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Ecuador hizo historia ante Alemania y la afición ecuatoriana en Nueva Jersey vivió la victoria desde el MetLife Stadium y sus alrededores
Hinchas ecuatorianos llegaron a EAST RUTHERFORD, NUEVA JERSEY con la esperanza de conseguir entradas de último minuto o, en su defecto, seguir el partido en pantallas, restaurantes y en el entorno del MetLife Stadium. La victoria 2-1 sobre Alemania desató una celebración que se extendió por el centro comercial American Dream y las calles cercanas.
EAST RUTHERFORD, NUEVA JERSEY. Ecuador llegó al MetLife Stadium con un respaldo notable de su afición y terminó celebrando una victoria histórica: venció a Alemania 2-1 este jueves 25 de junio de 2026 y avanzó a los 16avos de final del Mundial.
Desde temprano, las afueras del estadio mostraron un ambiente de expectativa más que de euforia. Muchos ecuatorianos no tenían aún asegurado el acceso al recinto y revisaban opciones de reventa y grupos en redes sociales, buscando entradas que pudieran bajar de los USD 1.300. Otros, mientras recorrían estacionamientos y accesos, asumían que quizá tendrían que mirar el encuentro desde pantallas cercanas.
En la zona aparecía el amarillo desde la mañana: familias con banderas sobre los hombros, grupos de amigos con camisetas de la selección, niños con la cara pintada y vendedores ofreciendo camisetas, gorras y banderas entre los carros estacionados. Para quienes llegaban desde distintos puntos, el duelo contra Alemania se sentía como una oportunidad decisiva, pese al contexto previo del equipo: Ecuador había perdido 1-0 ante Costa de Marfil y empatado 0-0 con Curazao, sin haber marcado un solo gol en el Mundial.
César Almeida, quien viajó desde Guayaquil hace cuatro días, fue uno de los hinchas que esperó este momento con intensidad. Estuvo en American Dream con su primo Carlos, que vive en Nueva Jersey, pendiente del teléfono mientras observaban el movimiento de la hinchada. En ese tiempo, revisaron si las entradas bajaban un poco más para intentar ingresar al estadio; aun así, César valoraba el hecho de estar cerca: “El fútbol es una de las pocas cosas que todavía mantiene con fe a los ecuatorianos en medio de tantas preocupaciones”. También sostuvo que, más allá del marcador, la prioridad era apoyar a la selección y vivir la fiesta.
Quienes no lograron conseguir boleto se quedaron en el centro comercial. Entre tiendas, restaurantes y visitantes que no siempre entendían el origen del ruido, los ecuatorianos montaron otra tribuna: cada celular se convertía en una ventana al estadio y cada alerta podía significar una entrada de último minuto o la confirmación de que el partido se vería desde afuera.
En el caso de César y su primo, la espera tuvo recompensa. Tras pasar buena parte de la tarde revisando aplicaciones y grupos de reventa y seguir el primer tiempo en una pantalla gigante, consiguieron entradas por USD 570 cada uno en el entretiempo, justo a tiempo para la segunda parte.
La celebración conectó con lo ocurrido un día antes en Times Square, donde decenas de ecuatorianos participaron en un banderazo que comenzó a formarse desde horas antes. María José Aguirre, desde Nueva Jersey, llegó a las 17:00 con varios amigos, aunque la convocatoria era para las 19:00; para ella, fue un momento especialmente emocional, marcado por nostalgia, orgullo y ansiedad mientras se observaban pantallas gigantes en Nueva York. Julio Aguirre, por su parte, viajó desde Ecuador con su hijo y amigos, con la idea de acompañar a la selección en un Mundial.
En Newark, un vendedor de camisetas y banderas señaló que antes del partido ya había vendido cerca del 40% de sus productos. Aunque la ilusión convivía con el golpe de la previa, las camisetas siguieron saliendo, las banderas continuaron moviéndose y los hinchas mantuvieron la búsqueda de un distintivo antes de acercarse al MetLife o reunirse en otros puntos para seguir el encuentro.
Lejos del estadio, el partido también se vivió desde restaurantes ecuatorianos de Nueva York y Nueva Jersey, donde las mesas estuvieron ocupadas desde el mediodía. La previa se compartía con platos típicos, camisetas amarillas y conversaciones sobre lo que Ecuador necesitaba ante Alemania. Lucho Alcívar eligió ver el partido acompañado de otros ecuatorianos, destacando la posibilidad de gritar con compatriotas y sentirse menos lejos del país.
Eli y Fernanda optaron por otro ritual: pidieron el día libre para ver el juego desde sus casas, organizando comida, avisando en el trabajo y reservando la tarde para noventa minutos que podían cambiar el ánimo de la comunidad. También hubo casos distintos, como el de Julián, ecuatoriano que tenía entrada pero regresó el día anterior a Cuenca por decepción tras dos partidos sin goles.
Cuando Ecuador abrió el marcador, el tono cambió. En el patio de comidas del Mall American Dream, el primer grito se vivió como un alivio acumulado: no era solo un gol ante Alemania, sino el que faltó frente a Costa de Marfil y Curazao, y la confirmación de que el equipo aún tenía opciones reales.
El segundo tanto terminó de definir la tarde. Ecuador, que llegaba obligado a ganar y dependiendo de otros resultados, se puso por delante ante una Alemania que venía de goleadas y victorias previas: había goleado 7-1 a Curazao y vencido 2-1 a Costa de Marfil.
En los alrededores del MetLife, los hinchas que no ingresaron siguieron el partido como pudieron: desde pantallas, teléfonos, redes sociales y mensajes de familiares dentro del estadio. La tensión creció con cada actualización y se transformó en festejo al confirmarse el resultado final.
El pitazo final selló la victoria 2-1 y desató una fiesta que se extendió más allá del estadio. En American Dream, en estacionamientos y calles cercanas, se multiplicaron los abrazos, las banderas y los cantos. Muchos celebraron incluso desde afuera, algunos con la camiseta puesta tras salir de restaurantes y otros llamando a familiares en Ecuador o grabando videos para compartir la escena.
Al concluir la jornada, la imagen quedó marcada: ecuatorianos que comenzaron la tarde revisando el celular para ver si una entrada bajaba de precio terminaron abrazándose por una victoria ante Alemania. En el estadio, en el centro comercial, en Newark, en Queens y en los hogares y restaurantes, Ecuador volvió a marcar y, por unas horas, el marcador sostuvo la esperanza rumbo a los 16avos de final del Mundial.
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