Mikel Oyarzabal, del “big foot” a la final del Mundial con España

Imagen gracias a: El País (América)

Mikel Oyarzabal, del “big foot” a la final del Mundial con España

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El futbolista de la selección que menos protagonismo viral tiene se convirtió en pieza clave para que España llegara a la final del Mundial, en una actuación colectiva que dejó atrás a la gran favorita.

Hablar de fútbol durante un Mundial puede volverse una actividad delicada: o se apuesta fuerte o todo lo que se publique corre el riesgo de pasar desapercibido. En ese contexto, el relato se centra en Mikel Oyarzabal, presentado aquí como el futbolista “menos viral” de la selección y, aun así, protagonista del gran salto del equipo hacia la final del Mundial.

La historia arranca cuando se conoció a Oyarzabal con apenas 18 años. El jugador llegó a Austria para una pretemporada con los mayores de la Real, junto a un grupo de futbolistas con los que compartía ese inicio de etapa. Se le describía con una imagen muy reconocible: cara de buen chico, pies grandes, pelo abundante y una timidez marcada. Apenas hablaba incluso para pedir el balón. Tras el primer entrenamiento, David Moyes comentó que se trataba de un jugador “bloody good”, y en poco tiempo el rendimiento sorprendió.

Xabi Prieto lo apadrinó desde el primer día, como si ya existiera una idea clara sobre su futuro. En el plazo de dos meses se convirtió en el mejor jugador del grupo y, once años después, el texto lo sitúa como el orgullo de quienes lo conocieron en aquella etapa. Se afirma que hoy es el líder de la selección y que va a ser campeón del mundo.

Esa proyección se apoya en el rendimiento del combinado español. El artículo sostiene que España no tiene rival jugando como lo hizo “la pasada noche”, y que el equipo se impuso a la gran favorita en las segundas semifinales de su historia con la contundencia de quien resuelve un partido ante un rival inferior, sin necesidad de sufrir. También se menciona que se había preparado un símil bélico con San Quintín y con Bailén, aunque no termina de encajar con lo visto.

El texto añade un matiz sobre la reacción del grupo a los halagos: considera que a estos chicos les resbalarán los elogios de estos días, del mismo modo en que les resbalaron las críticas tras el debut con Cabo Verde. Por eso, se deja una advertencia para quienes pudieran dudar de su excelencia tras un partido malo: se insiste en que, por naturaleza, son los mejores y que así de buenos son.

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