
Imagen gracias a: El País (América)
La AFA bajo la lupa judicial y el desafío de capitalizar los éxitos de la selección argentina
Claudio Chiqui Tapia enfrenta un escenario judicial cada vez más complejo mientras, en paralelo, se instala un debate sobre cómo influye el rendimiento de la Albiceleste en el poder y la imagen dirigencial.
Claudio Chiqui Tapia, presidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), presenció el partido de la selección argentina contra Inglaterra desde el palco VIP, ubicado a la derecha de Gianni Infantino, mandamás de la FIFA. El dirigente, vestido con traje azul, corbata y zapatos de cuero lustrados, celebró los dos goles que llevaron a Argentina a la final de la Copa del Mundo, y luego cerró la jornada con un aluvión de fotos en sus redes, abrazado a los protagonistas. Su frase “El que promete, cumple” acompañó el mensaje con el que dio parte de una victoria que aún conmueve al país, en contraste con el avance de su situación judicial, cada vez más comprometida.
Tapia pudo permanecer en Estados Unidos gracias a la autorización otorgada por la justicia para salir del país en el marco de múltiples investigaciones. El 26 de junio, en coincidencia con el cierre de la fase de grupos del Mundial, se confirmó el procesamiento de Tapia y del tesorero de la AFA, Pablo Ariel Toviggino, en una causa por retención indebida de aportes y contribuciones de la seguridad social. La investigación fue iniciada por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) en diciembre pasado, y se suma a otros focos que la justicia mantiene sobre la conducción de la AFA.
Una investigación periodística del diario La Nación dio cuenta de 10 sociedades constituidas en Miami que recibieron fondos de empresas que recaudan ingresos internacionales para la AFA. Según esa identificación, esas operatorias habrían movido al menos 57 millones de dólares de manera irregular, lo que derivó en distintos expedientes. Entre ellos figura una investigación sobre la propiedad de una mansión en la zona norte de las afueras de Buenos Aires, atribuida a Toviggino, que incluiría helipuerto, caballerizas y spa.
Durante el desarrollo del Mundial, fiscales federales y agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos se sumaron al caso y comenzaron a tomar testimonios relacionados con operaciones financieras vinculadas a la AFA en ese país. El objetivo de los investigadores es comprender el funcionamiento de la entidad presidida por Tapia y determinar si las maniobras realizadas podrían encuadrar en delitos bajo su jurisdicción.
La posibilidad de que un triunfo de la selección argentina impacte en el curso judicial de Tapia aparece como un interrogante. Lucas Romero, politólogo y director de Synopsis Consultores, señaló que la opinión pública puede incidir al evaluar hasta qué punto se puede hacer justicia contra una figura popular, aunque consideró que ese condicionamiento no debería existir. Para Romero, la debilidad institucional puede modificar el escenario.
En esa misma línea, sostuvo que si Argentina se consagra campeón, Tapia estaría fortalecido para encarar sus desafíos judiciales. Según su análisis, se trataría de una estrategia de protección que no se limita a las figuras de la selección, sino que alcanza los vínculos que la AFA mantiene con la FIFA y los nexos que la FIFA pudiera tener en Estados Unidos dentro de la investigación. Romero agregó que la FIFA suele mostrarse reticente a que la justicia intervenga en asociaciones de fútbol de todo el mundo y que, en algún punto, reclama una suerte de inmunidad diplomática que, según su criterio, no existe.
A esto se suma el vínculo de la AFA con el Gobierno de Javier Milei. Durante un tiempo, el Ejecutivo impulsó directamente el escrutinio sobre la AFA; ese impulso mejoró con la llegada de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia, en marzo pasado. Mahiques pertenece al sector judicial con vínculos más estrechos con la dirigencia del fútbol. En ese contexto, el periodista Hugo Alconada Mon informó que Carlos Mahiques, padre de Juan Bautista Mahiques, celebró su cumpleaños número 74 en la mansión atribuida a Toviggino.
Desde otra perspectiva, el sociólogo Pablo Alabarces relativizó la relación entre las distintas esferas. Afirmó que Argentina puede salir campeón y que Chiqui Tapia podría ir preso al día siguiente, incluso planteó que podría regresar esposado de Estados Unidos. Para Alabarces, la “autonomía relativa” del fútbol implica que no es una isla, pero tampoco refleja de forma directa a la sociedad ni la transforma. En ese marco, sostuvo que no hay un caso de éxito deportivo que haya provocado, de manera automática, un éxito político o viceversa.
Tapia, dirigente de raíces peronistas, construyó desde 2017 una relación pragmática con gobiernos de distinto signo político. Parte de su poder se apoya en los resultados de la selección durante su gestión: dos Copas América y la Copa del Mundo de Qatar 2022. Además, su influencia se sostiene en los vínculos con los presidentes de los clubes argentinos. En marzo pasado, esos dirigentes protagonizaron una huelga inédita: dejaron sin fútbol al país en protesta por la investigación judicial contra Tapia.
Alabarces también describió el rechazo que enfrenta el dirigente entre los hinchas. Señaló que en los estadios de Argentina se canta contra “Chiqui Tapia” y lo responsabiliza de prácticas que consideran ajenas a una gestión democrática. En su lectura, no se le perdona que haya “inventado una copa” para dársela a Rosario Central ni que los árbitros, según el sentir popular, estén siempre a favor de Barracas. También mencionó que, para parte del público, la dirigencia no administra la justicia deportiva como esperan.
Sobre la posibilidad de un nuevo título mundial como factor de reconciliación, Alabarces sostuvo que lo que el público reivindica de manera incondicional es al equipo y al cuerpo técnico de la selección. Consideró que cualquier intento de apropiarse de ese logro generaría condena y repulsa. En su interpretación, la autonomía del fútbol haría que la alegría sea percibida como propia: “ni para Milei ni para Tapia”, sino como un triunfo de los jugadores.
La selección argentina que dirige Lionel Scaloni desde 2018 mostró históricamente resistencia a estrechar vínculos con dirigentes políticos. Alabarces planteó que esa actitud funciona como forma de protegerse y evitar dividir un sentimiento de admiración extendido por todo el territorio, y vinculó esa postura con la figura de Lionel Messi, caracterizado como un futbolista de perfil discreto y con poco interés por la política, distinto del personaje público que encarnó Diego Maradona.
No obstante, Alabarces recordó que distintos gobiernos suelen intentar apropiarse simbólicamente del éxito deportivo, independientemente del signo político. Como ejemplo, citó la última dictadura militar argentina, que en 1978 intentó tapar con la fiesta popular los secuestros, torturas y asesinatos cometidos por sus fuerzas. En ese período, periodistas extranjeros que llegaron a cubrir el evento deportivo terminaron por mostrar al mundo el reclamo de las Madres de Plaza de Mayo.
La recepción a la selección en 1978 y 1986 incluyó a autoridades de facto y también a Raúl Alfonsín en 1986, cuando Maradona alzó la copa desde el balcón de la Casa Rosada. Luego, en 2014 Cristina Fernández de Kirchner recibió a la Albiceleste tras su regreso por la caída ante Alemania en la final de Brasil. En 2022, ya como campeones del mundo, los jugadores decidieron no ir a la Casa de Gobierno y circularon por las calles montados en un ómnibus descapotable; además, Messi sorteó con una caminata a un grupo de funcionarios de Alberto Fernández que lo esperaba al pie del avión en Ezeiza, mientras Tapia se desvió para estrecharle la mano uno a uno.
Tras esa secuencia, todavía presente en el recuerdo de los argentinos, Javier Milei ofreció la Casa Rosada para recibir a la Scaloneta a su regreso, sin importar el resultado, pero con la condición de excluir su presencia y la de sus colaboradores. En el mensaje, se indicó que no habría ninguna figura política ni persona vinculada a la política que empañe o intente apropiarse de un logro que se considera propio del grupo de jugadores.
Milei también pareció leer el fervor popular que generó una bandera con el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas exhibida por los jugadores tras derrotar a Inglaterra. Aunque el Gobierno había acordado la prohibición del ingreso al estadio con mensajes de ese tipo, el presidente sostuvo después que se trató de la expresión “válida” de un sentimiento nacional. Más adelante, tras la semifinal, difundió una queja formal sobre una presencia militar británica en el mar austral argentino.
Para Romero, aun si el Gobierno quisiera, el margen para aprovechar los laureles de la selección sería limitado. Sin embargo, sería posible un beneficio “de segunda vuelta”: que la sociedad esté animada por un triunfo deportivo ayuda a descomprimir contextos de angustia, relaja tensiones y permite suavizar disgustos provenientes de otros ámbitos, como el económico, al menos por unos días.
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