
Imagen gracias a: El País (América)
España y Argentina disputan la Finalissima y ponen en juego el título mundial en el MetLife
La selección de Luis de la Fuente busca su segunda estrella ante Argentina, con Lionel Scaloni y un equipo liderado por Messi. Será la primera Finalissima en la que se enfrenten los últimos campeones de Europa y de América, en una cita que reúne a dos ciclos dominantes.
Por primera vez en la historia, el campeonato lo juegan el campeón de Europa y el de América. España, con el fútbol coral de la selección de Luis de la Fuente, se mide a Argentina, el equipo del infinito Messi, en una final que ha terminado convirtiéndose en un gran duelo mundial.
El choque, que en marzo no pudo celebrarse por la guerra de Trump, acabó tomando forma en territorio Trump y con la lupa extraordinaria de la Copa del Mundo. La que iba a ser la Finalissima que no se disputó en Doha por el ataque de EE UU a Irán se transforma así en una final superlativa entre España y Argentina. El partido se jugará este domingo en el estadio MetLife de Nueva Jersey.
El encuentro reúne dos figuras generacionales y dos canteras: el último Leo Messi y el primer Lamine Yamal, ambos talentos formados en La Masia, escuela predominante en la Roja. Además, coinciden Luis de la Fuente con Lionel Scaloni, quien fue su alumno. En el plano competitivo, se enfrentan dos selecciones que atraviesan ciclos dominantes.
La preparación estuvo condicionada por el entorno. El jueves, Nueva Jersey se encontraba afectada por el humo de los incendios de Canadá, y el sábado sufrió perturbaciones de tormentas con riesgo de inundación. Por ese motivo, el protocolo de seguridad llevó a que España suspendiera su último entrenamiento en las instalaciones de la academia de los New York Red Bulls en Nueva Jersey, mientras que el rival se ejercitó media hora más tarde de lo previsto.
Argentina llega con un historial reciente de títulos bajo la etapa de Scaloni: ganó la Copa América en 2021 y 2024, y también el Mundial de 2022. Este domingo persigue su cuarta estrella, un logro que la colocaría a la altura de Alemania e Italia, solo un escalón por debajo de Brasil, la última selección que enlazó dos títulos en 1958 y 1962, aún con Pelé. Antes, únicamente Italia lo había conseguido en 1934 y 1938.
España, por su parte, conquistó la Nations League de 2023 en el cuarto partido de De la Fuente en el banquillo y la Eurocopa de 2024. El proceso viene de más atrás: desde que empezó a ganar en 2015 con la sub 19, ya con Unai Simón, Mikel Merino y Rodri, futbolistas que aparecerán este domingo en el último partido del Mundial. El recorrido hacia la segunda Copa del Mundo refuerza la idea de un sistema de factoría del fútbol español, desde las escuelas formativas hasta la élite.
La final también conecta con una continuidad histórica. España no perdió del todo el hilo de Sudáfrica, aunque hubo batacazos de Brasil en 2014, Rusia en 2018 y Qatar en 2022. La estrella de 2010 se construyó con lo sembrado durante años en la base, con mejoras estructurales y con la explosión definitiva de un carácter competitivo latente que había pasado décadas frenado por las dudas. Rodri destacó el viernes esa mentalidad en la generación que se coronó en 2010: la determinación por ir a por algo que parecía imposible para el país, como conseguir la Copa del Mundo. También explicó que, en las semifinales, trasladó a los jugadores la idea de tener más ganas de ganar que miedo a perder, y la necesidad de ser ambiciosos y mantenerse fieles a su identidad durante todo el partido.
En la evolución táctica, España ganó hace 16 años siguiendo una versión inicial del libreto actual, el que ya enamoró en 2024 en la Eurocopa de Alemania. El control desde el centro del campo, con Rodri como faro, se combinó entonces con el vértigo y la profundidad de extremos que cautivaron. En el Mundial, aunque todavía no ha contado con Nico Williams y Lamine Yamal en plenitud, aun así encontró la manera de arrollar a Francia, hasta la semifinal el equipo más temible del torneo, con Mbappé, Dembélé, Olise, Barcola y Doué. Desde que empezó a ganar con Luis Aragonés en 2008, la Roja mantiene una convicción consolidada: ha resuelto con virtuosismo algunas situaciones y también ha sabido responder con aplomo a escenarios más difíciles. En este Mundial, la selección solo ha recibido un gol en siete partidos, la cifra más baja en la historia del torneo.
El recorrido de España dibuja una línea ascendente. Tras la decepción del estreno contra Cabo Verde (0-0), el equipo pasó a una sinfonía ante Francia en la semifinal (0-2). La maquinaria se fue afinando a medida que aumentaba la velocidad del balón, con Rodri creciendo y Fabián como mejor acompañante.
El camino de Argentina, en cambio, se asemejó a un electrocardiograma con picos emocionales provocados por el genio de Messi cuando el equipo estuvo cerca del abismo. Mientras España no se vio por detrás del marcador en siete partidos, Argentina atravesó dos momentos límite. El primero fue contra Inglaterra en la semifinal: Gordon marcó el 0-1 en el minuto 55, y el equipo reaccionó con el 1-1 de Enzo Fernández en el minuto 85. Antes, en octavos, la situación fue aún más complicada: Argentina perdió 0-2 contra Egipto hasta el minuto 79, cuando el Cuti Romero inició una remontada que culminó en el minuto 93 con Enzo Fernández. Además, en dieciseisavos Cabo Verde los empujó a la prórroga y en cuartos apareció Suiza como obstáculo. “Somos trabajadores que nunca nos damos por vencidos”, dijo el viernes el Dibu Martínez. “Aunque las cosas nos cuesten, siempre salimos adelante, como lo estamos viviendo en este Mundial”.
La final enfrenta el fútbol del competidor más feroz, sostenido por la magia inacabable de Messi, con el del equipo que ha desplegado la seducción de la armonía coral, mientras disimula el puño de hierro de un titán.
Este último partido cierra una Copa del Mundo singular, la mayor de la historia, con 48 selecciones participantes. El torneo también dejó ejemplos como la presencia de Cabo Verde de Vozinha. Entre los elementos más comentados estuvieron las pausas de hidratación establecidas por decreto, y además se vivió un contexto político que afectó al campeonato: Trump lo emborronó con el maltrato a la selección de Irán, que tuvo que instalarse en México tras los bombardeos; con redadas de inmigración; y con su intervención para que Infantino, presidente de la FIFA, congelara la sanción a Balogun y pudiera jugar los octavos con EE UU contra Bélgica.
Pese a todo, el fútbol alumbró una de las finales de mayor calibre en décadas: la del declinante Messi, aún sublime, y la que abre la puerta a la explosión de Lamine, una oportunidad para que el fútbol virtuoso de España conquiste de nuevo el mundo.
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