Sudamérica, con el semáforo en rojo: caída de rendimiento y falta de recambio

Imagen gracias a: El Universo

Sudamérica, con el semáforo en rojo: caída de rendimiento y falta de recambio

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Sudamérica acumula una tendencia preocupante en los Mundiales: Europa amplía su ventaja y el continente enfrenta un problema de recambio y formación de talentos. Brasil, Argentina y el resto de representantes sudamericanos no lograron consolidar una nueva generación con impacto individual.

Sudamérica debe volver a replantear la formación de talentos. El panorama, en términos globales, no acompaña: en 96 años se disputaron 23 Mundiales y nunca hubo finalistas que no fueran de Europa o Sudamérica. En ese recorrido, ningún otro continente llegó realmente cerca de disputar la instancia decisiva.

En los primeros 48 años (1930-1978), Sudamérica ganó seis títulos y Europa cinco. Pero en los segundos 48 (1978-2026), Europa levantó ocho veces la Copa frente a cuatro de América del Sur, abriendo una brecha que resulta inquietante para el continente que dio a Pelé, Maradona y Messi.

El dato más llamativo llega al observar las últimas ocho ediciones (1998-2026): Europa se quedó con seis, marcando un dominio del Viejo Mundo y una parábola descendente para Sudamérica. Además, aparece un elemento de nostalgia y alerta: ya no estará Messi en 2030. Con él, siempre existió la esperanza, como también ocurrió cuando estaban Pelé y Maradona. De hecho, con esos tres en cancha, Sudamérica estuvo presente en ocho finales.

Otro problema se mantiene desde hace 76 años: en la instancia suprema solo hubo dos representantes sudamericanos, Brasil y Argentina. Los demás quedaron lejos.

Argentina conserva un nivel sostenido: en los últimos 48 años llegó seis veces a la final. Sin embargo, para México/Estados Unidos/Canadá no surgió un jugador nuevo de alta calidad. Tampoco apareció, al menos, una figura capaz de marcar diferencias. Por ello, el técnico Lionel Scaloni repitió 17 nombres de los que actuaron en Catar 2022. Esos mismos futbolistas fueron quienes sostuvieron los ocho partidos del 2026: nadie se incorporó con fuerza ni logró colarse entre los once.

Esa situación se reflejó en la final ante España, en Nueva Jersey, donde el equipo se mostró fatigado, con varios integrantes en una etapa cercana al retiro. Manuel Pellegrini, entrenador chileno que dirigió a San Lorenzo y River, había dicho: “En la Argentina levantás una baldosa y encontrás un crack”. La realidad actual marca un contraste: se pueden levantar aceras enteras y no surge nada.

En el plano europeo, tampoco aparece una luminaria joven menor de 25 años. Lamine Yamal fue, posiblemente, el punto más flojo de España.

El diagnóstico no se limita a Argentina. Entre los seis representantes sudamericanos no se vio una novedad individual, ni una estrella naciente. Brasil fue el que, aunque sin brillar en absoluto, al menos marcó cuatro goles con Vinícius. Aun así, en las épocas gloriosas del Brasil del jogo bonito, quizá no alcanzaba ni siquiera para ser suplente. El mensaje para Brasil es claro: debe repensar todo su fútbol. En 2030 cumplirá 28 años sin coronar y sin llegar al partido decisivo. Hasta jugar como local en 2014 no le alcanzó: fue apaleado por Alemania con el 7 a 1. En 2026, Noruega lo eliminó muy temprano, en octavos de final, con un 2-1 que incluyó dos golazos de Haaland. Brasil venía de ganarle angustiosamente a Japón 2 a 1 en el minuto 95, pero no tuvo juego ni alma. Estaba siendo eliminado por Noruega y no inquietó al arquero Nyland. A pesar de la contratación de Carlo Ancelotti con la idea de ser campeón, el desenlace fue estrepitoso.

Tostão, en una columna de Folha de São Paulo, criticó el planteo de Ancelotti: “Brasil jugó al contragolpe, como si Noruega fuera Francia”, cediendo demasiado protagonismo al rival cuando, por calidad, debía haber asumido más la iniciativa. También señaló un problema histórico del mediocampo brasileño: “Brasil lleva años formando extremos y delanteros, pero no grandes centrocampistas capaces de controlar el juego. El ejemplo es España y la influencia de Rodri en la organización del equipo”. No apuntó a un solo culpable, sino a un cúmulo de factores: “Brasil arrastra dificultades en ámbitos como la educación, la corrupción, la criminalidad y la productividad, y ese contexto también termina reflejándose en el fútbol”. Por último, destacó la globalización: “Las diferencias entre Brasil y otras selecciones se han reducido por la mejora táctica, física y tecnológica en todo el mundo”.

Fuera de Argentina, la actuación que más satisfizo fue la de Colombia: un equipo serio, competitivo y con mucha solvencia, pero con poco gol. Tampoco avanzó más de octavos de final. La decepción se explica por el choque con su propio “karma”: el gol. Un dato inquietante lo resume: 20 selecciones, incluso varias eliminadas antes que la de Néstor Lorenzo, marcaron más goles que Colombia. El equipo generó jugadas de riesgo, ya fuera por vértigo o por movimientos tácticos, pero el problema estuvo en la definición.

John Córdoba, Luis Suárez y Cucho Hernández, sus tres centrodelanteros, no convirtieron un gol en cinco partidos. Ninguno dio la talla para un Mundial. Luis Díaz, que llegó como luminaria, no apareció: fue eléctrico como siempre, pero también errático, apurado y fallón. En la red se anotó solo una vez y no se crearon situaciones suficientes. A esto se suma el drama del número 10: James Rodríguez, físicamente impresentable, jugó caminando todo el Mundial. Se pensó que con el correr de los días se pondría atléticamente a la par, pero no ocurrió. No tuvo influencia ni generó peligro en el área rival.

La diferencia entre Colombia y los favoritos estuvo en el hombre gol. El mejor atacante colombiano del Mundial fue Julián Quiñones, con un excelente desempeño y 4 tantos… para México, al que lo nacionalizaron. El goleador de Colombia fue Daniel Muñoz, lateral derecho, con 2 anotaciones. En el certamen anterior, Colombia -Rusia 2018-, el artillero había sido Yerry Mina, con 3.

Colombia no clasificó a Catar 2022 porque en la eliminatoria estuvo siete partidos sin convertir. En cambio, en este Mundial se retiró invicta. En el duelo de grupos, pese a terminar 0 a 0, fue ampliamente superior a Portugal, uno de los favoritos. Las ganas y la entrega de todos sus jugadores se notaron como compromiso y amor a la camiseta. El equipo, eso sí, necesita dar un salto de calidad.

Colombia también cargó con un desgaste adicional: fue el único participante que jugó en los tres países, México, Estados Unidos y Canadá, en ese orden. Esa logística supuso una fatiga física mayor al resto. Sumando todos los desplazamientos, su recorrido bordeó los 16.000 kilómetros, un reflejo de los problemas de los mundiales en Estados Unidos.

En Uruguay, dirigido por Marcelo Bielsa, el torneo terminó en un vergonzante 37.° lugar. No superó la fase de grupos: cayó ante España y apenas pudo igualar con Arabia Saudita y Cabo Verde. Paraguay, con Gustavo Alfaro al mando, finalizó decimosexto con un planteo ultradefensivo. Su debut fue un golpe: perdió 4 a 1 contra Estados Unidos, un marcador que pudo ser más amplio. Luego se recuperó y dio un golpe grande al eliminar a Alemania por penales tras igualar 1 a 1. El suceso fue celebrado con un feriado nacional decretado por el Gobierno guaraní.

En ese contexto, la eliminación de Alemania se dio con un detalle: se trató posiblemente de la peor Alemania en sus 92 años de participaciones mundialistas. Paraguay, sin embargo, no alcanzó los octavos de final: cayó ante Francia 1 a 0 en un partido polémico.

Ecuador, con expectativas mayores, terminó 25.° y se quedó en dieciseisavos. Fue un golpe duro que exige iniciar un proceso desde cero. El equipo cuenta con una excelente base defensiva y, como todo el subcontinente, debe encontrar valores nuevos en creación y ataque. Donde no puede equivocarse más es en la elección del técnico.

En conjunto, el mensaje es contundente: Sudamérica necesita volver a pensar en su formación de talentos. Aunque, por el rumbo que muestran los presidentes de asociaciones, esa prioridad no parece estar en el centro de la agenda.

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