El proceso le costó más en abogados que lo recibido como indemnización, aunque remarca que no buscaba dinero: quería una condena ejemplar y la sensación de que se había hecho justicia. Señala que nunca se había condenado a alguien por una acción así en el Tour y que, tradicionalmente, se consideraba como un lance de carrera en el que no intervenía el código de circulación. Afirma que consiguió una respuesta que pudiera sentar precedente para el futuro.

Con el paso de los años, el corredor asegura que no tiene pesadillas ni recuerdos que lo persigan. Explica que el tiempo diluyó el impacto y que el tratamiento psicológico que recibió para superar el estrés postraumático fue clave. Detalla que durante un año tuvo mucho pánico a ir con el convoy de coches: bajaba el coche para buscar agua y luego no podía volver a subir. Aun así, afirma que “ya está más que pasado”.

Quince años después, cuando no llueve, el Tour vuelve al Pas de Peyrol y al Cantal, que se seca y pierde puntos en su candidatura de refugio climático para la emergencia que avanza. Ese ambiente también pesa en la jornada de descanso, con una noche especialmente calurosa que afecta a Pogacar y a Ayuso. Ambos se alojan en un hotel antiguo de grandes muros para conservar el calor y sin aire acondicionado. Josean Matxin, director del UAE, lamenta que intentaron instalar climatizadores portátiles, pero saltaron los plomos por falta de potencia eléctrica suficiente, por lo que tendrían que llevar también un camión generador.

Pogacar, sin detenerse demasiado en el tema, sale a soltar piernas en cabra contrarreloj y con el maillot UAE, el campeón del mundo apenas puede lucirlo algún día de carrera. En otro hotel, con categoría dos estrellas real y tres en el rótulo, duerme Jonas Vingegaard. El danés camina hacia volver a ser segundo por cuarta vez tras el monstruo esloveno, con un tiempo de 2m 42s en la general, correspondiente a una etapa perdida: la del Tourmalet.

Vingegaard no habla en términos de carrera, sino de su vida. Reconoce lo duro que es el ciclismo actual: muchos días fuera de casa, el tipo de hoteles en los que se duerme y la dificultad de mantener la motivación. “El año pasado pensé en retirarme”, comenta el danés, que cuando ve una cámara en carrera suele lanzar besos a su Trine y a sus hijos, y también besa su foto pegada en el manillar cuando gana una etapa o el Giro. Además, explica que una temporada incluye concentraciones largas de entrenamiento, y que ese ritmo alimenta los deseos de retirada de Pello Bilbao, Ion Izagirre o Mikel Landa. Vingegaard añade que, si le obligaran a llevar esa vida, la dejaría, y que como ciclista se vive con una dieta constante, pendiente del peso y con entrenamiento permanente, algo que pasa factura tanto física como mentalmente. Aun así, afirma que han dado un paso en la dirección correcta y que disfruta mucho más siendo ciclista, con más motivación.

En cuanto a la llegada a la estación de Lioran, el artículo remarca que hace dos años Vingegaard derrotó en un sprint a Pogacar por última vez, aunque entonces perdió el Tour. Pogacar no estaría esperando a Vingegaard, según su planteamiento, sino agazapado para golpearle de nuevo en un día de media montaña. Sobre la etapa en Lioran, Pogacar sostiene que será muy diferente a la de hace dos años, que será muy difícil controlar la carrera, la escapada y todo lo relacionado, y que no busca venganza ni nada por el estilo. También recuerda que, aunque no ganó, aquel día fue bueno.

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