España celebra una nueva final tras superar a Francia en el Mundial

Imagen gracias a: El País (América)

España celebra una nueva final tras superar a Francia en el Mundial

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La victoria de España ante Francia desató una explosión de alegría en el país, con celebraciones en plazas y bares, gritos, abrazos y escenas de tensión que culminaron con el pitido final.

Los aficionados españoles no daban crédito a lo ocurrido tras la victoria ante Francia. El pitido final dejó al país en un estado de fulgor, una locura de alegría que, por unas horas, pareció borrar el pasado y el futuro.

En Madrid, en la plaza Santa Maria de la Cabeza, un grupo de siete mujeres de entre 63 y 94 años mantuvo su tertulia habitual, aunque este martes la semifinal del Mundial entre Francia y España se coló en la conversación. Begoña y Rosalinda, ambas por debajo de los 70, hablaban con entusiasmo y discutían posibles cambios en el once: Begoña planteaba una alineación con Borja Iglesias y Mikel Merino desde el inicio, mientras que su amiga defendía que Merino debía reservarse para el final. Las más mayores, en cambio, observaban con atención. Una de ellas, abulense de 90 años, recordó cómo el fútbol ocupaba un lugar central en su casa: “Si había partido, las mujeres a preparar los bocatas. Estaba agonizando y a encender la televisión para el fútbol. Muerto el perro, se acabó la rabia”.

La tertulia también tuvo su tono de siempre, mezclando mala leche, risa y pique. Una mujer de 84 años se animó a cantar a cappella y, como despedida, entonó un pasodoble de Pepe Hernández: “Y otro día más que nos queremos / Otro día más que estás conmigo / Otro día más que no sabemos / Si hoy es lunes o es domingo”.

Mientras tanto, la ciudad se iba transformando conforme se acercaba el partido. La línea 27 del autobús recorrió el Paseo de la Castellana con un tráfico asfixiante y el cabreo habitual de algunos conductores, pero a medida que el trayecto avanzaba se multiplicaban las camisetas de la Selección y la bandera rojigualda. En las calles se notaba la cercanía: aumentaba el silencio tenso, aparecían gestos para quitarse los nervios y cada persona buscaba su propio antídoto.

En torno a pantallas gigantes, la celebración se vivió como un fenómeno colectivo. A la altura de Colón, donde se ubicaba una de ellas, las celebraciones se extendieron por todo el país: desde Zaragoza, Valencia, Sevilla o Toledo hasta localidades como Estepa o Pozuelo de Calatrava. En todos esos lugares, las pantallas gigantes reunieron a la afición con el mismo objetivo: que España alcanzara por segunda vez en su historia la final de un Mundial.

En bares como el de Antón Martín, la necesidad de ver se impuso sobre cualquier conversación. El ambiente se concentró en los gritos, los aplausos y los comentarios, con el presente como protagonista. En ese contexto, el penalti ejecutado por Oyarzabal provocó un momento especial y, aunque algunos aprovecharon para sacar una foto, el júbilo terminó por imponerse.

La fiesta también se desbordó en la calle Ave María, donde el bar quedó directamente al aire libre, con sillas, mesas y una multitud alrededor. El ambiente festivo se convirtió en locura con el segundo gol de España, el de Pedro Porro: manos a la cabeza, abrazos y hasta un hombre que comenzó a correr por la calle extendiendo los brazos, como si buscara ganar velocidad para volar.

Con el paso de los minutos, se agolparon cada vez más personas. Cada vez que Francia se acercaba, los nervios se disparaban, como en el episodio en el que Unai Simón dejó la portería vacía con el 2-0. Las ocasiones francesas generaron sustos, pero España sostuvo la ventaja.

Entre el silencio, la tensión, los gritos y las reacciones nerviosas, el país siguió el desarrollo hasta el pitido final. Entonces, como si el tiempo se detuviera, llegó la confirmación: España alcanzó una nueva final tras superar a Francia.

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