Francia-España reaviva el debate sobre la identidad en un 14 de julio cargado de simbolismo en París

Imagen gracias a: El País (América)

Francia-España reaviva el debate sobre la identidad en un 14 de julio cargado de simbolismo en París

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En Barbes, uno de los barrios más multiculturales de París, jóvenes con distintas procedencias se reunieron para seguir el partido Francia-España en una proyección gratuita. El Ministerio del Interior desplegó alrededor de 70.000 agentes por el riesgo de altercados, especialmente si Francia lograba la victoria.

A más de una hora del inicio del encuentro, Lula M. y Nora A. formaron juntas una extensa fila para entrar en el centro de la juventud de Barbes, en uno de los barrios más multiculturales de París. Allí se proyectaría gratis el partido entre Francia y España. Aunque ambas asumían que el resultado sería difícil, acudían con la camiseta de su selección.

Nora, de 21 años, recordó que sus padres nacieron en Senegal y que su perspectiva está marcada por la polémica surgida tras el artículo del expresidente Mariano Rajoy, en el que se ironizaba con “la de esa Francia en la que no hay franceses”. En ese sentido, explicó que el punto de partida no es el lugar de nacimiento, sino el modo en que se construye la identidad: “Hay que cambiar la mentalidad, no de los políticos, sino de la gente, porque ser francés no tiene que ver con dónde has nacido, sino con el lugar donde has crecido, con tu lengua, con tu cultura y tus referencias”.

La fila, que daba la vuelta a la manzana y estaba repleta de jóvenes que esperaban acceder a la fanzone sin pagar los altos precios de las terrazas, reflejaba el carácter de la Goutte-d-‘Or, una de las principales arterias del norte de la capital. En sus calles conviven personas blancas y negras, magrebíes y mujeres con trajes africanos, además de otras con velo islámico.

Melanie Ibrahim y Kassim Ahamada Ali, de 20 y 27 años, junto con su grupo de amigos, también acudieron con la esperanza de ver ganar a Francia, país donde ellos nacieron aunque sus padres, a miles de kilómetros, proceden de las islas Comoras, en el Océano Índico. Ibrahim, por su parte, consideró que con España se enfrentaban a un rival a su altura, aunque admitió que podrían perder.

Desde esa misma idea de pertenencia, Melanie afirmó que la fortaleza francesa se observa en la mezcla presente en el barrio: “No somos blancos, pero todos amamos esta selección, aunque no gane. Vivimos aquí, pagamos impuestos y contribuimos a la economía. Somos franceses como todos los demás”. En referencia a la polémica de Mariano Rajoy, añadió que “todo eso empaña la imagen de España”, aunque sostuvo que “los verdaderos españoles no piensan así”.

Lenny Maboundou, de 22 años y de origen congolés, también defendió la idea de construcción compartida: “España tiene a Lamine Yamal, que, aunque tiene otros orígenes, es el mejor jugador de la selección española”. Y remarcó: “Nuestros padres y nosotros también hemos construido Francia”.

El partido de este martes reunía, además, una carga simbólica. Se jugaba el 14 de julio, día de la fiesta nacional, después del último desfile militar con Emmanuel Macron como presidente. Asimismo, se cumplía el décimo aniversario del atentado de Niza, en el que murieron 86 personas.

El peso del encuentro era alto también por el antecedente deportivo: en la última Eurocopa de 2024, Francia cayó ante España en semifinales, un antecedente que Nora resumió con la frase “Esta vez nos tocaba ganar”.

En paralelo, el Ministerio del Interior había desplegado alrededor de 70.000 agentes en todo el país ante el temor a posibles altercados, especialmente si ganaba Francia. Ese nivel de previsión se vinculaba a lo ocurrido en la final de la Champions de mayo, cuando se registraron más de 800 detenidos.

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