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Yavojir Sindárov: del descubrimiento del ajedrez en Tashkent a su salto como retador del Mundial

Imagen gracias a: El País (América)

Yavojir Sindárov: del descubrimiento del ajedrez en Tashkent a su salto como retador del Mundial

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El uzbeko de 20 años, ganador del Torneo de Candidatos en Peyia (Chipre), asegura que su enfoque se apoya en la intuición y en el trabajo con computadoras, y que no ha profundizado en los clásicos de los grandes campeones.

Yavojir (Javokhir en la grafía oficial) Sindárov, uzbeko de 20 años y vencedor del Torneo de Candidatos, sostiene que su vida gira alrededor del ajedrez. Se describe como alguien con aptitudes especiales “para todo tipo de juegos de mesa” y ubica el origen de su pasión en un momento muy temprano: a los cuatro años, descubrió el ajedrez en una guardería de Tashkent (Uzbekistán).

Tras imponerse en Peyia (Chipre) en el Torneo de Candidatos, Sindárov se convierte en el retador del indio Dommaraju Gukesh, de 19, con el duelo por el Mundial previsto no antes de noviembre. Ambos llegan como los finalistas más jóvenes en la historia de un Mundial. En su manera de entender el juego, la estrategia ocupa un lugar secundario frente a la capacidad de cálculo, la cual, según su planteamiento, es la que más desarrollan gracias a las computadoras que los entrenan. También coinciden en que no han estudiado a los clásicos de forma tradicional.

Sindárov recibió a EL PAÍS después de las felicitaciones efusivas de Shávkat Mirziyóyev, presidente de Uzbekistán. En ese país, el ajedrez es uno de los deportes más populares; además, cuando Sindárov se convirtió en el más joven en ganar la Copa del Mundo, el presidente ordenó que le concedieran un apartamento de tres habitaciones, entre otras prebendas.

En cuanto a su rutina, explica que alterna descanso y trabajo entre torneos. “Me levanto a la una o dos de la tarde, dedico tiempo a mi familia durante el día y a mis amigos desde el anochecer. Esos días sólo descanso. Pero cuando estoy en los lugares de entrenamiento con mi equipo todo cambia; trabajamos entre ocho o diez horas diarias, incluyendo preparación física y psicológica, y procuramos reservar tres o cuatro para ver películas u otras actividades ajenas al ajedrez”.

Su infancia aparece, en gran parte, ligada a las 64 casillas. Relata que con cuatro años y medio acompañó a un amigo al jardín de infancia, donde se impartían clases de ajedrez. Allí pidió a su abuelo que le enseñara a jugar. Cuenta que, al día siguiente, la maestra del jardín de infancia quedó asombrada al comprobar que no sólo sabía mover cada pieza, sino también colocarlas en la posición inicial. La docente pidió hablar con sus padres para decírselo. Sindárov recuerda que su pasión creció tanto que, mientras otros niños echaban la siesta, él, que decía odiar dormir, jugaba al ajedrez y se sentía “la persona más feliz del mundo”.

El impulso decisivo lo atribuye a su abuelo: “Una semana después de aprender a jugar participé en mi primer torneo, donde me ganaron todos. En la clausura, estaba sentado en la primera fila, triste, viendo cómo se repartían las medallas. Mi abuelo se dio cuenta, me hizo pequeños regalos y me dijo: ‘Este es tu premio’. Seis meses más tarde yo era el mejor jugador de mi familia. Así empezó todo”.

Sobre su inteligencia y la posibilidad de triunfar en otros ámbitos, Sindárov afirma: “Creo que tengo un talento especial para todos los juegos. Y además me empeño siempre a tope en ganar cada partida, al juego que sea. Cuando pierdo, necesito jugar otra de inmediato. Por otro lado, si no fuera ajedrecista quizá hubiera intentado ser diplomático o algo así, porque me gusta mucho hablar con gente muy distinta. Lamento no tener tiempo para seguir de cerca la política internacional porque mi vida de torneo en torneo, con la mente muy concentrada en el ajedrez, apenas me lo permite, pero sí procuro estar al corriente de las noticias internacionales”.

También se define como una persona que evita el conflicto: “Creo que soy amable, no soy aburrido, me gusta disfrutar de la compañía de cualquiera y evito las peleas a toda costa. De hecho, no me gustaban desde niño, a pesar de que en la escuela casi todos los niños tenían peleas constantemente. Recuerdo que yo tuve sólo una, la gané, y nunca más. Es mucho mejor llevarse bien con la gente”. Además, le gusta jugar al pádel y ver fútbol y tenis.

Sindárov, al igual que Gukesh, no ha estudiado de manera específica a los grandes campeones del pasado. Un ejemplo es que no ha leído la serie de libros Mis Geniales Predecesores, donde Gari Kaspárov analiza minuciosamente las mejores partidas de los grandes campeones desde el siglo XIX. Esa lectura se consideraba como la Biblia del ajedrez, al menos que fuera obligatoria, incluso para el noruego Magnus Carlsen, actual número uno indiscutible a los 35 años. Sin embargo, Sindárov señala que en su caso es distinto: “Es muy raro que lea libros. Mi entrenador insiste en ello, pero prefiero que él me enseñe cosas en el tablero. Por ejemplo, nunca he buscado por mi cuenta partidas de grandes campeones del pasado, como [el cubano] Capablanca (campeón hace cien años[ o [el soviético] Botvínik [a mediados del siglo XX], aunque sí he visto algunas cuando me las enseña mi entrenador”.

Con ese marco, sostiene que la estrategia profunda y el pensamiento a medio o largo plazo han pasado a un segundo plano por el modo en que las computadoras les enseñan a jugar. Y lo resume así: “Estoy de acuerdo en que el ajedrez ha cambiado mucho. No quiero explicar en detalle mi proceso de pensamiento en una partida, por razones obvias. Pero puedo resumirlo así: estoy siempre calculando, y cuando debo tomar una decisión sin tiempo para calcular todo lo que me gustaría, me fío de mi intuición. El cálculo muy concreto es el elemento básico del ajedrez actual”.

A partir de ahí, plantea que la diferencia entre una estrella y un buen jugador no está únicamente en el cálculo. Explica que hoy cualquiera puede ser muy bueno en las aperturas por el entrenamiento con computadoras potentes. Añade que antes, con Kaspárov destacándose por disponer de un equipo de entrenadores muy bueno, la situación era distinta. En su visión, las claves pasan por otras capacidades: cálculo, rapidez de reflejos, gestión del tiempo y técnica, además de planificar qué tipo de posiciones le interesan contra cada rival concreto o contra quienes impliquen más riesgos en busca de la victoria.

Sindárov llega al Mundial tras un avance meteórico. Hace un par de años era una de las jóvenes estrellas; ahora acaba de ganar el Candidatos con la puntuación más alta de la historia reciente de ese torneo: diez puntos de catorce posibles, invicto. Sobre el cambio, responde: “He mejorado en todo: aperturas, medio juego, finales, cálculo, preparación física y también psicológica. Y, por supuesto, la enorme ayuda que me da el Gobierno es muy importante. Ahora bien, por mucho que te ayuden, y aunque tengas un gran talento, lo más importante es trabajar muy duro. Y eso es lo que yo hago casi todos los días”.

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