España exhibe una calma poco habitual y la sensación resulta desconcertante

Imagen gracias a: El País (América)

España exhibe una calma poco habitual y la sensación resulta desconcertante

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El autor analiza el España-Bélgica y destaca la templanza, la sangre fría y la paciencia del equipo, señalando que esa forma de jugar no encaja con el carácter tradicionalmente asociado a España.

Esa templanza, esa sangre fría y una paciencia tan marcada, acompañadas por un cálculo complejo de la situación, no parecen responder a una identidad futbolística estrictamente española. La impresión es que el equipo no se mueve del modo que su carácter suele sugerir.

La reflexión del autor arranca con recuerdos de Carmina Ordóñez y Lola Flores, instantes que le vienen a la memoria por su contundencia y por lo que revelan sobre la manera de ser. A partir de esas imágenes, plantea la idea de que hay elementos que uno puede prescindir si se conoce lo suficiente a sí mismo: trabajar, saber idiomas o asumir ciertas exigencias externas no siempre encajan con la esencia de cada persona. En ese mismo sentido, se pregunta por qué España tendría que actuar de una forma determinada y, especialmente, por qué un equipo que domina su propia identidad debería alterar su modo natural de jugar.

Esa comparación le surge al ver el España-Bélgica. En el partido, la selección se permitió no caer en nervios ni en ansiedad: no apareció una inquietud mayor en los jugadores que la que existía en las gradas, y tampoco se vio una presión física llamativa, con un ritmo desesperado o una urgencia desordenada en los tramos finales. La lectura del autor es clara: España iba de otra cosa, y ese comportamiento genera desconcierto.

En esa línea, el texto sostiene que, con la tecnología Xavi, que se vincula con las esencias y con la pureza del juego, incluso podrían intentar justificar una victoria contraria como una supuesta traición al ADN. Pero el artículo se detiene a cuestionar qué significa realmente ese ADN: ¿la furia o el tiki-taka? ¿Carmina, con su talento para no dar un palo al agua y construir una gran vida, o Lola, con un talento que llegaba hasta en el detalle? Y, sobre todo, ¿qué es España en el fútbol?

El autor afirma que la España que ve es nueva. No se parece a la selección de 2010 ni a la de 1994. Hay aspectos que podrían lucirse, como un preciosismo o un lujito, que no aparecen; y también hay decisiones propias de la supervivencia, como una carrera a ninguna parte o un bloque alto de presión, incluso con un enfoque que califica como divino o populista, que tampoco llegan. Además, insiste en un punto relevante: en todo el Mundial, la selección no ha ido por detrás en el marcador.

Esa España, vinculada a Delafuente, se presenta como una selección que podría hacer muchas cosas, como trabajar y hablar inglés, pero que ha decidido ser ella misma. Antes de perder la paciencia, se la hace perder al rival. El texto menciona el papel de Nuno Mendes exigido por Lamine hasta romperse los músculos por la repetición de los esprints, y el protagonismo de Courtois, que saca en largo una y otra vez, saltando la valla española, hasta quedarse inmóvil. La idea es que España insiste tanto al adversario que, cuando se acerca el minuto 90, el rival ya solo piensa por dónde recibirá el golpe.

También se subraya una situación concreta: si se lesiona el mejor portero del mundo y sale su suplente, Bélgica, el autor sostiene que un jugador de 19 años, defensa central, cuando supera la línea de centro del campo, lo que haría no sería otra cosa que intentar resolver. En el texto se menciona a Cubarsí y se describe la acción como un disparo, con la referencia a un Mundial que el propio autor cuestiona. La explicación continúa: se trata de meterle un viaje al balón en un césped seco y caliente para que el balón bote antes al portero, echar a correr a los galgos a por el rechace y, con esa dinámica, entrar en semifinales “como un rey”.

Al final, el artículo concluye que hay poco ADN en el fútbol, reinventándose, pero que hay mucho en esta suerte nueva española, la que el autor considera merecida después de tantas adolescencias traumadas. Cierra la reflexión con un fragmento atribuido a Lola, con el canto que habla del bautizo y de lo que nunca volverá a suceder, y con la idea de que entonces el agua estaba escasa y la pila se llenó con vinillo de Jerez.

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