Lo Celso, Otamendi y Lisandro Martínez sostienen el mensaje “Las Malvinas son argentinas” tras el triunfo ante Inglaterra

Imagen gracias a: El País (América)

Lo Celso, Otamendi y Lisandro Martínez sostienen el mensaje “Las Malvinas son argentinas” tras el triunfo ante Inglaterra

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Giovani Lo Celso, Nicolás Otamendi, Lisandro Martínez y otros futbolistas de la Albiceleste exhibieron una bandera con el mensaje “Las Malvinas son argentinas”, asumiendo el riesgo de una sanción por parte de la FIFA. La nota repasa antecedentes disciplinarios de FIFA y UEFA, además del contexto del partido en Atlanta.

Giovani Lo Celso, Nicolás Otamendi, Lisandro Martínez y otros integrantes de la Selección Argentina se jugaron una posible sanción de la FIFA tras el triunfo ante Inglaterra. En el cierre del encuentro, el plantel mostró una pancarta que los hinchas no habían podido ingresar: “Las Malvinas son argentinas”, escrita con aerosol negro sobre una sábana blanca.

El mensaje ingresó al campo de juego en manos de Giovani Lo Celso y luego fue sostenido por varios jugadores, entre ellos Lisandro Martínez -que juega en el Manchester United- y Nicolás Otamendi.

La Asociación del Fútbol Argentino queda expuesta a consecuencias disciplinarias. Ya ocurrió en 2014, cuando la Albiceleste exhibió una bandera similar en un partido previo al Mundial de Brasil, en La Plata. En aquella ocasión, la FIFA emitió un comunicado por la infracción y una multa de 30.000 francos suizos por violación al artículo 52 del Código Disciplinario, vinculado a la conducta incorrecta de un equipo. En 2024, la UEFA sancionó con un partido a Morata y Rodri por el cántico “Gibraltar es español”.

El partido se disputó en Atlanta, a unos 200 metros del estadio de Atlanta, con una organización que utilizó aire acondicionado a 21 grados debido al calor y la humedad de la ciudad, mientras el techo retráctil permanecía cerrado. Afuera del estadio, el mercado de entradas en reventa llegó a pedir hasta 3.700 dólares minutos antes del inicio.

Roberto, un hincha de Río Gallegos, describió el costo y el endeudamiento para poder asistir al partido, con un viaje que incluyó autobús hasta Punta Arenas, en Chile, y luego una serie de aviones con escalas en Puerto Montt, Santiago de Chile, Lima y Miami, para continuar después en otros dos autobuses, primero a Orlando y luego a Atlanta.

Aunque no se registraron incidentes significativos dentro y fuera del estadio, el clima estuvo cargado: los himnos, que suelen ser sagrados, fueron abucheados. Cuando sonó el inglés, los argentinos respondieron con el cántico “El que no salta es un inglés”, mientras los británicos contestaron con silbidos al argentino.

Pese a que las tribunas estaban llenas, no todas las banderas que los hinchas sudamericanos esperaban pudieron ingresar. La FIFA había prohibido el ingreso de pancartas de las islas Malvinas. En 1982, un conflicto armado de 44 días dejó más de 900 muertos, 649 de ellos argentinos, y la cantidad de suicidios de los ex combatientes se duplicó tras el regreso al continente.

Argentina llegaba con un historial sin derrotas en semifinales -ni en 1930, ni en 1978, ni en 1990, ni en 2014 ni en 2022-; aun así, el desarrollo del partido cambió cuando, a falta de seis minutos, Enzo Fernández fabricó el empate. El mediocampista del Chelsea, que podría no volver a Londres después del Mundial -lo pretende el Real Madrid-, se arrodilló durante el festejo e intentó mirar el cielo de Atlanta en busca de “el cielo”, pero lo que encontró fue el techo retráctil del estadio.

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