El pato Merlín en Palacio Nacional: símbolo y mensaje en el Mundial

Imagen gracias a: El País (América)

El pato Merlín en Palacio Nacional: símbolo y mensaje en el Mundial

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El pato Merlín, mascota del Mundial, fue llevado al Palacio Nacional junto a Karla Cortés y la presidenta Claudia Sheinbaum. La visita funcionó como una pieza de comunicación que subraya la dignidad de madres trabajadoras y contrasta con campañas racistas.

Aunque la mascota oficial del Mundial es un jaguar, quien llegó hasta el Palacio Nacional fue el pato Merlín. La escena resultó especialmente llamativa: sentar a un felino en una silla detrás de la presidenta habría sido más aparatoso y, sobre todo, menos útil en términos políticos. El jaguar, con su vínculo simbólico con el poder y la mitología maya, queda en contraste con Merlín, descrito como blanco, inofensivo y también como un reflejo de una historia familiar concreta.

Karla Cortés fue quien tomó el micrófono en el espacio institucional para hablar de la rutina del animal. Explicó que a Merlín le dan verdura y frutas, pescado y grillos vivos, una dieta presentada como equilibrada frente a la preocupación por el colesterol y la diabetes aviar. Además, señaló que solo los domingos el pato tiene permiso para comer carnitas, e incluso incluyó el recordatorio para el taquero favorito de Merlín. En el mismo relato se mencionan escenas que circularon en redes: Merlín en el Ángel, Merlín compitiendo con un jaguar y un axolote, y Merlín rematando de chilena o colaborando para mantener a cero la portería mexicana durante el torneo.

En la invitación a Palacio Nacional participaron Claudia Sheinbaum, Karla Cortés, sus hijos y el pato Merlín. En ese contexto, Karla también puso en el centro el significado personal del gesto. Comentó que no es sencillo ser una mamá sola cuando hay un empleo informal y dos hijos, además de la responsabilidad asociada a Merlín.

El hijo menor, de 14 años, se dedicaba a acariciar a su mascota, mientras que el mayor, de 22 años, abrazaba a su hermano. Karla señaló que el mayor acababa de salir de un hospital psiquiátrico con un diagnóstico por psicosis. La imagen buscada era justamente esa cercanía familiar, y Karla lo resumió con la idea de “La buena familia mexicana”: un reconocimiento a la dignidad de madres que sacan adelante a sus familias solas.

El gesto también se interpretó como un señuelo electoral y como un antídoto frente a campañas racistas impulsadas fuera de México. En esa línea, se subrayó la crítica a la deshumanización que busca presentar a los migrantes como monstruos extraterrestres.

Más allá del fútbol, el Mundial en marcha se ha convertido en un escaparate con intención. Claudia Sheinbaum había sido invitada por FIFA al palco del partido de inauguración en el Azteca, pero en un movimiento simbólico decidió ceder esa invitación a una joven indígena del norte de Veracruz. En lugar del palco, la presidenta asistió a las gradas de un deportivo público en la popular colonia Gustavo Madero, acompañada por la alcaldesa, Clara Brugada. La escena se planteó como una forma de estar con quienes, aun con varios meses de sueldo, no pueden pagar un boleto.

Con los reflectores puestos en México, el evento deportivo también atrajo un volumen de causas que buscan aprovechar el momento. Para el día de la inauguración se habían convocado hasta 20 protestas: desde colectivos de madres de desaparecidos, al sindicato de maestros que pelea por mejorar sus pensiones, y hasta satélites de la oposición a Morena. El conjunto se describió como un crisol de demandas y dolores que reflejan el mapa de tensiones del país.

En ese ambiente circularon memes con la idea de que las madres buscadoras se disfrazan de pato para intentar que Sheinbaum las invite a las mañaneras. La comparación final subraya que, aunque el pato Merlín es blanco e inofensivo, las madres que buscan a sus familiares son igualmente admirables, pero con una carga humana que no se limita a la imagen.

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