Italia, sin Mundial desde 2014: una generación crece ajena a su gran cita

Imagen gracias a: El País (América)

Italia, sin Mundial desde 2014: una generación crece ajena a su gran cita

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La Nazionale no disputa un Mundial desde 2014. En Italia, el paso de los años ha dejado a una generación sin recuerdos mundialistas, mientras el país busca recuperar identidad y protagonismo en una competición que para muchos se siente tan lejana como la Super Bowl.

La Nazionale no juega el Mundial desde 2014. Con ello, una generación entera ha crecido sin recuerdos mundialistas y se enfrenta a una competición que, para muchos, resulta tan ajena como la Super Bowl.

En 2021, Italia vivió un momento de brillo que se extendió más allá del deporte. Måneskin ganó Eurovisión con su tema Zitti e buoni, convertido en una referencia cultural de aquel esplendor del rock. En paralelo, el país recibió meses antes la mayor cantidad de fondos de la Unión Europea tras la pandemia y nombró presidente del Consejo de Ministros a Mario Draghi, el hombre que salvó al euro. En el fútbol, la Nazionale se sumó al relato con la conquista de la Eurocopa de ese año, un título que no obtenía desde 1968. Nadie dudó de que se trataba de un mensaje claro de cambio de rumbo y de la intención de cerrar el maleficio construido tras dos eliminaciones consecutivas del Mundial. Sin embargo, esa mejora no se sostuvo.

La selección, dirigida por Gennaro Gattuso, volvió a tropezar el pasado marzo, esta vez ante Bosnia. Fue la tercera salida consecutiva fuera de un Mundial, que no disputa desde julio de 2014. Aquel recuerdo de Brasil tampoco fue especialmente satisfactorio: Italia cayó en la fase de grupos tras perder contra Uruguay y Costa Rica. Después llegaron los desastres y el tedio.

Para una parte de la sociedad italiana, el vacío se ha vuelto permanente: chicos y chicas que hoy tienen 15 o 16 años no han vivido un solo Mundial de la Nazionale. Italia ha transitado este escenario con mano firme, sosteniéndose en cuatro campeonatos anteriores, pero el resultado es un trauma nacional y, además, un debate psicoanalítico sobre la identidad: si la Nazionale es el eje de lo italiano cuando juega un Mundial, ¿qué lugar ocupa ese vacío para toda una República?

Aun así, los datos de audiencia en Rai 1 y en Dazn han sido muy buenos. El interés llega incluso en un contexto donde, para muchos, el torneo se ha convertido en un espectáculo ajeno, tristemente alejado del imaginario cultural reciente.

En Italia, la forma de mantener vivos a los que se fueron pasa por hablar de ellos y recordarlos, como sugiere el manual del duelo, con la promesa de que algún día volverán. Por eso, el país mira con una mezcla de resignación y expectativa a una ausencia silenciosa que ya se ha vuelto costumbre durante estos 12 años, como si no hubiera remedio y pareciera imposible volver a encontrarse en una cita importante, aunque su representación haya tomado otra forma.

Resulta llamativo, considerando la dificultad de sus técnicos en estos 12 años para construir un equipo ganador —Capello sostiene que el país se ha centrado demasiado en la táctica—, que Italia continúe exportando entrenadores a otras selecciones. En este Mundial participan tres: Carlo Ancelotti, demiurgo del éxito tranquilo que necesita Brasil como nunca; Fabio Cannavaro, al frente de Uzbekistán, último capitán que levantó una Copa del Mundo; y Vincenzo Montella, que se marchó a otra parte y ya dejó fuera a Turquía, tras perder los dos primeros partidos de la fase de grupos.

Mientras tanto, en las gradas, algunos tifosi intentan superar la melancolía con un juego macabro: se ponen en el lugar de Bosnia, la selección que eliminó a Italia el pasado marzo, e imaginan el recorrido que habría tocado si Donnaruma, en lugar de rozarlo, hubiera atrapado aquel balón de Bajraktarevic que terminó entrando en su portería en la tanda de penaltis. Pero, por mucho que se construyan escenarios, cualquier pronóstico sobre Italia estaría condenado al fracaso.

La única certidumbre colectiva es el deseo irrefrenable de ver a Francia eliminada, si es posible en la final y en los penaltis, como lo habría hecho la vieja Italia.

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