Investigadores españoles superan el obstáculo del lactato exógeno y desarrollan geles para ciclistas del Tour de Francia

Imagen gracias a: El País (América)

Investigadores españoles superan el obstáculo del lactato exógeno y desarrollan geles para ciclistas del Tour de Francia

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Aitor Viribay, Dani Lasa y Juan Carlos Arboleya logran una vía oral para usar lactato exógeno como combustible, rompiendo una barrera que llevaba décadas sin resolverse.

El lactato, durante años asociado a la fatiga y al “cambio de ritmo” que paraliza a velocistas y deportistas de resistencia, está viviendo un giro de imagen. Investigaciones recientes lo sitúan lejos de ser un simple residuo: lo describen como un mensajero metabólico y una fuente útil para preparar al organismo para el ejercicio y también para afrontar distintas enfermedades.

Aitor Viribay, fisiólogo que trabajó en el Ineos de ciclismo, dirige la célula de rendimiento de ultratrail de Salomon y asesora a la Real Sociedad, explica que la idea de que el lactato no es “basura” proviene del concepto de lactate shuttle (lanzadera del lactato) propuesto por George Brooks en los años 80. Según esa visión, la molécula viaja entre fibras musculares para regular su consumo y convertirse en combustible en músculos, corazón e incluso alimentar al cerebro en situaciones de alta demanda. “El lactato no señala fatiga, sino que es en realidad un mensajero metabólico”, subraya Viribay.

En el ámbito clínico, el lactato se emplea por vía intravenosa en el tratamiento de lesiones cerebrales traumáticas y otros problemas como infartos, procesos inflamatorios, diabetes y obesidad. Para los fisiólogos del ejercicio, esta información alimenta la expectativa de que pueda funcionar como un sustrato energético relevante. Viribay sostiene que el lactato exógeno podría ofrecer una ventaja competitiva: “Es indiscutiblemente el mejor sustrato para el cuerpo, el más noble, pues nace del propio sudor”. Además, afirma que se ha logrado superar una barrera que se intentaba derribar desde hace 50 años: la posibilidad de cocinar geles de lactato exógeno para tomarlo por vía oral junto a la glucosa y la fructosa, combustibles habituales en los deportes de resistencia.

El punto de partida para el trabajo de Viribay llegó hace siete años, cuando se planteó cómo lograr que el cuerpo admita lactato en cantidades suficientes, lo utilice y lo metabolice en los músculos. El reto era complejo y no había sido resuelto de manera completa. En esa línea, recuerda que Brooks, ya en los años 90, había mostrado que la administración exógena ayuda a mantener los niveles de glucosa en sangre y mejora la capacidad tampón durante el ejercicio prolongado, además de poder integrarse en una bebida deportiva para la rehidratación.

Viribay detalla que Brooks cuenta con una patente de 2002 y que el producto se elabora bajo el nombre Polylactate. Sin embargo, no llegó al mercado masivo por el enfoque basado en un polímero, una forma poco eficiente al ser incomible. La solución se presentó tras un proceso de investigación desarrollado con el cocinero Dani Lasa, que dirigió la experimentación del restaurante Mugaritz, y con Juan Carlos Arboleya, doctor en bioquímica física y profesor e investigador en el Basque Culinary Center. Junto a ellos, Viribay fundó From Lab to Field (del laboratorio al campo) y dio a conocer el resultado del trabajo: El ExoLactate, un gel probado en laboratorio y también con deportistas de alto nivel, incluyendo ciclistas que han ganado carreras, fondistas de ultratrail y que ya está en producción.

En el proyecto se menciona que equipos ciclistas como el UAE de Tadej Pogacar intentaron usar el Polylactate de Brooks mezclado con dosis de 120 gramos de carbohidratos, con botes almacenados. Aun así, lo dejaron de utilizar por resultar poco agradable de beber y, sobre todo, por no percibir efectos positivos en el rendimiento. Viribay atribuye el problema a las dosis: en la propuesta de Brooks, las cantidades que se pueden administrar son pequeñas, en miligramos, mientras que el enfoque de su equipo permite introducir cantidades significativas de 20 o 25 gramos por hora en bebidas de mayor aceptación. Explica que, en un cuerpo de ciclista, el 70% corresponde a masa muscular: en un individuo de 60 kilos, habría 42 kilos de músculo. A una intensidad de segundo umbral, la cantidad de lactato presente en la musculatura se sitúa en torno a 17-18 gramos, y el lactato exógeno permitiría doblar esa cifra al entrar sin coste, sin necesidad de “mover el músculo”, actuando como un mimético del ejercicio. También señala que, en vez de depender de la producción del lactato a partir de fructosa y glucosa —más lentas a la hora de activarse en el músculo—, el gel facilita una vía distinta.

Para explicar el impacto del lactato exógeno en el rendimiento, Viribay recurre a una analogía con AdBlue, el aditivo que mejora la eficiencia del gasoil en motores diésel. Sostiene que el lactato promueve la eficiencia energética a todas las intensidades y que presenta un comportamiento dual: a bajas intensidades aeróbicas, cuando hay oxígeno disponible, favorece el uso de grasas para ahorrar glucógeno al inhibir la glucólisis. En cambio, al superar el llamado umbral de lactato —el segundo umbral en el que la capacidad de oxígeno no cubre la demanda del músculo—, cambia su papel: con la eficiencia ligada al oxígeno, impulsa el cambio del combustible. Lo atribuye a la regulación del pH, indicando que el lactato inhibe las grasas y promueve la oxidación de hidratos de carbono.

El desarrollo llega en un momento en el que el concepto de durabilidad está muy presente entre entrenadores y fisiólogos del ciclismo, entendida como la capacidad de sostener un alto rendimiento a medida que se acumula la fatiga. Viribay vincula la durabilidad con el sistema neuromuscular: “No dejas de correr porque te quedes sin energía: la orden para contraerse no llega al músculo porque el cerebro dice, mi sistema nervioso está agotado”. En su explicación, el lactato es un sustrato clave para el sistema nervioso y para el cerebro, que a su vez funciona como el máximo limitador del rendimiento. Por eso, sostiene que mejora el rendimiento tras mucha fatiga: con más combustible para el cerebro, habría menos estrés y menos desperdicio de energía.

Con Lasa y Arboleya, Viribay recuerda que ya había trabajado con anterioridad en soluciones como un arroz cocinado enzimáticamente para evitar efectos nocivos del almidón en la ingesta de deportistas, y también menciona investigaciones de Leire Izagirre sobre encapsulación y su efecto en el metabolismo y el cuerpo humano. En conjunto, From Lab to Field habría logrado romper la barrera técnica de la administración del lactato, al poder incorporar lactato exógeno en una matriz en cantidades significativas, de forma segura, eficiente y agradable al paladar.

Finalmente, se subraya que el producto ya cuenta con aprobación por parte de las autoridades alimentarias y que, según la formulación del propio proyecto, no puede considerarse dopaje. Así, desde una cocina de Bilbao, se plantea una “revolución energética” que se apoya también en el entrenamiento digestivo que permite que el tracto de un ciclista digiera hasta 150 gramos de carbohidratos a la hora durante el máximo esfuerzo. En palabras de Viribay, el ExoLactate se presenta como “una de las herramientas más prometedoras del ciclismo moderno para redefinir el metabolismo en la carrera más exigente del mundo”.

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