
Imagen gracias a: El País (América)
La paradoja de Thomas Tuchel en Inglaterra: la pizarra no se traduce en el campo
Los internacionales ingleses priorizan el espíritu de equipo y la cohesión por encima de la obsesión por un fútbol más elaborado que Thomas Tuchel aspira a imponer.
Cuarenta años después, Inglaterra encara una revancha largamente esperada, asociada al recuerdo de Diego Armando Maradona y aquel episodio conocido como La mano de Dios. Maradona nunca pidió disculpas, algo que los defensores del purismo futbolístico consideraron un sacrilegio. En ese contexto, el sentimiento inglés de guardián del fair-play alimentó un revanchismo que, en el ánimo de los jugadores capitaneados por Maradona, se intensificó con el trasfondo emocional del conflicto de las Malvinas y con la contraofensiva marítima ordenada por Margaret Thatcher, que los futbolistas argentinos interiorizaron como un impulso para afilar el orgullo en los cuartos de final de México 86. La selección dirigida por Carlos Bilardo cargó con la memoria de aquellas imágenes de jóvenes soldados argentinos enviados a una derrota que se vislumbraba inevitable frente a una potencia mundial armamentística superior.
Para Inglaterra, la revancha se formula como una deuda histórica en los Mundiales. Ese ajuste de cuentas lo busca con un técnico alemán en el banquillo: Thomas Tuchel. Es el único superviviente de los tres seleccionadores extranjeros que se planteaban convertir a sus equipos en campeones del mundo entre las grandes favoritas. A la Brasil de Carlo Ancelotti la dejó fuera la Noruega de Haaland en octavos de final, y a la Portugal de Roberto Martínez la eliminó España en la misma ronda.
En Inglaterra, Tuchel vive una paradoja. Fue elegido como relevo de Gareth Southgate por su prestigio construyendo un fútbol sofisticado y con la pelota como seña de identidad. Hasta el momento, la apuesta en este Mundial se refleja sobre todo en la elevada posesión, pero con poco rastro de circuitos de balón o de movimientos que generen sorpresa. El trabajo analítico que Tuchel realiza durante noches enteras, conversando de fútbol con sus ayudantes, no termina de verse en el terreno de juego como él querría. Su capacidad para estudiar rivales es reconocida por colegas: Hansi Kleitsch, director de la cantera del Stuttgart, aseguró que “Tiene rayos X, sus planes de partido siempre funcionaban. Analizaba a los rivales y siempre encontraba soluciones gracias a su análisis”, aludiendo a cómo vio a Tuchel dar sus primeros pasos como técnico.
Parte de los internacionales ingleses trasladaron a sus periodistas una lectura del juego como algo simple: mover la pelota de lado a lado para llevarla a los extremos o buscar, cuando Harry Kane y Jude Bellingham cortan por la frontal del área, el balón por encima de la defensa del rival. Ante la falta de un juego más vistoso, los futbolistas ingleses justifican el enfoque con la idea de un grupo ensamblado como un bloque competitivo, volcado en la eficacia de Kane y Bellingham.
El madridista criticó el análisis de Tuchel después del partido con Noruega, en el que el técnico remarcó que el equipo jugó mal y tuvo suerte. El diez de los Pross valoró el triunfo colectivo sustentado en un esfuerzo físico exigente. “Quizá no sepa lo que es jugar contra Haaland, Odegaard, Sorloth y Nusa en estas condiciones”, señaló el volante madridista, reflejando el sentir generalizado del vestuario inglés. Madueke, en la zona mixta, también mostró desacuerdo cuando fue consultado por las palabras de Tuchel. “Es su opinión...”, respondió el extremo del Arsenal, que había sido sustituido por Saka por decisión del técnico en el descanso.
Más allá de discusiones personales, el mensaje de los jugadores apunta a que una selección no se gestiona como un club. Harry Kane, capitán del equipo, intentó apagar el fuego en público: “Cuando nos ve entrenar ve nuestra cohesión y de lo que somos capaces, especialmente con los jugadores que tenemos, nuestro estilo de juego ofensivo, nuestros duelos y nuestra técnica. Simplemente quiere ver esa versión de nosotros”. Con esa idea, Kane buscó evitar que antes de la gran batalla con Argentina el equipo se enfrente también a una guerra interna.
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