Uzbekistán celebra el oro en la Olimpiada de Ajedrez de Samarcanda con una media de 21 años

Imagen gracias a: El País (América)

Uzbekistán celebra el oro en la Olimpiada de Ajedrez de Samarcanda con una media de 21 años

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Yavojir Sindárov y el equipo uzbeko conquistan el primer puesto en la Olimpiada de Ajedrez de Samarcanda, reafirmando el gran momento del país dos meses antes de que Yavojir Sindárov se mida por el título mundial en Ginebra.

Uzbekistán volvió a escribir una página grande en el ajedrez. En la Olimpiada de Ajedrez disputada en Samarcanda, el combinado uzbeko, con una edad promedio de 21 años, conquistó el oro y desató una celebración colectiva a la salida de la sala del torneo. Los cinco jugadores, todos muy jóvenes, fueron recibidos con gritos y cánticos, mientras su capitán, Rustam Kazimyánov, se encargaba de reencontrarse con el equipo tras el abrazo del primer ministro, Abdulá Arípov.

El triunfo se suma a los logros recientes del país: en 2022 ya había conseguido el oro (la Olimpiada es bienal), en 2024 obtuvo el bronce y también había sumado una plata en 1992. Kazimyánov, campeón del mundo oficial en 2004, destacó el papel del apoyo gubernamental, aunque subrayó que el rendimiento del equipo también responde a la calidad del grupo. Tras las partidas, el capitán y los jugadores se enfrentaron a una situación de tensión contenida: Uzbekistán debía ganar a Ucrania para asegurar el primer puesto sin depender de cocientes de desempate.

El partido decisivo tuvo un protagonista inesperado. Vasyl Ivanchuk, de 57 años, logró poner en aprietos a Yavojir Sindárov, de 20 años, figura uzbeka y retador en noviembre del campeón del mundo, el indio Dommaraju Gukesh. La partida entre Ivanchuk y Sindárov terminó en tablas tras cinco horas de tensión. En las gradas, Abdulá Arípov permaneció entre los espectadores y, al finalizar, se acercó para abrazar a Sindárov. Antes había hecho lo mismo con Nodirbek Yakúbboev, también con tablas, y con Mujidin Madamínov, que sumó victoria en el cuarto tablero.

La jornada también estuvo marcada por lo ocurrido en el cruce India-Hungría. India solo pudo empatar 2-2 porque perdió Gukesh, que llegaba invicto en las diez rondas previas y mostraba señales claras de recuperación tras su crisis desde que conquistó el título. Ese traspié redujo la presión sobre el desenlace de la jornada para los uzbekos.

En el primer tablero, Nodirbek Abdusattórov, de 22 años y 5º del mundo (Sindárov era 4º), intentó ganar a Igor Kovalenko. No logró el triunfo, pero el empate final entre Uzbekistán y Ucrania terminó por dejar el oro en casa. El apretón de manos de Abdusattórov con el ucranio, tras ofrecer el empate, fue recibido con una explosión de júbilo que los árbitros no pudieron contener, y el abrazo de Arípov con el jugador fue más que un gesto protocolario.

Con el resultado final, India se llevó la plata y Alemania logró un bronce sorprendente, quedando atrás a EEUU y China, que habían empezado como favoritos para el podio. España finalizó en 10º lugar con Antón, Chigáev, Jaime Santos, Shírov y Yuffa, mejorando su posición respecto a la lista inicial: era 13 de 206. Además, Daníil Yuffa conquistó la medalla de plata individual en los jugadores suplentes, con 7,5 puntos en nueve rondas.

En la Olimpiada Femenina, no hubo grandes sorpresas en el podio: China, Kazajistán e India ocuparon las primeras posiciones, mientras España terminó 19ª (partía como 24ª) con Marta García, Vega, Matnadze, Prado y Calzetta.

Entre las historias destacadas del torneo, la Olimpiada volvió a mostrar la precocidad de los jóvenes talentos. En particular, el turco Yagiz Erdogmus, de 15 años, se ubicó como el 17º del mundo y además se quedó con la plata individual del primer tablero, mientras el oro correspondió a Abdusattórov. El argentino Faustino Oro, de 12 años, continuó su progresión con 15 puntos Elo. También sobresalió el guineano ecuatorial de origen español Xavier Mompel, que batió el récord histórico de puntos en una Olimpiada: 10,5 de once, dejando a su país muy cerca del podio del Grupo E.

La competición también dejó un componente trágico. Cuatro afganos planean regresar a su país pese a que, en todas las fronteras, han recibido una orden del Gobierno para detenerlos en cuanto lleguen. Su delito es jugar al ajedrez, prohibido en Afganistán, y el castigo puede ir desde una multa hasta cortarles las manos. Mientras tanto, más de 3.000 personas regresarán a su país felices tras disfrutar la gran fiesta bienal del ajedrez.

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