
Imagen gracias a: El Universo
Italia queda fuera y el Mundial deja la sensación de falta de cracks
El análisis sobre el torneo cuestiona la existencia de grandes figuras y repasa el papel de Lamine Yamal en el Mundial, además de señalar cómo los mercados y las selecciones muestran una escasez de talentos.
En España, y con especial énfasis en la prensa catalana, se intentó ponderar la actuación de Lamine Yamal en el Mundial. Se destacaron argumentos como que fue “campeón con 19 años”, una “pieza importante” y que “colaboró en el andamiaje”, incluso con la idea de que “juntó rivales que lo marcaron” y “ayudó a recuperar”.
El reconocimiento a su presencia en el título se mantiene, pero la valoración general apunta a otra lectura: Lamine llegó al Mundial como la gran luminaria naciente del fútbol, con el protagonismo de afiches, portadas de diarios, revistas, guías y programas. Además, arribó con el rótulo de jugador más caro del mundo: 220 millones de euros, cifra atribuida por Transfermarkt.
Sin embargo, el Mundial se le terminó antes de que pudiera dejar una actuación memorable. En el torneo anotó un gol ante Arabia Saudita y no sumó asistencias. En España destacaron Rodri, Oyarzábal, Dani Olmo, Fabián Ruiz, Alex Baena, “los cuatro del fondo” y el arquero Unai Simón. En ese contexto, Lamine no logró instalarse ni entre los once primeros, ya que incluso Mikel Merino, cuando ingresaba desde el banco, se mostraba más determinante.
El planteo no pretende condenar su desempeño. Se subraya que fue campeón y, sobre todo, por su extrema juventud: todavía tiene cuatro mundiales por delante para aspirar a liderar la generación. Diego Torres, analista de El País, aportó una lectura en la que se destaca que Lamine asumió “toda la responsabilidad del ataque” de un equipo que no buscó profundizar, sino “conservar” la pelota. Torres también señaló que España no contó con un 9 ni con extremo izquierdo, y que el mediapunta, Olmo, sostenía el juego para darlo hacia atrás.
En esa misma línea, Torres agregó que para los rivales de España resultó sencillo escalonar defensas sobre el costado de Lamine. A su juicio, se trató de un juego colectivo en el que lo obligaron a hacer todo solo hacia arriba y a defender como el resto hacia atrás. Incluso se menciona que Lamine robó más balones que Cubarsí, quien fue central, como un dato que resumiría la lectura del torneo.
Aun así, el debate se centra en una cuestión: si la estrella del torneo era Lamine y su fortaleza principal es el uno contra uno, el argumento plantea que en ocho partidos de Mundial debería haber aparecido alguna ocasión clara de gambeta y desequilibrio. “Más si jugás en el equipo campeón”, se recalca, y se contrasta con la situación de Curazao, aunque sin mayores detalles.
En el fondo, se presentan dos explicaciones. La primera tiene que ver con la figura pública del jugador: se lo describe como un chico “querible”, hábil, del tipo de futbolista que se admira y con el que se genera cercanía, además de ser el benjamín en España, lo que lleva a que la crítica lo trate con “algodones”.
La segunda explicación apunta a su representación. Se menciona a Jorge Mendes, presentado como el agente número uno del mundo y también como el más atrevido, vinculado con Cristiano Ronaldo, James Rodríguez, Vitinha, Pedro Neto y otros tantos. En esa caracterización, Mendes aparece como el “rey de la imagen”, con un lema orientado a que se hable de sus jugadores de manera constante: look, pareja, peinado, autos, contratos, millones, mansiones y el número de seguidores en redes sociales. Incluso se afirma que no importa tanto si convierten goles como que permanezcan en el “runrún”. Se cita el caso de la comparación de Cristiano Ronaldo con Messi, y la idea de que eso define su estrategia.
Con ese escenario, se anticipa que Lamine intentará entrar en la pelea por el Balón de Oro, que se entregará el 26 de octubre. Aunque su Mundial se califica como intrascendente, se sostiene que el jugador del Barça se colgó la medalla, y se señala que Mendes tendrá dos meses para elaborar el mejor relato y seguir presentándolo como nueva superestrella.
El texto también subraya que, para lograr ese objetivo, Mendes contaría con periodistas “amigos” en España que agitarían el nombre y las virtudes del zurdo. La motivación final sería mover grandes montos en contratos durante los próximos diez años, considerando que el trofeo vale por muchos goles y campeonatos.
Más allá de la narrativa, se concluye que no sobran cracks verdaderos. Entre los nombres que circulan como posibles favoritos por el Balón de Oro se mencionan Rodri, Lamine, Harry Kane, Mbappé, Bellingham, Michael Olise, Dembélé y el “viejito Messi”. Se recuerda que Messi, pese a que se decía que no tenía chance por jugar en “la liga de solteros contra casados que es la MLS”, terminó siendo la figura más brillante del Mundial.
Con una nómina que no se considera estelar, surge otra reflexión: “no hay jugadores”. La evidencia se ubica en los fichajes que se concretan en Europa. Se menciona que Yan Diomande, el futbolista que enloqueció a Piero Hincapié en Filadelfia, pasó al Real Madrid por 125 millones de euros. Se reconoce que, por esa actuación, Diomande es un buen elemento, aunque se lo describe como una cifra disparatada. En el texto se afirma que se pagan fortunas por futbolistas comunes porque no hay talentos.
Se ejemplifica con el intento del Barcelona de incorporar a Julián Álvarez, que no avanzaría por la postura del Atlético de Madrid, que se plantó en 150 millones. Se cuestiona que Julián valga 150 millones, pero se plantea el argumento de que, si escasea un perfil, sube el precio. En caso de no ser Julián, el texto señala que buscarían a Luis Suárez, centrodelantero de Colombia que, en cinco partidos mundialistas, no marcó ni un gol. Pese a eso, se indica que el Benfica pide 80 millones.
El artículo agrega un dato sobre el Como: le compra al Real Madrid a Nico Paz por 60 M€. Se remarca el contraste de la cifra con la idea de que, si fuera un fenómeno, el Madrid no lo soltaría.
En Inglaterra, se sostiene que los traspasos entre clubes se mueven en montos estratosféricos. Se menciona al Chelsea como el club que peor se mueve en el mercado desde hace tiempo, con 343 millones de euros gastados para conformar un plantel discreto y con amenaza de más incorporaciones. Allí se informa que pagó 138 M€ por Morgan Rogers, atacante del Aston Villa. Se lo describe como un correcto atacante y se agrega que, en 22 partidos de selección inglesa, lleva un gol, a Gales. También se afirma que el Chelsea tiene 5 arqueros, 15 defensores, 8 volantes y 13 delanteros.
Luego se aborda Brasil, donde se sostiene que no salen jugadores. Se citan cifras de extranjeros dentro de clubes brasileños: Botafogo (viene de perder ante Cienciano 6 a 1) tiene 13, Gremio y Fluminense 11, Inter 10, Vasco da Gama 9, Mineiro, Santos, Flamengo y Palmeiras 8, y Sao Paulo y Corinthians 7. Se remarca que nadie en Europa se pelea por un goleador o un creador brasileño como antes.
En otro tramo, se menciona a Lionel Scaloni, quien aseguró que dirige hasta diciembre y luego se va de la selección argentina “porque ya no se podrá superar todo lo que se logró”. Se considera que en parte tiene razón, y se añade que, por dentro, también es consciente de que no hay nada detrás para iniciar otro proceso exitoso.
Finalmente, se afirma que no surgió un crack de reemplazo. Por eso, se indica que 17 elementos que estuvieron en la final del 2022 entre titulares y suplentes volvieron a estar en la de 2026. Se subraya que no apareció ninguno nuevo que se haya metido entre los once. El texto lo relaciona con Argentina y Brasil, presentadas como históricamente fábricas de futbolistas.
Cierra con la idea general: el fútbol ha pasado por épocas de vacas flacas, pero siempre hubo buenos y, en muchas ocasiones, sobraban. Ahora se observa lo ocurrido con Italia, que no clasifica a los mundiales por la misma razón sencilla que se repite en el análisis: no tiene figuras. Se recuerda que en España 82 jugaban en defensa Bergomi, Gentile, Scirea, Collovati y Cabrini. También se afirma que eran tan buenos que Baresi, considerado seguramente el mejor central de este deporte, no pudo entrar ni un minuto en siete partidos y vio el Mundial entero desde el banco. Luego llegaron Maldini, Costacurta, Nesta y Cannavaro. Pero el texto concluye que ahora Italia está en “el páramo”, como el fútbol modelo 2026.
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