Girona: del tercer puesto en LaLiga y la Champions al descenso a Segunda tras una fuerte pérdida de valor

Imagen gracias a: El País (América)

Girona: del tercer puesto en LaLiga y la Champions al descenso a Segunda tras una fuerte pérdida de valor

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El Girona pasó de cerrar la temporada 2023/24 como tercero a debutar en la Champions League, pero el 23 de mayo de 2026 el empate ante Elche en casa confirmó su bajada a Segunda División. En dos temporadas, el valor de su plantilla cayó más de 200 millones de euros, reflejando el riesgo del modelo de gestión vinculado al City Football Group.

El Girona concluyó la temporada 2023/24 en tercera posición de LaLiga, por delante del Atlético de Madrid, y logró su mejor ubicación en los 96 años de historia del club. Al curso siguiente, el equipo catalán estrenó su participación en la fase de grupos de la Champions League. Sin embargo, el 23 de mayo de 2026, en la última jornada, un empate en casa ante el Elche selló el descenso a Segunda División. Ese mismo día también bajaban el Mallorca y se sumaba al grupo de descendidos el Real Oviedo, que ya había descendido.

Entre el hito deportivo de la clasificación europea y el desenlace de la liga doméstica, el Girona perdió más de 200 millones de euros de valor de plantilla. De acuerdo con Transfermarkt, el club pasó de 297,9 millones de euros en la temporada de la Champions a 68,6 millones en la actualidad.

La evolución del mercado no es la única que marca el cambio. LaLiga establece para todos sus clubes el Límite de Coste de Plantilla Deportiva, un tope de gasto en sueldos y fichajes según los ingresos reales de cada entidad. En el caso del Girona, el coste siguió una trayectoria con descensos sucesivos: 52 millones en septiembre de 2023, un máximo histórico de 94,4 millones un año después con la Champions ya disputada, 77 millones en marzo y 35,08 millones en el presente, cuando ya compite en Segunda. La caída registrada es la más pronunciada entre los tres equipos descendidos.

Pese a la magnitud de la pérdida, el club no se describe como arruinado. El proceso que aparece detrás de la cifra es el de un Girona que vendió mucho mejor de lo que compró, incluso antes de debutar en la Champions. En el verano de 2024, tras asegurar el billete europeo, el Girona vendió a su goleador, Artem Dovbyk, a la Roma por 41 millones, y a su capitán, Aleix García, al Bayer Leverkusen por 18 millones. Con ese movimiento, el club reinvirtió cerca de 50 millones en Krejci, Abel Ruiz y otros fichajes para afrontar el estreno continental.

En la temporada en la que ya jugaba la Champions, la permanencia se logró por un punto. Un año después llegó el momento de vender parte de lo incorporado recientemente: Krejci salió por 30 millones, el doble de lo que costó su fichaje, y además se transfirieron Miguel Gutiérrez (20) y otros jugadores, sumando 58 millones en total. En ese periodo, la reinversión cayó a 27 millones. El descenso se consumó al final de esa temporada.

Dovbyk, Krejci, Miguel Gutiérrez y Aleix García aparecen como las cuatro ventas más altas en la historia del Girona. Ya en Segunda, durante este verano, las salidas de Arnau Martínez, Joel Roca y Viktor Tsygankov han dejado más de 53 millones en caja, mientras que el club apenas ha gastado 4,4 millones en fichajes de perfil discreto.

Del once que terminó tercero en Primera apenas permanecen dos jugadores: el portero Paulo Gazzaniga, con contrato hasta 2027, y David López, que renovó hasta esa misma fecha pese a las lesiones. También sigue en el plantel Cristian Portu, aunque todavía no ha debutado.

El club rechaza la interpretación de una gestión ruinosa. En la rueda de prensa de balance de mercado, el director general, Ignasi Mas-Bagà, explicó que el precio de traspaso es el número bruto de la operación: no se cobra al contado salvo que exista una cláusula de rescisión, y a esa cifra hay que restarle la inversión previa en el jugador y su amortización contable. Aplicado al caso de Krejci, el planteamiento sería descontar de los 30 millones cobrados los 12 que costó su fichaje. “El dinero va al campo, aquí se reinvierte todo”, resumió Mas-Bagà. Según su versión, si se realiza esa resta en cada operación de los últimos siete años, el resultado acumulado ronda el cero.

En el plano accionarial, el Girona es propiedad, en un 47%, del City Football Group, el conglomerado respaldado por Abu Dabi que también controla el Manchester City. El resto se distribuye entre el fondo del boliviano Marcelo Claure (35%) y el Girona Football Group, la sociedad de Pere Guardiola (16%), hermano de Pep. El grupo reúne una decena de clubes en cuatro continentes bajo una lógica común: rotación de jugadores mediante cesiones, scouting compartido y una estrategia de compraventa a escala de grupo, no club a club. Aunque esa lógica no opera igual en todas partes, el Girona se benefició de ella en el pasado con cesiones de jóvenes del Manchester City que contribuyeron a construir la plantilla que llegó a la Champions.

El caso del Girona no se presenta como una prueba de que el modelo de multipropiedad esté roto, sino como un ejemplo de que, dentro de la misma estructura y con acceso al talento, un proyecto puede pasar de la Champions League a Segunda División en dos años. El riesgo, en ese escenario, lo asume el club en el terreno, no el grupo que lo controla desde fuera.

Aun con el golpe deportivo y económico, el Girona conserva un dato llamativo: sigue siendo el equipo con mayor límite de gasto de toda la Segunda División, por delante del Mallorca (34,69 millones). Devaluado, pero aún con el mayor margen dentro de la categoría, el club llega a una competición que se imaginó como una vuelta tras haber disputado la máxima competición.

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