La sanción del fútbol ruso frustra el plan de Andrea Pirlo de dirigir a Italia

Imagen gracias a: Primicias

La sanción del fútbol ruso frustra el plan de Andrea Pirlo de dirigir a Italia

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Andrea Pirlo vinculó su futuro al fútbol ruso y, tras la sanción que impide a Rusia competir desde febrero de 2022, tuvo que desistir de su aspiración de entrenar a la selección italiana. En paralelo, el país también quedó fuera del Mundial 2026, mientras mantiene la expectativa de una posible vuelta a través de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

Andrea Pirlo, aspirante a seleccionador italiano, terminó renunciando a su objetivo de dirigir a la Azzurra después de conectar su trayectoria con el fútbol ruso, un escenario que ya le ha costado a Rusia dos Mundiales y una Eurocopa en menos de cinco años de sanción.

Pirlo había entrenado durante una temporada a la Juventus (2020-2021) y, hace un año, firmó un contrato con el Dubai United, club de los Emiratos Árabes Unidos que es propiedad del empresario ruso Serguéi Lomakin.

Lomakin también es propietario del club ruso Ródina (Patria), que ascendió a la división de honor rusa y es entrenado actualmente por el español Juan Díaz Quinta. En su debut, Ródina cayó el sábado 25 de julio ante el Spartak Moscú (3-0).

A pesar de que Lomakin sostiene que no tiene relación con estos movimientos, Pirlo firmó en octubre del pasado año un contrato con la mayor casa de apuestas de Rusia, Fonbet. La compañía lo presentó como “una victoria para todo el deporte ruso”, y en el acuerdo se establecía su compromiso de representar a la empresa en el mercado internacional, participar en sus actividades y promover el deporte ruso.

Fonbet explicó entonces que era “extremadamente importante mostrar que, incluso en condiciones de total aislamiento, las estrellas mundiales están dispuestas a cooperar abiertamente con compañías rusas y ayudar a fomentar y popularizar el deporte nacional tanto dentro de Rusia como en el exterior”.

Viaje polémico a Moscú

En el marco del cumplimiento de ese contrato, el pasado 24 de mayo Pirlo viajó a Moscú junto a otra leyenda del fútbol italiano, Marco Materazzi, campeón mundial en 2006. Ambos participaron en una gala y firmaron autógrafos en el Día del Fútbol en las instalaciones del estadio Luzhnikí, sede de la final del Mundial 2018 entre Francia y Croacia.

También asistieron a la final de la Copa de Rusia, torneo patrocinado por Fonbet, entre el Spartak y el Krasnodar, con triunfo del primero, dirigido por el español Juan Carlos Carcedo.

El viaje generó críticas de políticos italianos y europeos. Materazzi se disculpó, pero las reacciones más duras llegaron especialmente del antiguo compañero de Pirlo en el Milán, el ucraniano Andréi Shevchenko. El Balón de Oro condenó lo sucedido y señaló que “sabían lo que hacían, pero de todas formas tomaron esa decisión (...) Tendrán que vivir con ello, es su elección. Por ahora, nuestra relación entra en pausa. Me dolió”.

Rusia queda sin luz al final del túnel

Con la sanción vigente desde febrero de 2022 por la guerra en Ucrania, los futbolistas rusos vieron el Mundial 2026 por televisión, igual que ocurrió con Qatar 2022 y con la Eurocopa disputada en Alemania en 2024.

La Unión de Fútbol de Rusia mantenía esperanzas de participar en la fase de clasificación para la próxima Eurocopa, pero el hecho de que el torneo se celebre en el Reino Unido e Irlanda —dos países que apoyan abiertamente a Ucrania— juega en contra.

También alimentaba el optimismo la decisión del COI de recomendar hace apenas tres semanas a las federaciones deportivas olímpicas permitir el retorno de los atletas rusos a las competiciones internacionales. Por ello, los deportistas rusos tienen opciones de acudir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, con el visto bueno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Aun así, no parece que el fútbol ruso —tanto selección como clubes— vaya a regresar mientras no concluya la conocida como “operación militar especial” en Ucrania, que Vladímir Putin quiere continuar “hasta la victoria final”.

El escenario más probable es que la suspensión del fútbol ruso se extienda hasta cinco años, en febrero de 2027, la misma pena que cumplieron los clubes ingleses en los años 80 por la tragedia de Heysel.

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