Anton Stolyar se incorpora al equipo técnico de la gimnasia artística femenina española con el objetivo de Los Ángeles 28

Imagen gracias a: El País (América)

Anton Stolyar se incorpora al equipo técnico de la gimnasia artística femenina española con el objetivo de Los Ángeles 28

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La federación de Jesús Carballo ha contratado al entrenador ruso Anton Stolyar, ex técnico de Mustafina y Mélnikova, para liderar junto a Lieke Wevers el equipo técnico de la artística femenina.

Junto al atletismo y la natación, la gimnasia artística femenina ocupa un lugar destacado en el imaginario olímpico. Para España, sin embargo, el camino reciente ha estado marcado por dificultades: después de la docena gloriosa y de las clasificaciones del equipo en los Juegos entre Barcelona 92 y Atenas 2004, con el cuarto puesto de Sídney 2000 como punto culminante, llegaron los años duros. En Tokio 2021, el equipo logró una sola calificación por equipos y terminó en el 12º lugar, dejando un vacío que la federación busca llenar con un cambio de rumbo.

En ese contexto, la secretaria técnica de la federación española, Diana Plaza, presentó a Anton Stolyar como el nombre clave para “darle vida, sangre, al sistema”. El técnico ruso, uno de los más reconocidos del mundo, asumirá la dirección del equipo junto a su novia, Lieke Wevers, de 33 años, exgimnasta holandesa de gran nivel. El fichaje se plantea como “una apuesta decidida por la artística española”.

Antes de Stolyar, la federación presidida por Jesús Carballo había realizado una oferta a los franceses Marc y Gina Cirilcenco. Ellos, desde su club Avoine Beaumont, llevaron al oro olímpico en paralelas a la argelina Kaylia Nemour en París 24 y entrenan actualmente a Elena Colas, de 16 años. El matrimonio llegó a valorar la propuesta, pero no prosperó al recibir una oferta de Qatar, más atractiva en términos económicos.

Stolyar y Wevers anunciaron en diciembre que estaban abiertos a ofertas en clubes de alto nivel o en equipos nacionales. La llamada española llegó después, y el acuerdo se cerró con rapidez. No obstante, los trámites burocráticos y el papeleo exigido para una persona de fuera de la Unión Europea retrasaron la incorporación al puesto. En su plan de trabajo, el entrenador subraya la necesidad de establecer un sistema claro para que todos sepan qué deben hacer, incluyendo a las júnior, es decir, entre 13 y 16 años. También insiste en que las gimnastas, entrenen en Barcelona o en otros lugares, deben llegar con el estilo que busca el cuerpo técnico, para después pasar a la categoría senior ya preparadas.

La llegada de un técnico extranjero supone, además, una transformación en una especialidad que durante décadas estuvo marcada por el apellido Carballo. Ese vínculo se mantuvo durante 40 años, desde que Jesús Carballo (padre) se hizo cargo del equipo para los Juegos de Moscú 80. La continuidad llegó hasta 2013, cuando el presidente de la federación, su hijo, también Jesús, lo despidió tras la denuncia de Gloria Viseras, gimnasta olímpica en Moscú, por abusos sexuales. Con Stolyar, el proceso se plantea como un inicio de una etapa creativa distinta.

“De la gimnasia española no puedo decir mucho, pero el primer objetivo es volver a Los Ángeles 28 con un equipo, pero paso a paso: la gimnasia es un deporte a largo plazo los resultados no llegan al día siguiente, ni al cabo de un mes, ni al cabo de un año”, explicó Stolyar, de 45 años, durante una entrevista en las oficinas de la federación en Madrid. El técnico detalló que, al asumir un equipo, se fija primero un objetivo y luego se desarrolla un proceso de trabajo prolongado. Según su planteamiento, es necesario crear un buen ambiente y formar un buen equipo, además de encontrar a las mejores gimnastas para completar la plantilla, y solo entonces empezar a modificar el sistema. En ese recorrido, indicó que los resultados, si todo marcha bien, pueden apreciarse al cabo de un año o año y medio.

Stolyar es especialista en paralelas y ha trabajado con el equipo ruso de Río 16, el del debut de Angelina Mélnikova, además de la trayectoria de Aliya Mustafina. Su carrera se describe como la de un entrenador itinerante con una mirada particular, y el propio técnico recordó que con Mustafina realizó un trabajo especial: ganaron Europeos y Mundiales y lograron el oro en las barras paralelas en Río. Tras finalizar un contrato, en 2017 se trasladó a Italia, donde trabajó en tres ciudades: Lissone, Salerno y Riccione.

Nacido en Vladimir, al este de Moscú, Stolyar explicó que siempre entrenó con mujeres, lo que, a su juicio, hace que su experiencia sea especial. “Digamos que los 25 años que llevo entrenando son más de la mitad de mi vida”, señaló.

Su enfoque, presentado como una defensa de la escuela clásica, comienza con la limpieza técnica y la base como fundamento. A partir de ahí, plantea un equilibrio entre fuerza física, potencia para ejecutar movimientos difíciles y un sentido artístico en los elementos. “Tienes que ser elegante, pero también hacer elementos difíciles para tener la posibilidad de conseguir un buen puesto. Este es nuestro trabajo de alto nivel, cuando puedes hacer todo a la vez. Y solo así se puede crear verdaderas gimnastas de altísimo nivel”, afirmó.

El entrenador también se refirió a su manera de valorar a las gimnastas desde su experiencia. “Tengo… no es talento… tengo un ojo que es un poco diferente”, dijo. Explicó que con un solo entrenamiento y un ejercicio ya puede formarse una opinión sobre el futuro de la gimnasta, y que esa lectura proviene de años de trabajo: ver a muchas gimnastas, distintos tipos, diferentes talentos y muchas formas de ejecutar.

En el trabajo habitual, los entrenadores de gimnasia femenina suelen actuar en pareja. Stolyar situó su dinámica dentro de esa lógica, comparándola con ejemplos como los Károlyi de Comaneci, los Landi con Simone Biles y los Cirilcenco, además de su propio binomio con Lieke. “Cuando hay un hombre y una mujer siempre es mejor porque las mujeres, por su carácter, son mucho más difíciles de entrenar. A veces le va mucho mejor con un entrenador hombre; a veces, con una entrenadora”, señaló. Para él, el rol del entrenador no se limita a dirigir: debe cumplir funciones de psicólogo y de doctor, y también actuar como apoyo personal. En su visión del trabajo conjunto, describió que cuando hay una pareja fuerte es más sencillo avanzar porque el entrenador suele encargarse del trabajo más duro, la asistencia y la acrobacia, mientras que la entrenadora atiende en mayor medida la coreografía, los giros y los saltos artísticos. Concluyó que, por la naturaleza de la mujer, ese reparto resulta más fácil de gestionar.

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