
Imagen gracias a: El País (América)
Bélgica cae ante España en cuartos y se despide con orgullo del Mundial
Los Diablos Rojos, que soñaron con repetir la victoria de 1986 ante España, terminaron perdiendo 2-1 en cuartos de final. Aun así, el equipo y su afición se quedaron con la sensación de haber competido bien y de cerrar el torneo con la frente en alto.
Las aspiraciones de Bélgica de prolongar una racha de victorias pese a las dificultades acumuladas durante el Mundial se apagaron el viernes con la derrota ante España (2-1) en los cuartos de final. El duelo volvió a colocar a los Diablos Rojos ante un escenario que recordaba al de hace 40 años en México, cuando el equipo logró imponerse a La Roja en una eliminatoria decisiva. Sin embargo, esta vez Bélgica no pudo volver a celebrar el triunfo de antaño.
La afición comenzó el partido con entusiasmo, con gritos de ánimo que acompañaron a miles de seguidores reunidos en una plaza del barrio bruselense de Stockel, convertida en la principal fanzone del Mundial en Bruselas. Tras el primer gol de su selección, la celebración se transformó en silencio cuando el resultado se definió en contra, aunque el equipo pudo despedirse con una lectura positiva del recorrido: “Pese a todo, hemos jugado bien”, se consolaba un seguidor belga.
La prensa belga reflejó el sentir general. Le Soir resumió la sensación nacional con la idea de que “Unos Diablos Rojos heroicos ceden ante un gol de Merino en los últimos minutos”, mientras La Libre coincidió en que Bélgica no lo hizo mal, pero cayó derrotada.
Hubert, con gorra y banderas belgas, también sostuvo ese punto de vista. A pesar de la derrota, envió felicitaciones a España y afirmó que fue un buen partido. En su relato, por momentos volvió el recuerdo del sueño de 1986, cuando él era estudiante y celebró la victoria belga ante España en cuartos de final. Aunque reconoció que la eliminación dolía, insistió en estar satisfecho: “Bélgica ya ha hecho lo que debía, sobre todo tras ganar a Estados Unidos”.
La ilusión y la tensión fueron creciendo para Bélgica conforme la selección superó obstáculos durante el torneo, a veces con más complicaciones de las previstas. En España, el entusiasmo también se notaba en las calles antes del duelo del viernes. Bélgica, con un importante número de ciudadanos extranjeros, mezcló banderas y camisetas de distintas selecciones en el ambiente del Mundial. El jueves, además, el país vibró con el partido entre Francia y Marruecos, origen de una parte relevante de la inmigración belga.
De acuerdo con cifras consulares, en Bélgica viven 88.129 españoles, muchos de ellos en Bruselas, sede de instituciones europeas y destino de trabajo internacional. En esos días, oficinas de la Comisión y otros organismos mostraban banderas y logos de selecciones nacionales, mientras las conversaciones y apuestas alrededor del encuentro también estaban presentes. El propio entrenador de los Diablos Rojos, Rudi García, tiene raíces en España, aunque nació y creció en Francia, lo que sumó capas de emoción compartida entre nacionalidades.
La familia Vázquez Figueroa, con padre “español”, madre “española pero belga” e hija “hoy española”, acudió al partido lista para cualquier desenlace: camiseta de los Diablos Rojos y bandera española a mano. El padre afirmó que ambos equipos habían sido buenos y que habían llegado hasta allí, pero admitió que le haría más ilusión que ganara España. Su mujer respondió que ella prefería Bélgica. En cualquier caso, coincidieron en que el objetivo era pasar un buen rato, independientemente del marcador.
También Martín, un veinteañero español con camiseta acorde, y su novia Raisa, cubierta con una bandera belga, compartieron la misma idea de celebración. Martín reconoció que prefería que ganara España, mientras Raisa dijo que estaría algo triste si perdía Bélgica. Con 20 años, ninguno había vivido el único enfrentamiento en cuartos de final entre España y Bélgica de hace cuatro décadas. Para ambos, el tono era festivo: “Mira, que gane el mejor”, se despidió Martín.
En una Bruselas marcada por la diversidad, esa mezcla de símbolos no resultó extraña. Stefano, “medio español medio italiano”, aseguró sentirse belga y también defendió que ganara “el mejor”, un deseo que finalmente muchos belgas aceptaron, aunque fuese a regañadientes, que se cumplió.
La Federación Belga de Fútbol (RBFA) había presentado el duelo como “una cita con la historia”. El organismo recordó que ambos conjuntos se conocen bien: se habían enfrentado 23 veces hasta el viernes, con un balance favorable para España, con 12 derrotas para Bélgica frente a seis victorias y cinco empates. Esa estadística se ampliaría con el resultado del partido.
La referencia histórica más clara para Bélgica llegaba con el Mundial de Fútbol de 1986 en México. En aquella ocasión, también en cuartos de final, Bélgica obtuvo su última victoria ante España, imponiéndose 5-4 en un encuentro que se definió en la tanda de penaltis. Esa memoria fue un motor emocional para los Diablos Rojos en el duelo de esta semana.
El país no escatimó gestos. El rey Felipe de Bélgica viajó hasta Los Angeles, donde el jueves cenó con la selección nacional en su hotel y además se prestó a posar para selfis con el equipo. Según la agencia de noticias Belga, el monarca contó una anécdota sobre el partido del lunes contra Estados Unidos: “Hace unos días, mi hija y yo te vimos a las 2 de la madrugada”. Después añadió: “Fue magnífico. Solo tengo un mensaje: tenéis que ganar. Y estoy seguro de que lo haréis. Pero dependerá de vosotros”.
En paralelo, Brussels Airlines modificó su Tridente, el avión decorado con colores y símbolos de la selección belga de fútbol, para dedicarlo exclusivamente a vuelos hacia España durante toda la semana.
Bélgica llegó al duelo con el impulso que dejó su goleada sobre Estados Unidos (4-1) el mismo lunes. Ese partido estuvo rodeado por una presión mundial que trascendió lo deportivo y alcanzó incluso el terreno político. El presidente Donald Trump intervino para que el delantero estrella Folarin Balogun pudiera disputar el encuentro pese a la tarjeta roja que pesaba sobre él. También se sumó otra gesta del equipo, que comenzó con dificultades pero se reafirmó con una remontada dramática ante Senegal: tras ir perdiendo 2-0, Bélgica remontó en los últimos cinco minutos de octavos de final y avanzó con un 3-2 final.
Con todo, la RBFA mantuvo el mensaje de no bajar la guardia ante La Roja. En su análisis sobre el reto crucial de los Diablos Rojos, advirtió que el rival “ha mostrado un rendimiento casi perfecto desde el inicio de la competición (…) en una trayectoria impresionante, con una solidez defensiva notable y una eficacia ofensiva formidable”.
Finalmente, el marcador del viernes dejó a Bélgica fuera de la competición en cuartos de final, pero el equipo y su afición cerraron el Mundial convencidos de que, pese a la eliminación, la participación fue digna y el juego ofrecido fue el camino correcto.
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