Ecuatorianos que impulsan el Mundial 2026: voluntarios de la FIFA y personal de apoyo en sedes clave

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Ecuatorianos que impulsan el Mundial 2026: voluntarios de la FIFA y personal de apoyo en sedes clave

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Mientras muchos aficionados ecuatorianos buscan entradas para seguir a la Tri, otros compatriotas forman parte de la maquinaria que hará posible el Mundial 2026. Desde voluntarios que guían a los asistentes hasta trabajadores del MetLife Stadium, su labor se enfoca en logística, atención al público y coordinación para que el torneo funcione.

Danilo Carrión, residente en Queens, Nueva York, es uno de los ecuatorianos seleccionados para colaborar en el programa de voluntariado del Mundial 2026, participando en tareas vinculadas a la organización del evento desde el área de entrega de uniformes.

NUEVA YORK. Cuando los aficionados se acerquen a los estadios, busquen una estación de tren o necesiten orientación para llegar a un Fan Fest, probablemente no noten a quienes sostienen gran parte de la operación del torneo. Detrás de la Copa del Mundo hay un amplio grupo de voluntarios y personal que trabaja para que todo funcione en las 16 ciudades anfitrionas de Estados Unidos, México y Canadá, donde también hay ecuatorianos.

La FIFA indicó que el programa de voluntariado del Mundial 2026 recibió más de un millón de postulaciones, una cifra récord para un evento deportivo. De ese total fueron seleccionados cerca de 50.000 voluntarios para trabajar en las sedes del torneo, considerado el mayor programa de voluntariado en la historia de la organización.

Uno de esos seleccionados es Luis Eduardo Campoverde. Ecuatoriano residente entre Massachusetts y Nueva Jersey, llegó desde Guayaquil hace 20 años. La postulación surgió de manera inesperada: recibió un correo relacionado con programas de fútbol juvenil, un ámbito que conoce por su hijo, quien practica este deporte desde los ocho años. En agosto del año pasado creó su perfil en la plataforma de la FIFA y decidió postularse.

El proceso no fue inmediato. Tras varios meses, fue convocado a una entrevista en Nueva York, y luego atravesó nuevas etapas, entrenamientos y evaluaciones. Desde la solicitud inicial hasta la confirmación definitiva transcurrieron cerca de seis meses.

“Cuando me avisaron que había sido seleccionado no se lo conté a nadie. Solamente a mi esposa. Incluso cuando recibí la acreditación necesitaba sentir que era real”, recordó.

Campoverde integra el equipo de gestión de ciudad anfitriona y trabajará en Hoboken, Nueva Jersey, orientando a aficionados que llegarán desde Nueva York. Su tarea consiste en guiarlos hacia estaciones de transporte, Fan Fest y otros espacios relacionados con el torneo. Su labor se desarrollará lejos de los estadios, con turnos asignados que hasta el momento suman seis jornadas de seis horas cada una. Aun así, espera asumir más turnos cuando se habiliten nuevos espacios.

Como ocurre con la mayoría de los voluntarios, no recibirá salario por participar. Mantiene su empleo habitual y destina parte de su tiempo libre al Mundial. La FIFA proporciona uniforme oficial, apoyo para transporte y alimentación durante los turnos, pero el compromiso exige reorganizar la vida cotidiana. Para participar, ajustó sus horarios familiares: reside en Massachusetts, mientras su esposa e hijos permanecen en Nueva Jersey, por lo que eligió turnos durante los fines de semana.

“El gasto más grande no ha sido económico. Es el tiempo que dejo de compartir con mi familia”, comentó. Aun así, sostiene que la experiencia compensa el sacrificio.

“Es algo que ocurre una sola vez en la vida. Que entre tantas personas de tantos países haya un ecuatoriano y que ese ecuatoriano seas tú produce muchísimo orgullo”, agregó.

Danilo y el aprendizaje sobre logística

A cientos de kilómetros, en Queens, Nueva York, Danilo Carrión vive una experiencia distinta dentro del mismo programa. Su participación le permitió conocer una realidad que, en su opinión, rara vez aparece en las transmisiones televisivas: el Mundial comienza mucho antes del pitazo inicial.

Carrión señaló que su trabajo estuvo vinculado con la entrega de uniformes para los voluntarios, una tarea que le permitió comprender la dimensión logística de un torneo que movilizará millones de personas durante poco más de un mes.

“La gente piensa que el Mundial empieza cuando rueda la pelota, pero todo comienza mucho antes. Hay equipos de transporte, acreditaciones, atención a los aficionados, logística y muchas otras áreas que deben estar listas para que todo funcione correctamente”, explicó.

Al igual que Luis, Carrión conserva su empleo habitual y realiza actividades vinculadas al Mundial fuera de su jornada laboral. El voluntariado no reemplaza su trabajo ni genera ingresos adicionales, y exige dedicar horas personales a una labor que considera una oportunidad única de aprendizaje.

Una de las principales lecciones, según explicó, fue entender que cada tarea, incluso la más pequeña, forma parte de una estructura de gran escala. Acostumbrado a trabajar en oficina, el voluntariado lo llevó a enfrentarse a dinámicas diferentes.

“Aprendí mucho sobre organización, coordinación y trabajo en equipo. También me permitió conocerme mejor y entender cómo puedo aportar en un ambiente diferente al de mi rutina diaria”, afirmó.

Además, destacó el valor de las amistades que surgieron durante el proceso, al conocer personas de distintos países y culturas que hoy forman parte de su círculo cercano.

“Mucha gente cree que ser voluntario es estar cerca de los jugadores o de los partidos, pero en realidad hay responsabilidades que cumplir. Cada tarea ayuda a que el evento funcione”, señaló.

Para Danilo, participar en la organización del Mundial le da un lugar distinto dentro de un evento que durante años observó desde las tribunas o a través de una pantalla. Considera que forma parte de una historia en uno de los acontecimientos deportivos más importantes del planeta.

Jorge, en el corazón del MetLife Stadium

No todos los ecuatorianos que participarán en el Mundial lo harán como voluntarios. Jorge Sarmiento, guayaquileño, tiene 64 años y llegó a la oportunidad por otra vía. Un amigo que trabajaba en el MetLife Stadium le comentó sobre las posibilidades y decidió postularse. Actualmente integra el equipo de atención al público del estadio, sede de varios encuentros del torneo y de la final del Mundial. Entre esos partidos se encuentra el de Ecuador vs Alemania, el próximo jueves 25 de junio.

Sarmiento cumple funciones de orientación a aficionados, respuesta de preguntas y apoyo para gestionar el flujo de ingreso y salida de espectadores. A diferencia de los voluntarios, recibe una remuneración de 20 dólares por hora. Sus jornadas inician aproximadamente cinco horas antes de cada partido y suelen extenderse entre siete y ocho horas.

Desde su puesto ha observado la magnitud del operativo alrededor del torneo: presencia de policías estatales, equipos especializados de seguridad, controles permanentes y una logística que, según su percepción, pocas veces notan quienes solo asisten a un partido.

“Hay muchísima seguridad. Uno se da cuenta de la dimensión del evento cuando ve todo lo que se mueve alrededor”, comentó.

Sin embargo, lo que más lo impacta es la expectativa de ver el estadio lleno. El MetLife Stadium tiene capacidad para cerca de 90.000 espectadores y será escenario de encuentros relevantes, incluido el Ecuador-Alemania el 25 de junio y la final del Mundial el 19 de julio. “Uno siente orgullo de estar ahí y de formar parte de algo tan grande”, expresó.

La expectativa compartida

Danilo, Luis y Jorge coinciden en que el momento más esperado todavía está por llegar. Esperan presenciar una imagen que consideran histórica: miles de ecuatorianos llenando las calles de Nueva York y Nueva Jersey durante los partidos de la selección.

“Va a ser una locura, pero una buena locura”, resumió Luis. “Es una fiesta que durante años vimos por televisión y ahora la vamos a vivir muy cerca de casa”.

Mientras la atención mundial se concentra en los jugadores, los goles y las grandes figuras, miles de personas trabajan para que el torneo funcione. Entre ellas estarán ecuatorianos que orientarán a aficionados, resolverán problemas logísticos y ayudarán a coordinar operaciones. Su nombre probablemente no aparecerá en las estadísticas del Mundial, pero formarán parte de una historia que recordarán toda la vida.

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