Ecuador y Arabia Saudita: la afición ecuatoriana transforma New Jersey en una fiesta tricolor

Imagen gracias a: Primicias

Ecuador y Arabia Saudita: la afición ecuatoriana transforma New Jersey en una fiesta tricolor

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Miles de ecuatorianos llegados desde New York, Connecticut y Pensilvania coparon las zonas cercanas al estadio y celebraron al equipo con cánticos, música y comida, en el amistoso ante Arabia Saudita en New Jersey.

Hinchada ecuatoriana en el amistoso ante Arabia Saudita en New Jersey, el 30 de mayo de 2026.

Antes del pitazo inicial, la selección de Ecuador ya había encendido el ambiente en New Jersey. Familias enteras arribaron desde Connecticut, Pensilvania y distintos puntos de New York, vestidas con camisetas de la selección, banderas, sombreros y pitos para recibir a La Tri.

En las horas previas, algunos aficionados permanecieron junto a las vallas por donde debía ingresar el autobús del equipo. El arribo provocó una respuesta inmediata: aplausos, teléfonos en alto y un coro que se repitió una y otra vez con el grito de “¡Sí se puede, sí se puede!”. Desde las ventanas, los jugadores saludaron a la multitud.

Desde las 16:00, los alrededores del estadio comenzaron a cambiar. Entre Newark, East Newark y Harrison se observó el despliegue policial para ordenar el tránsito y el flujo de peatones, mientras con el avance de la tarde también aparecieron vendedores ambulantes. Camisetas amarillas, banderas ecuatorianas, cornetas y bufandas ocuparon esquinas, aceras y estacionamientos. Aunque la temperatura rondaba los 52 grados Fahrenheit, el entusiasmo no disminuyó.

A pocos metros del recinto, un parqueadero se convirtió en una extensión improvisada de Ecuador. Con música de tecnocumbia y bachata desde parlantes portátiles, el olor a hornado, fritada y carne asada se mezcló con el humo de las parrillas. Los vendedores ofrecían platos típicos y bebidas; un plato de hornado costaba USD 24 y un coco USD 10.

Algunos aficionados incluso no tenían previsto ingresar al estadio. José, ecuatoriano residente en New Jersey, llegó con amigos para compartir un asado en el estacionamiento, llevando parrilla, carbón, carnes, ensaladas y bebidas. Comentó que cada partido de la selección es una oportunidad para reencontrarse con migrantes y aseguró: “Aquí uno vuelve a sentirse en Ecuador. Hay música, comida y gente de todas partes”.

Entre la multitud también destacó Tito, quien emigró hace más de quince años a Estados Unidos. Durante semanas trabajó en un disfraz de cóndor para apoyar a la selección e invirtió más de USD 500 entre materiales y accesorios. Su intención era ingresar completamente caracterizado, pero los controles de seguridad le impidieron entrar con la cabeza del traje. “Terminaré animando al equipo con el cuerpo del disfraz y el resto del atuendo bajo el brazo”, señaló.

Dentro del estadio, el color predominante fue inequívoco. Las camisetas amarillas ocuparon gran parte de las gradas y fue difícil encontrar grupos identificados con Arabia Saudita. Las banderas ecuatorianas aparecieron en prácticamente todos los sectores, y en varios momentos la escena recordó a un partido en Quito o Guayaquil. Antes del encuentro, por los altoparlantes sonaron cumbias, salsa y merengue, con aficionados bailando en los pasillos, improvisando ruedas de conversación y convirtiendo los minutos previos en una celebración colectiva.

Cuando los equipos saltaron al campo, los aplausos se extendieron por diferentes sectores y los cánticos bajaron desde las gradas en oleadas sucesivas. El respaldo fue constante, y al sonar el himno ecuatoriano, miles de voces se unieron.

La banda de la jornada tuvo nombre propio: ‘La 593'. Se trata de una barra formada por ecuatorianos de distintos puntos de Estados Unidos que logró ingresar bombos, trompetas y otros instrumentos. El golpe constante de los tambores marcó el ritmo de los cánticos y se convirtió en la banda sonora del día, con respuestas inmediatas desde las tribunas ante cada jugada de Ecuador.

La celebración alcanzó su punto más alto durante el primer tiempo, cuando Jackson Porozo abrió el marcador para Ecuador. El tanto desató una explosión de aplausos y banderas agitándose en distintos sectores, mientras trompetas y bombos dominaron el ambiente durante varios minutos.

En el segundo tiempo, Anthony Valencia amplió la ventaja para la selección ecuatoriana. La reacción fue similar: abrazos, grabaciones con teléfonos y cánticos que se escucharon desde varios puntos del estadio.

Al finalizar el partido, la selección se marchó con un marcador de 2 a 1 a su favor. Miles de aficionados empezaron a salir del recinto con banderas, camisetas amarillas y recuerdos, mientras organizaban sus planes para el Mundial de 2026. Algunos, como César Loja, emprendieron viajes de varias horas de regreso a Connecticut, Pensilvania o New York.

Durante cerca de dos horas, Harrison dejó de parecer una ciudad de New Jersey para convertirse en un punto de encuentro de la diáspora ecuatoriana, con una fiesta tricolor que acompañó el amistoso ante Arabia Saudita.

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